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sábado, 15 de marzo de 2025

Solsona. Juventudes

No había panteísmo ni armonía mayores que los de esas mañanas en que uno despertaba en casa ajena, inusitadamente, teniendo además todo el día por delante para echarlo a perder, porque en ese día, que solía ser domingo, no habría nada equiparable al lance carnal de la noche pasada, y uno podía vivirse con indolencia, después de aquello, como si se hubiera puesto la vida a cero, su marcador de sueños pendientes, de pequeñas felicidades por colmar, y uno por una vez pudiera volver a casa sin pensar en lo que haría mañana, o pasado mañana, o en todos esos miércoles mortales.

Alberto Olmos. Alabanza


Solsona

sábado, 4 de noviembre de 2023

ÁNIMA MUNDI ¿MULTICULTURALIDAD?

En mi calle hay una tienda de chinos que vende entre otros menesteres cervezas que todas las noches sin faltar ninguna  beben junto a ella dos senegaleses, seis o siete sudamericanos y tres nacionales, uno de ellos hipster, mientras ponen música a todo volumen y hablan a gritos para escucharse por encima de ella  hasta bien entrada la madrugada, y si alguien les dice que se callen de una puta vez que queremos dormir para mañana irnos a trabajar, ellos les insultan y les llaman racistas de mierda, incluso si son los magrebíes del segundo o unos cubanos que viven en el bajo y tienen un niño pequeño que con toda la bronca suele ponerse a llorar.
¿Eso podría considerarse un ejemplo supremo de multiculturalidad o simplemente habría que incluirlo en una falta más de educación y sentido de la convivencia?
Doctores tiene la iglesia para contestar a estas preguntas



sábado, 21 de enero de 2023

CUIDADO

- Cuidado con Neruda, que es un genio machista, un poeta del heteropatriarcado blanco, igual que Picasso, un pollavieja revenido.

-¿Por qué dices todo eso, Solsona?

- Para que le insulten otres, lo hago yo, Laura.

- Pareces R.

- A las barricadas. Todo un cambio cultural que desprecia el mundo pasado porque no se adapta a su ideología está sucediendo. Desde el 68 no pasaba algo así

sábado, 30 de mayo de 2020

domingo, 3 de mayo de 2020

Solsona, el malo. Efectos bipolares de la pandemia

A menudo me enciendo y, sin poder evitarlo, tomo el ridículo mando de policía de balcón e inquisidor general y bramo a los imbéciles que, saltándose todo confinamiento posible, beben sin parar cervezas en un nutrido y denso grupo junto a las puertas de la tienda del chino. 

Mientras grito no puedo dejar de recordar a Luis y una de sus más características frases que debía de haberse convertido en el lema del gobierno frente al coronavirus. 
-Nos vamos a extinguir pero no por un virus o la contaminación, sino simplemente porque no cabe un gilipollas más 
Por lo menos delante del chino no. 
Como tampoco por las calles estrechas en donde ceder el paso es una serie de ciencia ficción sin apenas audiencia y todas estas gilipolleces que te encogen el alma como las mascarillas por debajo de la nariz o los perros y niños fatigados de tantos paseos y... 

Pero entonces te paras.
Lo haces e... intentas la empatía. 
Ya son muchos días confinados, piensas, y la gente necesita un respiro, una pequeña esperanza para seguir adelante que no es justo... 

Más de cien conductores multados por intentar salir por las principal carretera que conduce a las playas de Huelva, escuchas en la radio y toda tu empatía se esfuma y te gustaría ser R., tan bestia como él, pues parece incomprensible que la gente no se entere de que cada día mueren más de trescientas personas que se contagian por todas estupideces cotidianas de no saber respetar la distancia en la cola del supermercado y salir, lo veo desde mi terraza, por la mañana a comprar un paquete de tabaco, antes de las 12 a por el pan, por la tarde a comprarse una cervecita donde el chino, y luego, un poco más tarde, al Mercadona a por un paquete de magdalenas y, un poco antes que cierren, al Día para proveerse de una coca cola grande. 
Todo dando una vuelta entera al barrio para ir parándose con los otros conciencidadísimos ciudadanos que hacen lo mismo y convierten las calles en un carrusel de encuentros fortuitos en donde el virus se alegra de haber conocido a tantos gilipollas juntos.

Eso me pasa (aunque tal vez fuera mejor que me dejara guiar más por el humor poético de Laura)

sábado, 28 de marzo de 2020

Reflexión sobre la pandemia. Cambio climático

La epidemia de coronavirus está luchando mil veces que más que las decenas de reuniones que vendemos a bombo y platillo sobre el cambio climático y el calentamiento global


sábado, 29 de febrero de 2020

Solsona. Unas preguntas que no terminan gustando a nadie

Desde hace años me pregunto sobre un problema para el que no tengo solución.

