martes, 3 de noviembre de 2026

Vermeer de Delf. Vista de Delf

 El cuadro más bello, diría Proust.

Un cuadro extraño, uno de los de mayores dimensiones que pintara el pintor, uno de sus escasísimos paisajes (frente a sus escenas de interior)

Para él utilizó un telescopio invertido que creaba un frente más lejano y un primer plano más amplio.

Por lo demás, utilizó las proporciones típicas del paisaje holandés. Casi dos tercios para el cielo que aquí se amplían con los reflejos de su luz vacilante en el canal.

Con ellos convierte a la luz en el protagonista total de la obra (incluso en sus juegos de luz directa y luz filtrada entre las nubes que se multiplican en casas y torres).

Una luz que maravillaría a los impresionistas. Pues era la misma luz que buscaban ellos, efímera, cambiante, una luz que construía y destruía sin cesar, una luz fenomenológica, óptica, que hiciera del tiempo algo extremadamente complejo y de la eternidad un puro deseo frente a lo cambiante, contingente.


Una caja traslúcida de algodones apilados, como muy pronto veremos.


La vista de Delf (Ana Molinero)


FOTOGALERÍA ENLAZADA DE VERMEER

lunes, 2 de noviembre de 2026

Tumba I o Tumba de Perséfone. Túmulo de Vergina



Esta magnífica pintura representa el rapto de Perséfone por Hades. Este sujeta las riendas de una cuadriga de caballos blancos al mismo tiempo que sujeta a Perséfone. También en la escena están representados Hermes, delante del carro, y una compañera de Perséfone, que contempla el rapto detrás del carro.

Son unas pinturas de gran fuerza y calidad y los eruditos creen que se deben a un gran maestro que conocía la perspectiva y que tenía mucha facilidad para el dibujo y para el color (muy intenso para nuestros ojos modernos), tal vez Nicómaco.

Es asombrosa la capacidad para captar el movimiento y la tensión del rapto.

Las pinturas pertenecen a una tumba del gran Túmulo de Vergine, del siglo IV a. C. (período helenístico)