lunes, 23 de mayo de 2016

EL MIRÓ MÁS ORIENTAL. DEL GESTO AL VACÍO ZEN


Todos tenemos en la mirada el Miró más infantil (que no lo es tal, como ya vimos aquí). Sin embargo, su obra es mucho más rica (como ya vimos en sus Pinturas Salvajes, el Miró político o la cerámica).

A partir de los años 40, cuando se traslada a EE UU durante la Guerra Mundial, conoce de primera mano numerosas ideas orientales entonces en boga gracias a la Escuela del Pacífico (especialmente el zen)

Comienza entonces una fértil convivencia con la filosofía oriental que se plasma en un primer momento en la grafía, la caligrafía zen como una forma espontánea (pero largamente preparada en el ánimo del pintor) de expresión del ser más interior, lejos de cualquier tipo de "engaño de lo falsamente real" (las apariencias).

Posteriormente, Miró realizará dos viajes a Japón (el primero en 1966) que le llevará a conocer toda una riqueza espiritual sorprendentemente afín a su espíritu, siempre aventurero (aunque siempre en aventuras interiores).
Se gesta así lentamente una pintura en la que cada vez se valora más el vacío y la sencillez que le permitan al espectador una visión mucho más trascendente de la pintura y de él mismo, semejante a la de otro gran "orientalista" contemporáneo, Ives Klein



Limitándome a unas pocas líneas, intenté dar al gesto una calidad tan individual que se convertía casi en anónimo, como un acto universal. A causa de ello, existe quizás una cierta similitud entre estos trabajos y lo que podía llamarse pintura meditativa o contemplativa. Por eso pedí que pusieran un banco delante de mis telas. Así la gente puede sentarse a contemplarlas hasta sumergirse ene ellas (...) Suprimir todas las jerarquías del mundo de los objetos y de los signos. Delante de estos cuadros, uno debería sentirse como si estuviese en un templo donde absolutamente nada pudiera deshacerle del tema de la meditación.
Miró

Por el momento os animo a entrar en él a través de estas instrucciones y próximamente seguiremos trabajando en el proceso


domingo, 22 de mayo de 2016

SAN ANTONIO DE LOS PORTUGUESES. ROMA (1). LA PORTADA




























Obra de Longhi el Joven, resulta el paso necesario y anterior a su obra maestra, San Vincenzo e Anastasio que ya vimos aquí.
En ella ya nos encontramos con el uso retórico de los elementos constructivos que van in crescendo según alzamos la vista por la fachada para terminar una furiosa conclusión de frontones rotos que se inscriben unos bajo otros.

Se crea así una mirada en vertical desde un primer piso plano a una conclusión profundamente alterada por la luz debido a su articulación y masa.

Muy probablemente se trate de un recurso para una calle tan estrecha como la del Orso que no permite un primer piso excesivamente rico (pues ha de continuar la fachada de la calle), obligándonos a alzar la vista hasta las partes más elevadas (y menos sometidas al viario) en donde se desarrolla todo el movimiento barroco, tanto visto de frente como en escorzo.



Por otro lado, y frente a la arquitectura pura de San Vincenzo, en San Antonio la escultura se une a la arquitectura, siguiendo los modelos de su maestro, Bernini.
Tanto el gran escudo central, como los atlantes que continúan las volutas (reutilizados en San Vicenzo), los ángeles y roleos que enmarcan las ventanas y sobre todo los grandes ángeles de trompetas que se apoyan inestablemente  en las cornisas redundan en el sentido triunfal que logra para una fachada de tan pequeñas dimensiones.























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sábado, 21 de mayo de 2016

LA POLÍTICA MORAL DEL ROCOCÓ. Julio Seoane


Si partimos de la idea de que el arte rococó no es uno de los que más me apasionan, que me haya fascinado este libro tiene un doble mérito.
En apenas 200 páginas, su autor parte de este arte que solemos calificar de recargado y frívolo para, a través de él y sus sugestiones, plantearnos nuevas maneras de entender la posmodernidad como momento en donde la modernidad de origen ilustrado ha comenzado a enseñar sus fallas y más que nunca necesitamos de nuevos estímulos y formas para reinventar una nueva manera de urbanidad.
Cumple así el ensayo una doble función: darnos una visión contemporánea del arte rococó en donde se prescinde de lugares comunes y se buscan nuevas sugestiones y funciones sociales y, a la vez, volver a examinar la posmodernidad y su forma líquida, en donde no hay verdades absolutas (como demuestra la propia física cuántica) sino opiniones frágiles, un tanto indefinidas, convertidas en moda, perfectamente intercambiables como es una porcelana encima de una mesita.