¿Por qué la izquierda, que se apellida feminista dentro de España mira hacia otro lado, se excusa y entretiene cuando se trata de hablar de mujer e islam? ¿Es acaso un no querer molestar a una religión (cuando eso no le preocupa con la católica) o una pura excrecencia de las teorías de la multiculturalidad (que cada día prueban más su inutilidad) o una simple cuestión de financiación de algunos de sus líderes?
Pero aún más.
¿Por que la derecha más radical, aquella que niega el pan y la sal a cuestiones tan básicas como la violencia de género, no deja de denunciar la situación de la mujer en el Islam, con constantes vídeos sobre lapidaciones y otros tipos de mil violencias feminicidas?
¿Es que acaso esas mujeres si les interesan más que las compatriotas a las que se suelen llamar feminazis cuando quieren que se cumplan los derechos?
¿O es que sólo es una simple excusa para fomentar la islamofobia y, con ella, criminalizar un tipo de emigración contraria al catolicismo rancio que ellos defienden, el mismo que siempre ha minusvalorado a la mujer?

Creo que cada vez me parezco más a R.




sábado, 25 de enero de 2020

SOLSONA, EL MALO. Cuántica, astronomía y jazz

Hola, Solsona ¿Podrías publicar lo subrayado en la página 248 en los post que le estáis dedicando a Luis? A él le habría encantado
Por cierto, creo que a ti también (por todo lo que te conozco) te va a encantar el libro : El jazz de la física. Stephon Alexander: cuántica, astronomía y jazz.

Este fue el mensaje que recibí en mi face acompañado por una foto.
Venía firmado por Sabrina.
















Solsona






sábado, 18 de enero de 2020

sOLSONA. SOBRE NUESTRAS CUÁNTICAS CONFEDERACIONES DE ALMAS.


Imagen de la serie INGRÁVIDOS

¿A quién se le ocurrió decir que éramos seres únicos?; debía ser un Newton de la personalidad, un puro mastuerzo.
¿O es que nunca había leído el Sostiene Pereira de Tabucchi?
El italoportugués lo dijo todo en muy pocas palabras:

El doctor Ribot y el doctor Janet ven la personalidad como una confederación de almas, porque nosotros tenemos varias almas dentro de nosotros,
 ¿comprende?

El único problema es que toda aquella teoría era puramente decimonónica y, por eso:

una confederación que se pone bajo el control de un yo hegemónico (...) que se ha impuesto en la confederación de almas; en el caso de que surja otro yo, más fuerte y potente, este yo destroza al yo hegemónico, sea por un ataque directo, sea por una paciente erosión.

Bajo este corolario aún se mantenían las estructuras mentales del Estado Nación y la física newtoniana que no podía imaginar que el mundo era realmente líquido (o cuántico, o posmoderno, cójase el adjetivo que se prefiera, pues en realidad lo mismo es) y no tenía estructuras piramidales (esto es, simplemente , un platonismo más de los tantos que nos atenazan) sino un totum revolutum en constante movimiento en donde los yo hegemónicos (y los estados que votan de pronto al Brexit o a Trump; de las partículas subatómicas y sus erráticas decisiones) mandan si apenas un instante, o se alían, o combaten sin tregua en un Juego de Tronos infinito que se produce sin pausa en nuestro interior.

Hizo falta que apareciera Pessoa (si es que este es su verdadero nombre) y sus heterónimos para al fin hacernos comprender esta confusión interna en la que nos movemos, explicándonos que se puede ser Uno y Otro casi al mismo tiempo, moviéndose en universos paralelos en los que nos estamos besando y, simultáneamente, anticipamos el futuro de una alcoba en penumbras o el simple No estoy preparado (ambos sucediendo al mismo tiempo), y la lista de la compra en la cabeza, y el libro que estamos escribiendo, el jefe o un amanecer extremadamente bello...
Así es nuestra confederación de almas, bolsones de Higgs canallas y surrealistas que mueven las veletas de nuestros pechos con vientos contrarios, y apenas una sola racha un poco más violenta (una canción, una mirada, lo que ocurre en la calle o el trino de una flor) nos convierte en genios o en asesinos.
Somos esto, apenas esto: confusión; y hasta que no comprendamos que, a la vez, somos cursis o excelsos, ruines o magníficas, no entenderemos nada. 

