miércoles, 10 de enero de 2018

LA BIBLIOTECA LAURENCIANA (2) LA SALA DE LECTURA


Hace tiempo analizamos la famosa escalera y su rizzetto. Hoy le toca el turno a la gran sala de lectura.
Esta biblioteca será encargada por el papa medicis Clemente VII y nacería con un pie forzado, el suspenderla sobre las estancias monásticas del claustro que Miguel Ángel tuvo que reforzar.

Aún así, los muros de la sala de lectura resultaron sumamente frágiles por su escaso grosor, necesitando de una estructura de pilastras (ahora sí, verdaderamente sustentantes) que realizaban la labor tectónica, dejando abrir los grandes vanos (muy bajos para conseguir una mejor lectura en los escaños) en la pared.
Estas pilastras se corresponden con las vigas maestras de la techumbre de madera, realizando por primera vez en su carrera una demostración de los elementos sustentantes y sus presiones (tema que volverá a resurgir en el Campidoglio o en la Cúpula de San Pedro), incluyendo, aunque sea visualmente, los escaños como sistema estructural (Ackerman).

La propia función de la Biblioteca exigía un esfuerzo de contención (el que no existe en el vestíbulo) y sólo existe un pequeño acento manierista en los encuadramientos superiores de las ventanas que dramatizan el espacio con sus contrastes de color.

Aún con eso, la arquitectura está llena de gravedad y silencio, muy lejana de la primera que hiera Michelozzo para la misma ciudad




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