Se concluye así (tanto en el rococó como en la actualidad) en la importancia de lo fugaz, decorativo, erótico y múltiple; la charla intrascendente (por el puro placer de hacerlo sin esperar encontrar grandes verdades), la sensibilidad frente a cualquier tipo de dogma... intentándoles quitar su visión negativa para insistir en cuánto nos pueden ayudar a calmar las heridas que produjo el movimiento moderno.
Es un "dejarse tocar por los otros", aceptar la contingencia y el azar en un nuevo modelo de urbanidad en un medio hipersofisticado (cuánto hay de hiperrrealidad o simulacro en el mundo rococó), dándole de nuevo importancia a la seducción, a la relación entre las personas (y no sólo al puro, anestésico individuo ilustrado-moderno), a lo que sucede (más que a lo que se planea), al instante inspirado frente al plan largamente elaborado.
                                                        
  Todo esto se encuentra detrás de una estética como la rococó, blanda frente a la dureza del proyecto moderno, más llena de vida que de ideas, tan falsa y teatral como en el fondo real, pues nuestro mundo actual es una perfecta rocalla de origen híbrido, sin esquinas precisas ni plan concreto


jueves, 19 de mayo de 2016

EL TEATRO GRIEGO VS ROMANO

Teatro (griego) de Segesta
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Teatro (romano) de Pompeya.


Todos estamos acostumbrados a los grandes teatros romanos, pero como otras tantas cosas, el genio inventor fue el griego y los romanos sólo copiaron el sistema, adaptándolo a sus necesidades.



Planta del Teatro de Epidauro (Grecia)

Reconstrucción del Teatro (romano) de Cartagena

Reconstrucción del Teatro (romano) de Cartagena

Solía aparecer junto a los templos, pues en su origen los cantos y músicas realizados en ellos formaban parte de los rituales religiosos (como en los famosos juegos Píticos de Delfos)


Teatro de Delfos en donde se realizaban los Juegos Píticos.

Su origen (Bianchi Bandinelli) podría estar en la civilización minoica y, tal vez, hasta el siglo V a C, pudieron ser trapezoidales, estableciéndose el modelo canónico ya en el siglo IV (Teatro de Dionisios, Atenas)

Teatro (grecorromano) de Siracusa


La parte de los espectadores se denomina Koilon (cavea en el mundo romano) y se apoya directamente sobre una colina (ya tallándola, ya construyendo sobre ella) que permitía mejor visibilidad y acústica.

Cavea de Segesta (griego)
Taormina grecorromano. Cavea

Cavea del teatro romano de Borsa (Siria)

(En los romanos muchas veces se realizaba un verdadero edificio sobre el que se sustentaban las gradas, colocando tras él zonas cubiertas para los espectadores)



Taormina (reformas romanas. Zona cubierta sobre la cavea)

En la zona plana existía una orchestra en donde se colocaban los coros (con las flautas). Normalmente era circular (o de herradura) mientras que en el mundo romano se convertiría en semicircular al tener mucha menos importancia los coros.


Templo griego de Segesta. Cavea y orchestra

Teatro (romano) de Segóbriga

El propio escenario se denominaba Skene (scena en el mundo romano), más elevado y rectangular. Tras suyo pronto existió una pared no excesivamente elevada que dejaba ver el paisaje. (Como ya hemos dicho hablando de los templos, para la mentalidad griega, insertar el edificio en el paisaje era fundamental y una de las experiencias más alucinantes que se pueden tener es sentarse en un teatro griego y ver sus vistas, como éste que os muestro de Taormina, con el Etna y el mar al fondo, lo único verdaderamente griego que queda de él).


Por el contrario, en los teatros romanos pronto se fue generalizando una gran escena con columnas, nichos con estatuas y puertas, según Blanco Frejeiro, claramente influida por el segundo estilo (arquitectónico) de la pintura.

Reconstrucción de la scena del Teatro de Mérida


Segundo estilo. Villa de los misterios























Scena del teatro de Borsa. Siria (Romano)
Teatro (romano) de Palmira. Siria












Visión panorámica de la scena (teatro romano de Mérida)

Siguiendo el modelo de los teatros, los griegos desarrollarán sus eclesias y sus odeones (edificios cubiertos para la música)

Odeón. Taormina



miércoles, 18 de mayo de 2016

EL NEOEXPRESIONISMO ALEMÁN. (1) BASELITZ

Pájaro detras de un cristal II

Nacidos al mundo del arte a principios de los 70 e internacionalizados en los 80, los autores del llamado neoexpresionismo alemán reaccionan con la geometría minimal y la falta de artisticidad conceptual retornando a la figuración.
Sin embargo, su vuelta a la pintura, está marcada por todas las experiencias anteriores y (debe) perder cualquier tipo de ingenuidad.
Tradicionalmente se ha vinculado el expresionismo como algo puramente germánico (El Puente), por lo que su utilización tiene un profundo sentido "patriótico" que intenta superar el lastre histórico de la culpa nazi.
Estilísticamente su estilo entronca mucho más con el expresionismo abstracto de Pollock (del que se hizo una gran exposición retrospectiva en Berlín en 1958), Bacon y, sobre todo, el último Picasso y su alegría de pintar que ya vimos aquí. Su sensación matérica, las largas pinceladas de pintura fluida, el placer mismo de la pintura serán básico para estos artistas.