Una fusión de Bach con Culture Club, futbolines y hoteles en California, ¿verdad, Luis?, ¿no es cierto, Lucas, que antes de sabio fuiste mártir?
Miles de almas: pedantes o ingenuas; luminosas o terribles; lentas o veloces; tiernas y a la vez sanguinarias, y también azules pero a la postre grises, y aventureras, y terriblemente miedosas, implacables al tiempo que tolerantes, y... 

Para qué seguir. El que quiera entenderá, alguna de sus almas lo hará, o lo harán varias si ha conseguido la cualidad (divina) de poner de acuerdo a varias de ellas en una coalición electoral que nos permita aguantar todos los temporales que nos esperan allí fuera, en el infierno, que no son los Otros, no, Sartre, somos Nosotros mismos y todas nuestra algarabía que se nos agita dentro.







miércoles, 2 de octubre de 2019

AQUELLAS PRADERAS AZULES. Una llamada telefónica

DALE AL PLAY PARA CONOCER UNA LLAMADA QUE DECÍA MUCHAS MÁS COSAS DE LAS QUE DECÍA




-Hola, Luis.
-¿Me oyes?
-Un poco mal.
-Es que estamos en plenas fiestas y han puesto el escenario junto a única cabina que hay en todo el pueblo.
-Cierra al menos la puerta 
-Qué exagerado eres. 
-Ya, ya...
-Oye, por un casual, ¿eso que suena es Queen?
-Eso es por lo menos lo que intenta el grupo que está tocando.
-¡Por Dios, qué destrozo!
-¡Ya te digo! 
-Bueno, ¿qué tal por ahí? 
-Bien. En realidad muy bien, por eso te llamo. 
-Cuenta, cuenta. 
-Vale 
-Hola, Solsona, soy Sabrina.
Y por primera y penúltima vez en mi vida hablé con ella. 

- Vaya encerrona que me hiciste, macho - le diría tiempo después. 
- Me imagino. Pero es que íbamos un poco contentos. 
- Déjate de eufemismos. Ibais borrachos
- Quizás menos de lo que parecía, Solsona. 

-Tenía muchas de conocerte, Solsona, aunque sea por teléfono. Me han hablado tantísimo de ti. 
-A mi me ocurre lo mismo. 
-... 
-....
-¿Estáis bien?
-No te lo puedes imaginar. 
-Puedo suponerlo. 

Una peregrina conversación en donde cada uno de nosotros hablaba siempre en función de una tercera persona que se oía a lo lejos, sepultada por la música. 
La voz trémula de una Sabrina que yo solo podía imaginar como era tres años antes, en la única foto que Luis me había enseñado de ella. 
Una voz en donde no se percibía esa lejana tristeza que yo recuerdo en la sonrisa de aquella foto. 
-Venga, dile lo de los chistes, Sabrina - se oía decir a Luís. 
Y ella no se atrevía a decirme nada. 
-A ese no le hagas ni caso, Sabrina. Ya sabes que es muy quejica.
-¿Que burradas te está diciendo Solsona?
- La verdad, que eres muy pesado.
- Le puedes decir... 
- Eh, eh, que yo no hago de correo. Toma, habla con tu amigo. 
- ¿Solsona? 
- ¿Cuando ha sido? 
- Ayer por la noche. 
- Y ¿bien? 
- Es mejor que nunca. No te puedes imaginar lo guapa que está. 
- ¿Sigue a tu lado? 
- No, acaba de salir. 
Y entonces, pese a todo, tuve que decírselo.
- ¿Realmente estas seguro, Luis? No quiero ser un aguafiestas pero
- Sí, tengo miedo pero... Es todo tan maravilloso que no puedo dejar pasar la oportunidad, Solsona. No sé lo que pasará, pero me tengo que arriesgar. 
- Ya, lo comprendo. 
- Además la he visto mucho más madura. Es igual que siempre pero distinta. 
- Pues entonces, mis bendiciones, Luis. 
- Menos mal - rió a mi broma. 
-Y ahora, ¿quieres pasarle el teléfono a Sabrina y salir de la cabina?
-¿Y eso? 
-Que tengo que hablar con ella de cosas privadas. 
-Vale, vale, con secretitos. 
-Eso te pasa por llamar. Ahora te aguantas. 
-Toma Sabrina, que Solsona te quiere decir algo en privado. 
-Dime, Solsona. 
-Mira, a lo mejor me estoy pasando, pero me gustaría pedirte un favor, Sabrina. 
-Lo que sea. 
-Cuídamelo mucho. 
-Claro. Por supuesto que lo haré 
-Sabes que tú significas muchísimo para él... Qué te voy a contar. 
-Pues no creas, me gustaría que lo hicieras, Solsona. Hay tantas cosas que aún no comprendo. 
-A veces es difícil pero tú... Tú tienes gran parte del camino hecho, Sabrina. Supongo que lo sabes. Jamás Luis ha hablado tanto de nadie como de ti. 
-Creo que en eso estamos empatados, Solsona. 
Y sin habernos visto jamás nunca nos sentimos muy cerca. 
-En el fondo tenemos mucha suerte - me dijo.
-Sí, un Luis entero de suerte. 
Ella se rió. Luego me dijo:
-Te voy a tener de dejar. Luis no deja de hacerme tonterías desde fuera de la cabina. 
-¿A qué se está aplastando la nariz y el moflete contra el cristal?
-Efectivamente. 
-Pues cuando salgas le dices que no me copie. 
-Se lo diré. 
- ¿Y eso?
-Que te cuente él. Ya verás como intenta salirse por los cerros de Úbeda. 
-Vale, lo haré. Un beso muy fuerte, Solsona. 
-Otro. Y disfrutad mucho.
- Algún día me encantaría conocerte.
- A mi también, Sabrina.

