Ahora es una Sevilla recoleta y señorial lo que en su tiempo fue la zona más canalla, pendenciera y buscavidas de todas las Españas: el Malbaratillo, un mercado de segunda mano (y habitualmente robada) que tan exquisitamente supo retratar Cervantes en Rinconete y Cortadillo.
Un lugar de pícaros, de cargadores, busconas y aventureros posado sobre el arenal que el Guadalquivir producía con sus avenidas.
"Lo que más en Sevilla hay son forzantes, amancebados, testigos falsos, jugadores, rufianes, asesinos, logreros..., vagabundos que viven del milagro de Mahoma, sólo de lo que juegan y roban, pues pasan de 300 casas de juego y 3.000 de rameras, y hay hombres que con dos mesas quebradas y seis sillas viejas le vale cada año la coima 4.000 ducados"
El mayor puerto de nuestro imperio a donde llegaba la flota de Indias y se descargaba (camino a la Casa de la Moneda) los cargamentos de oro y plata.
Esta es nuestra ruta de hoy
Comenzaremos precisamente desde este Archivo de Indias, un espectacular edificio de Herrera, en donde se depositaban las riquezas de ultramar.
Si desde él tomamos camino hacia el río muy pronto nos encontraremos con el antiguo postigo del aceite que nos marcaba la línea de muralla. Junto a él la capilla de la Pura y Limpia.
Desde aquí el recorrido nos puede acercar a las antiguas atarazanas creadas por Alfonso X (sobre unas anteriores andalusíes).
Una parte de ellas fueron reconvertidas en el famoso Hospital de la Caridad fundado por Miguel de Mañara, un espectacular compendio de lo mejor de nuestro barroco del que ya nos ocupamos aquí.
A su salida muy poco metros nos separan de las dos torres albarranas que aún se conservan (torre de la plata y Torre del Oro). De construcción andalusí ya las explicamos con mayor intención aquí.
Recorramos ahora un breve paseo junto al río (ahora tan sólo canal) que fue la verdadera capital de las Españas entre los siglos XVI y XVII.
Quizás ahora nos resulte difícil imaginarlo, pero recorremos los que debió ser un verdadero enjambre de mástiles de barcos y tinglados, especialmente concurrido con la llegada de la flota de Indias. Numerosos testimonios gráficos nos lo recuerdan.
Avancemos por la avenida hasta pasar el moderno Teatro de la Maestranza y, a la derecha, tomar la calle Dos de Mayo.
Pronto encontraremos el templo que cobija a las titulares de la cofradía de la Carretería.
Muy cerca de ella se encuentra (en la calle Adriano) la capilla del Baratillo que se creó para dar culto a las decenas de cuerpos enterrados en aquel montículo tras la peste que asoló Sevilla en el siglo XVII.
Junto a ella se ha restaurado y repuesto la cruz de hierro que se colocó sobre el camposanto que también servía como mercado de compraventa de objetos de segunda mano (la mayoría de ellos robados)
A partir de este punto comienza la Sevilla más canalla.
Si nos dirigimos hacia la catedral encontraríamos el lugar llamado Puerta del Arenal (García de Vinuesa con Castelar), lugar de tabernas y locales de juego
Muy cerca de ella se encuentra (en la calle Adriano) la capilla del Baratillo que se creó para dar culto a las decenas de cuerpos enterrados en aquel montículo tras la peste que asoló Sevilla en el siglo XVII.
Junto a ella se ha restaurado y repuesto la cruz de hierro que se colocó sobre el camposanto que también servía como mercado de compraventa de objetos de segunda mano (la mayoría de ellos robados)
A partir de este punto comienza la Sevilla más canalla.
Si nos dirigimos hacia la catedral encontraríamos el lugar llamado Puerta del Arenal (García de Vinuesa con Castelar), lugar de tabernas y locales de juego
Frontero a él se encontraba el famoso Compás de la Laguna, que se extendía desde la muralla y se cerraba al resto de la ciudad por medio de una tapia que recorrería gran parte de la calle Zaragoza.
Como ocurría en otras grandes ciudades europeas (Roma, Valencia) en este recinto cerrado se intentaron confinar la prostitución con toda la variopinta sociedad a la que estaba vinculado, con un horario determinado y controles policiales y médicos.

En teoría la única entrada se realizaba por el llamado Golpe, en la intersección de las calles Harina y Gamazo, pero la tapia tenía numerosos butrones y salidas secretas a través de patos y entradas de las casas aledañas, lo que permitía la salida de estas prostitutas
Como se puede observar en el plano ocupaba varias calles del barrio, teniendo como eje principal la actual calle Castelar en donde se encontraban las boticas para curar el famoso mal francés (sífilis) que acompañaría (y en cuyas plantas altas se ejercía la prostitución)
Un cierto ensanchamiento (lo que hoy sería la Plaza de Molviedro) sería su lugar central en donde se entremezcarían fiestas, riñas y escuela de malandrines que viera Cervantes

En teoría la única entrada se realizaba por el llamado Golpe, en la intersección de las calles Harina y Gamazo, pero la tapia tenía numerosos butrones y salidas secretas a través de patos y entradas de las casas aledañas, lo que permitía la salida de estas prostitutas
Posible localización de la entrada del Golpe
Como se puede observar en el plano ocupaba varias calles del barrio, teniendo como eje principal la actual calle Castelar en donde se encontraban las boticas para curar el famoso mal francés (sífilis) que acompañaría (y en cuyas plantas altas se ejercía la prostitución)
Calle Castelar
Un cierto ensanchamiento (lo que hoy sería la Plaza de Molviedro) sería su lugar central en donde se entremezcarían fiestas, riñas y escuela de malandrines que viera Cervantes
Toda esta zona, tras numerosos intentos, será reurbanizada en el siglo XVIII, colocando en su epicento la Capilla de Molviedro
















