Centrándonos ya en la figura de Baselitz, sus obras tienen ese manejo del pincel y la materia del que hablábamos en Picasso al que añade el truco (sólo simple a primera vista) de girar los cuadros y "ponerlos boca abajo"
"Esta inversión del motivo", como  defiende Anna María Guasch, "se propone convertirlo en pintura pura".
Hermana rosa

Pues aunque normalmente no se comente, estos cuadros no están pintados y luego girados, sino pintado (y pensados) ya girados, con una composición y uso del color definido para este sentido (curiosdamente, sus obras, una vez giradas, quedan por completo descompensadas).
Se nos propone así una inversión de las jerarquías y, en el fondo, de nuestra manera de mirar. Sus personajes se convierten en figuras colgantes que nos interpelan con perplejidad, como si fuéramos nosotros los que estamos mal colocados (como se ve, nada de ingenuidad, mucho más posmoderno de lo que podríamos ver en un primer momento)
Y es que en un mundo sobresaturado de imágenes, Baselitz actúa subrayando la importancia de la mirada como una actividad de interpretación compleja que nos hace verdaderamente humanos, cuestionando nuestra apatía de consumidores visuales televisivos (ya internautas) en donde, como diría Baricco, apenas si surfeamos sobre la realidad, sin profundizar en ella


martes, 17 de mayo de 2016

MONEO. EL EDIFICIO HELVETIA


Precisamente ahora que la torre Pelli ha llegado a su conclusión (y lamentablemente ha confirmado las apreciaciones que ya realizábamos hace años), parece buen momento para echar un vistazo a una obra tan moderna como bien integrada en el entorno.

Evidentemente, jugamos con ventaja, pues al contrario que Pelli, Moneo siempre se ha caracterizado por proyectos singulares, bien trabajados y aún más estudiados para su entorno. Lo suyo siempre ha sido la modernidad que añade, no que rompe.
El edificio ya ha cumplido los 25 años y tal es su exquisitez que muchos visitantes de la ciudad no reparan en él (al contrario de lo que ocurre con la Torre Pelli o las famosas Setas de la Encarnación).
Su situación, entre la Giralda y las del torres albarranas almohades, era sumamente compleja, pues no debía competir con ellas y, a la vez, preservar un tramo de murallas conservadas.

Para ello, la primera decisión fue crear un edificio subrayadamente horizontal, que no compitiera con las torres y se adecuada a la idea de muralla que encierra.

Esta horizontalidad se conseguirá por medio de la estructura del paramento y la presencia de dos grandes cornisas voladas (casi a la manera de los palacios florentinos) que consiguen, además, un fuerte claroscuro sobre la fachada a la vez que la cierran en altura, generando en el espectador un movimiento visual de izquierda a derecha.

Estas dos cornisas crean así una estructuta tripartita, con una planta baja dominada por el ladrillo, y dos plantas con columnas de mármol de Macael, a la vez funcionales (realmente son vigas) como simbólica (nos traen el recuerdo renacentista, tan caro a la ciudad), siendo más destacadas las del piso intermedio, al que se le dota de un mayor significado visual.


El tejado se adorna con unas curiosas buhardillas a mitad de camino entre lo islámico y lo renacentista que vuelve a reivindicar la historia de la ciudad, su hibridación entre lo islámico y lo clasico.
De la misma manera, la luz es utilizada para resaltar las hiladas de los ladrillos y para crear una inscripción al modo romano, con las letras hechas en hueco-relieve sobre el muro.

Para eliminar, además, la pesadez de un bloque demasiado alargado, Moneo vuelve a hacer de las suyas con la distribución de las ventanas y un juego (casi constructivista) de rematar las esquinas.



En su fachada principal Moneo abre uno de sus característicos vanos que realmente no es la entrada al edificio, sino a la historia. Cuando el paseante entra en él (como en un pasaje) encuentra, a su frente, cómo el edificio se desvanece en su interior, adelgazándose para no irrumpir en la muralla aún conservada.
Las ventanas interiores han cambiado por completo, transformándose en una corrala moderna que crea un efecto intimista de patio de vecindad.

Por el contrario, a la salida, el visitante se encontrará con la última sorpresa: la torre del Oro enmarcada en su vano