sábado, 7 de septiembre de 2019

miércoles, 26 de junio de 2019

(DE OTROS LADOS) Solsona. AQUELLAS PRADERAS AZULES. EL PROGRAMA DE RADIO





El éxito de aquellos programas de radio nocturna de los viernes que hizo de Luis una personalidad pública (aunque selecta) en la década de los 90 es muy fácil de explicar. 

Encerrado en el cono de luz de su flexo, con el resto de su estudio a oscuras y sin ni siquiera técnico de sonido, hacía entonces realidad el juego infinito de contrarios de ser hombre y dios sin particiones, como cuando, aún siendo tan jóvenes, jugábamos a ser lobos estepario y superhombres. 

Era eso y 

-Ser como una canción, vivir dentro suyo,

como a menudo repetía hasta convertirse en un lema para su legión de seguidores tan esquivos y oscuros como él que cada madrugada de los viernes, casi como si fuera un secreto para elegidos, sintonizaban su programa y se dejaban llevar por la fuerza conjunta de las músicas y las palabras que abrían senderos hacia lugares perdidos, llenos de sinestesias.

Era como entrar en un bosque encantado, nos dijo Pili en aquella larga carta que nos envió junto a las grabaciones de cuatro temporadas enteras, apenas unas semanas después de ocurrir lo inevitable. 

- Es como si todo se estuviera inventando delante de tus oídos,
escribió, aunque en eso se equivocara, pues pese a su discreción, bien sabíamos nosotros que todo estaba guionizado hasta el mismo detalle pues, como el propio Luqui le había aconsejado aunque él ya lo supiera sin conocerlo, para ser auténtico hay que trabajar mucho, más incluso, pues sólo así puede parecer pura improvisación. 

Y Luis, que jamás le negó ningún consejo a su ídolo y más tarde amigo, sabía de memoria de tanto pensarlas todas las canciones que sonarían y su orden varios días antes de su emisión, controlados los tiempos hasta el minuto. 
Conocía esto, y las pausas, y las palabras que habría que decir aprovechando las entradas instrumentales o el puro silencio, según sus necesidades. 
Esto lo había aprendido de sus tardes como pincha en el Penta y, después,en los programas de Rafa Arboleda que tanto le habían fascinado desde que los descubriera una tórrido verano, algo que nunca lo ocultó en las escasas entrevistas que concedió. 
De lo que nunca habló en ellas es que aquellos pensamientos que fluían en las ondas y las músicas que los acompañaban eran, con escasas excepciones, una pura autobiografía en donde Sabrina casi siempre era la protagonista absoluta. 
Era a ella a quien le hablaba viernes tras viernes como ella supo siempre. 
Palabras y músicas de ternura o lamentos, pues en sus ojos verdes siempre estuvo la cifra definitiva de sus sentimientos. 
¿Recuerdas?, solía decir de vez en cuando y siempre que pinchaba Karma Chameleon.
Pues solo esta canción tenía el privilegio de salirse de la férrea planificación y aparecer en los momentos más imprevistos, cuando su firmeza se derrumbaba por los suelos y, a veces, tenía que salir del estudio para que la noche privada de su flexo no le viera llorar. 
Cuando conseguía reponerse volvía al guión previsto que debía recortar sobre la marcha sin que se notara demasiado y sólo Sabrina supiera (en primera y segunda persona) lo amargas que resultan las lágrimas del primer amor.

Era su momento de pequeña muerte tras el cual se volvía a reinventar, aunque nunca sabremos si por profesionalidad o pura timidez de sentirse débil ante los demás, y regresaba a ser él para darle cuerda a la montaña rusa de sus sentimientos que sus oyentes seguíamos con el corazón encogido que él nos llevaba desde el éxtasis a la desesperación, pasando de lo épico a lo más sublime como si tuviera en sus manos el hilo invisible que le guiara sin vacilaciones por el laberinto de todos los afectos posibles. 
Pasaba así desde el pop de los 80 al soul más desgarrado, de la música de sus películas más queridas que tanto habían contribuido a su educación sentimental a la bossa nova o el chill out, sin evitar a Bach o a Mahler, pues para él todo era tan importante (nos lo hacía sentir tan necesario) que no hacía falta disculpa ninguna, solo convertirse en una pura canción y vivir en su burbuja azul de sonido, como le gustaba decir.
Un lugar en donde volvernos seres tan absolutos y completos como él siempre deseó en sus más secretos sueños, capaces de la risa, el amor, la filosofía y el sexo, del perder el tiempo con absurdos juegos verbales que se culminarían con un beso hasta el vértigo de una poesía o un orgasmo, pues todo era lo mismo, pura música para convocar fantasmas o darles nueva vida en aquellas madrugadas de viernes en donde cada uno era libre de emocionarse o bailar a escondidas en una habitación oscura mientras los demás duermen.

Esa era la clave del terrible éxito de aquellas praderas azules. 
Su enorme y planificada sinceridad absoluta. Su programa era él mismo, como bien sabíamos los que le conocíamos 
Era como si estuviéramos otra vez juntos cada viernes, nos decía Pili en su carta, como si el tiempo no hubiera pasado y siempre tuviera los dieciséis años en los que le conocí. 
Los dieciséis años de tímido recalcitrante que podía ponerse a hablar de todo si sentía una simple brizna de afecto como aquellas que le llegaban, por decenas, en forma de cartas a la emisora que él abría con el corazón encogido, esperando en cada una encontrarse con la única que realmente le interesaba, la de Sabrina. 
(Pero ella nunca quiso firmar ninguna de las dos docenas que le envió y él nunca supo reconocer su letra con las ansias con las que buscaba la firma final. 
Si se hubiera parado un poco más se habría dado cuenta que sus letras nerviosas tenían la misma cualidad de sus manos finas, apenas sin uñas, con esa misma sonrisa triste en los finales de las palabras. 
Qué puto es el destino a veces, pues una sola palabra suya...)

Durante casi diez temporadas se mantuvo fiel a todo este estilo, y de alguna manera fueron aquellas noches de viernes su guarida secreta en donde era él mismo y en absoluto. Aquel ser al que la vida tanto había dañado (pero también acariciado, aunque eso algunas veces lo olvidara) que se dejaba bañar de música para rebobinar a su antojo la película de los días más intensos.

Esa era la clave de su éxito.

Solsona


Aquí tienes los primeros programas que hemos logrado rescatar y volver a subir

                             EN DIRECTO Sinestesias musicales
                             
                             EN DIRECTO. Cuando los 80 eran nuestros

                            EN DIRECTO. Aquellas verdaderas praderas azules






sábado, 27 de abril de 2019

Anima mundi. La abolición del tiempo

Hoy recordamos el 25 aniversario de la abolición del tiempo

Fue el famoso postulado de Peter y Watson que llevó a sus verdaderos límites la teoría de las cuerdas



No es ahora momento de explicar todos los pormenores, pues hasta los alumnos ya los conocen en los niveles más bajos; simplemente recordar que cuando se tuvo constancia de que el tiempo no existía se acabó de repente el futuro, el presente y el pasado y todo se volvió una mezcolanza ambigua como las que reflejan estas historias.
Fue entonces cuando sucedió el gran apagón que duró dos días, pues al sentirse la luz y su constante atacadas por la nueva ley que les privaban de su protagonismo que habían adquirido con Einstein tomaron conciencia y se declararon en huelga, y solo los buenos oficios que algunos científicos consiguieron volverla en razón, no sin muchos ruegos y promesas que luego jamás se cumplieron , como pasa desde el tiempo de los romanos

Peor fue para los historiadores que tuvieron que configurar por completo su disciplina, haciendo coincidir en el tiempo a los persas que atacan Alejandro Magno, la Segunda Guerra Mundial y la publicación del Quijote, lo cual trajo numerosos conflictos de intereses y otros entuertos como el del propio Don Quijote atacando a una Legión acorazada de tanques con lanzas en astillero y soldados desnudos como esculturas griegas
Menos mal que al final se consiguió poner orden en todo aquello acudiendo a la epistemología ambigua de una posmodernidad casi moribunda

Sería Lucas Corralejo, desde entonces héroe nacional, quién trabajó sin descanso para separar la paja del grano y volver a armar con paciencia bíblica toda la gran historia, con múltiples saltos, lagunas y escorzos, pero al menos fijada al pasado con grandes cabos de amarrar buques descomunales.

miércoles, 17 de abril de 2019

ÁNIMA MUNDI. LUIS. ¡Qué suerte tuvimos de ser adolescentes con Madness!


DALE AL PLAY Y SÉ INCONSCIENTEMENTE FELIZ CON MADNESS 


¡Qué mayor felicidad que ser adolescente con Madness!
¡Qué suerte tuvimos de tener trece y catorce años mientras sonaba Madness en la radio día y noche!
Escucharlos era sentirse vivo, pues la música se te metía como una primavera intensa por las venas y todo se volvía tan absurdo como pleno, pues alguien pensaba tan descabelladamente como tú, y quería divertirse.
Resulta que aquello era ska y sería el futuro germen del reggae, pero nosotros ni lo sabíamos ni falta que nos hacía, pues estábamos locos, pues teníamos catorce años y nos pasábamos el sábado por la tarde pateando el barrio sin más objeto que pasárnoslo bien, y como ellos chillábamos, y muy pronto aprendimos todos a andar haciendo su característico trenecito con las piernas recogidas y moviendo la cabeza como gallinas cluecas para escándalo de señoras mayores que nos veían asustadas de esta juventud sin rumbo, dónde terminaremos por acabar.
Pues algunos en el paro, y otros haciendo varias carreras y trabajando como bestias para sacar adelante una familia cuyos hijos volverían a transitar por esta locura llamada adolescencia que te hacía reírte de todo y todos pues el mundo era una mierda pero nosotros no estábamos para lamentarnos y repetíamos incesantemente las escenas de las películas que entonces nos fascinaban, como aquella de Top Secret en donde un miembro de la resistencia esturnuba en las manos y al ver lo que salía de su interior se suicidaba decididamente.
¿Te acuerdas, Solsona?
Esa era una de tus especialidades, y la otra darte contra las paradas de autobús para desconcierto de pasajeros que esperaban. Un buen golpe con el pie cuando te acercabas y poner las manos en la cara como si te hubiera alcanzado una ráfaga de metralla para que todos formaran un corro en torno tuyo.
- Pobrecito
- Se ha desgraciado - decíamos el resto para aumentar el dramatismo de la escena un segundo antes de que te quitaras las manos, dieras un saltito con las piernas abiertas y empezaran las carcajadas sin pausa mientras todos salíamos corriendo como demonios felices y absurdos, puro Madness que nos daba ganar de bailar como bien se nos ocurriera, pues teníamos la cara llena de granos y aún seguíamos creciendo a trozos, y unas veces tenías las manos enormes y en otras ocasiones resultaba que las perneras del pantalón te quedaban tan cortas que parecías un payaso de Micolor salido directamente de la lavadora pues
Y cuando nos quedábamos sin palabras siempre había alguien que nos salvaba diciendo:
- Menos samba y mais traballhar.
Y seguíamos incesantemente una línea blanca que nunca se acababa mientras silbábamos El puente sobre el río Kwai mientras atravesábamos parques con sus pinos y sus yonkis, y seat supermirafiore aparcados en las esquinas, y cabinas de teléfonos que, pese al pánico que daban, o acaso por ello precisamente, invadíamos al asalto para intentar superar nuestro record de imbéciles metidos en una cabina con las caras aplastadas contra el cristal para el escándalo de las viejecitas (las mismas de siempre o acaso algunas nuevas) que nos llamaban vándalos y sinvergüenzas sin darse cuenta que nosotros todo aquello lo hacíamos muy en serio, e incluso alguien apuntaba el número de adolescentes en lata, la calle y el día preciso en donde se había superado la cifra anterior.
- Magnífico. Seis y medio.
Pues a Ciprián las piernas le cupieron dentro pero el cuerpo se quedó fuera por mucho que lo intentó.
 ¡Maldita sea!, a puntito estuvimos.



miércoles, 20 de marzo de 2019

LUIS. ÁNIMA MUNDI. Cuando Bach lo dijo todo


Lo recuerdo perfectamente. 
La primera vez que entré en casa de Solsona, nada más abrir la puerta, me recibió esta cantata de Bach, y entonces estuve seguro que aquel iba a ser el amigo que, pasara lo que pasara, era ya el de toda la vida.
Yo tenía trece años y él catorce, y nos habíamos conocido ese mismo año, en primero de BUP.
No sé si el tercer o cuarto día, a la misma salida del colegio, nos peleamos con saña, aunque no recuerdo el motivo (creo que tú tampoco, Solsona). Lo único que recuerdo que apenas un mes más tarde nos volvimos inseparables, y aún lo seguimos siendo, sin que haga falta siquiera verse, pues un amigo como él lo llevas en algún rincón del pecho que la anatomía dejó para eso.

Esto lo supe (de aquella manera tan incomprensible que puede saberlo un adolescente) el día que entré por primera vez en su casa y nada más hacerlo me recibió Bach en la misma puerta.
- ¿Qué te pasa, Luis? - me dijo él.
Pues yo debí quedarme petrificado ante la música y apenas si supe contestar:
- Nada, nada; ya te contaré.

Creo que luego nunca llegué a contárselo, y sólo será ahora cuando lo sepa (aunque, del mismo modo absurdo en que yo lo supe, él también ha debido de conocerlo; estoy seguro).
Por eso entenderá aunque nunca lo hayamos hablado en concreto, y sabrá que mi silencio fue, ¡simplemente!, la conmoción de un descubrimiento: el encontrarme con aquella música que era una de las favoritas de mi abuela.
Ella había muerto hacía un año, pero yo la seguía teniendo dentro en todos los libros que me había descubierto y la música que me había enseñado a escuchar, y ahora me la volvía a encontrar en la casa de aquel amigo que tan pronto se volvería entrañable.

Pues estaba la música, sí, pero también centenares de libros apilados en los estantes atiborrados que tapizaban las paredes desde el mismo pasillo. Un mundo entero de libros como mil universos por descubrir que te llamaban según avanzamos hacia el salón y él me presentó a su madre y a su tía.
El tocadiscos giraba con esta cantata y fue entonces cuando supe cuánto teníamos en común sin saberlo.
Evidentemente teníamos una edad donde estas cosas no debían decirse, pero comprendí que aquel chico era un regalo de los cielos, que dentro tenía libros, música y una familia que se parecía tanto a la mía, con su tía sentada en un sillón semejante al de mi abuela y transportada por la música.
Supe eso y en el pecho se me abrió un pequeño hueco para guardar aquella amistad que aún hoy perdura. Algo que no necesita palabras, y sólo una música de Bach, Mahler o de Mozart es suficiente.

Escuchadla con atención y podréis comprobarlo, pues se parece al juego de los violines y los oboes, a la entrada de la flauta dulce en medio de los largos periodos de las cuerdas que luego completa el violín solista. Un juego de completos, de largas olas sobre la que superponen otros pequeños instrumentos, como si la vida entera se reflejara en un estanque en donde caen briznas de primavera que dan color a la música sin alterar la paz que lleva dentro.
Eso es MI amigo.
Una paz de tempo lento que de pronto estalla en carcajadas. 
Una inteligencia llena de sentimientos, como el propio Bach, capaz de convertir las matemáticas en pura poesía que cae al alma sin ruido; sin malas caras nunca.
Mi amigo Solsona, el paisaje de mi armonía.





sábado, 9 de marzo de 2019

ÁNIMA MUNDI. Solsona. La nueva lotería



Corre el rumor que la lotería de Babilonia que imagino Borges ha tomado otros rumbos más inciertos y ahora millones de personas juegan diariamente a ella intentando escudriñar su futuro en el predictor de Google.

Aunque no existen unas reglas excesivamente claras se oye decir que solo con tres letras ya podemos empezar a valorar los resultados que nos da el buscador una vez limpiado el historial de búsqueda , claro está, pues de otro modo sería como hacerse trampas al solitario.
Como ya se realiza con el tarot, hay que pensar primero en el objeto que creemos que se nos desvelé por medio de los algoritmos, y luego pulsar esas tres teclas al azar.
Su predictor comenzará a darnos una serie de resultados que nosotros habremos de discriminar en función de la pregunta realizada.
En múltiples foros y tutoriales se ensayan métodos de interpretación desde este punto, aunque los más osados prefieren dejarse por su intuición, y los más informados gustan de las sorpresas que les puede dar el superbuscador aprovechando los millones de datos que posee de nosotros y que sean los big data los que le propongan un futuro cualquiera ante el que postrarse y encaminar su vida y decisiones.
Esto he oído decir o, como dice ese conde de Villamediana que se ha colado en nuestras ánima mundi, yo sólo digo eso...


sábado, 2 de marzo de 2019

ÁNIMA MUNDI. CIPRIÁN. Nuestros Cien Años de Soledad

El libro de tu vida es como el primer amor, inolvidable por otros muchos libros que pasen por tus manos, y a menudo sucede que su lectura viene precedida de signos, extrañas advertencias, que te anuncian el paraíso que vas encontrar.
A mí me lo trajo un ángel, mi querido y llorado a Luis. No los trajo a mí, a Solsona y a Lucas, y convirtió aquel verano en uno de los más maravillosos que haya tenido.

Fue el año en el que terminamos COU, y en gran parte se lo debemos a nuestro profesor de Lengua y literatura, Jose Luis.
Para el último trimestre nos ofreció la posibilidad de subir nota leyendo un libro de la literatura hispanoamericana que no nos daba tiempo a dar en clase.
Lucas eligió a Borges, Solsona se decantó por la política desgarrada de César Vallejo y yo anduve por los desiertos implacables de los habitantes de Comala, buscando a Pedro Páramo.
Luis había elegido Cien Años de Soledad y, durante todo el puente de mayo, no tuvimos noticias suyas.
Cuando regresó de la lectura se le veía distinto, aunque durante días se negó a hablarnos del libro y sólo se atrevió a confesarnos que, pese a las dos lecturas consecutivas, aún estaba comenzándolo a comprender, aunque lo poco que había conseguido entender era tan brutal que no había palabras para descubrirlo.
La cosa quedó ahí, tan ajetreados como estábamos con la maldita selectividad, pero la misma noche que la que celebrábamos que los cuatro que la habíamos aprobado, Luis vino a la cena con tres paquetes iguales: uno para Lucas, otro para Solsona, y otro para mí

Eran 300 años de soledad dedicados que le dieron la vuelta entera a aquel verano, pues nada ya volvería a ser distinto después de haber conocido a los José Arcadios y a los Aurelianos, a Rebeca, a Remedios la bella, al viejo Melquiades o a Mauricio, habitantes de aquel lugar encantado llamado Macondo.

Robando horas al sueño vimos lluvias de pétalos de almendros florecidos y nos quisimos enrolar en algún circo para ver el mundo.

Borrachos de palabras en cada piedra que veíamos era un guijarro de aquellos pulidos por el río cuando las cosas son carecían de nombre y había que señalarlas con las manos.

Y fuimos testigos de guerras civiles sin término y nos empeñamos en engarzar pieza a pieza pececillos de oro como si fuéramos una nueva Penélope, buscando sin éxito un San José de escayola lleno de monedas de oro que tintineaban en nuestros ojos.
Fue todo eso y la enfermedad del olvido transmitida por los animales de caramelo contagiados por el aliento de Rebeca o aquel galeon español varado en medio de la selva.
Tal cumulo de historias como jamas habríamos imaginado en un solo libro que parecía decenas de ellos, uno distinto para cada uno de nosotros
Solsona se quedó para siempre fascinado por el coronel Aureliano y todos los trucos que inventaba para entretener el tiempo y las cosas.
Lucas, sin embargo, fue siempre del bando de Arcadio, el gran fundador de todo un mundo y sus múltiples fantasías.
Reconozco que yo siempre me habría encantado protagonizar el papel de cualquiera de esos dos hermanos de nombres cambiados, mientras que Luis no pudo dejar de sentirse (quien sabe muy bien por qué) el viejo Melquiades, especialmente cuando se colocó al otro lado de la muerte, convertido en un espectro polvoriento que recorría las habitaciones de los descendientes.

En lo que sí nos pusimos de acuerdo y casi sin necesidad de decirlo es que jamás habíamos leído un libro con un principio y un final tan asombrosos y perfectos como los de este libro, y Luis y yo (aunque con motivos distintos) coincidimos en la magia que tenían sus frases, con oraciones que parecían un mar sin fin que se balanceaban suavemente en la cabeza según las íbamos leyendo por la simple presencia de sus adjetivos.
Parecía imposible que un simple hombre pudiera darle esa dimensión al lenguaje, pura poesía apoyada en las cosas cotidianas, música perfecta, según el propio Luis que ideó la peregrina y nunca realizada idea de convertir aquel libro en una sinfonía total, la más perfecta que se hubiera podido componer, pues para él los adjetivos del maestro fueron siempre su particular "descubrimiento del hielo", una metáfora que él nunca quiso explicar, y sólo cuando todo terminara de aquella forma tan terrible, comprenderíamos.
Pues el libro, que entonces nos pareció tan magnífico y perfecto, solo nos empezó a enseñar algunos de sus milagros en aquel verano, y hemos necesitado 32 veranos mas para comprender que es inacabable.
Y ahí estamos todavía




                                               ÁNIMA MUNDI