jueves, 27 de febrero de 2014

LA POLITIZACIÓN DEL ARTE DURANTE LA GUERRA CIVIL. PICASSO, MIRÓ Y JULIO GOZÁLEZ


Los años 30 significaron tal revulsión en la sociedad, economía y política, que el mundo se convirtió en un lugar convulso, terriblemente inseguro y hostil en donde no existía el gris, sino sólo el blanco y negro, como ya había demostrado el expresionismo alemán de Heartfield o Grosz
Como ya vimos en un artículo anterior, el mundo del arte hispano se fue convulsionando y pasando a una época cada vez más expresiva que finalizó abruptamente con el comienzo de la Guerra Civil.
Ya para entonces no era necesario avisar de nada. No era hora de presagios; era el momento de tomar partido.
Tal y como ocurrió con la sociedad durante esta Guerra Civil, profundamente escindida por odios acumulados que entonces explotaron y, a medida de que se iba matando, iban creciendo hasta convertirse en algo insoportable, el arte también implosionó.
Los grandes creadores no quisieron (pudieron) quedarse al margen del conflicto, pues además de sus sentimientos, veían claramente en él un anticipo de lo que sería la Segunda Guerra Mundial: un duelo a muerte entre los fascismo y las democracias.
Picasso, nombrado director de Museo del Prado, lo demostró de la manera más brutal y ácida posible con sus famosos grabados de Sueño y Mentira de Franco.
Realizados por cuenta propia estaban pensados para ser recortados (cosa que nunca se hizo) y vendidos como postales para la causa republicana. (Se encontraban inspirados en los famosos cordeles de ciegos y alelulyas, aunque a la mirada actual nos recuerda rápidamente la estética del cómic)
En el primer de los grabados (el que encabeza el artículo) Picasso carga contra todo aquello que significa para él el franquismo, ridiculizando a través de la caricatura y la deformación sus valores (el machismo de sus grandes sexos, el valor, el belicismo, lo folclórico, la religiosidad, el Cid, su falta de amor a la cultura...). El clero, los militares, el pueblo castizo son los protagonistas de esta ridiculización constante (Franco montado en un cerdo, Franco rompiendo una escultura o convertida en bailaora, atacando al sol, montando en un caballo con sus tripas fuera) que muestra la ira del pintor que nunca había llegado tan lejos ni se había acercado tan claramente a la política.

El segundo de los grabados muestra una visión mucho más artística (trasciende el tema inmediato para convertirse en una metáfora) y se relaciona mucho más íntimamente con el Guernica que entonces realizada (muchas de las poses del caballo son las de las distintas posiciones del caballo que fue probando para el Guernica, aparece ya el tema de la mujer llorando con su hijo muerto en brazos o la mujer que huye de un incendio, el toro-minotauro...).

Miró tampoco quedó al margen. Después de la etapa expresionista de sus pinturas salvajes también toma partido por la República y colabora para el famoso pabellón de la República en París, que en realidad es todo un resumen de lo que venimos hablando.
Para él realizó el Segadors (obra posteriormente destruida) y creó un grabado que habría de servir para hacer sellos para financiar a la República.
No puede ser más evidente su simbología, con el puño en alto (símbolo del comunismo) y su inscripción: Adelante, España.


Tampoco Julio González, hasta entonces dedicado a un arte puramente estético, crea su famosa Montserrat gritando que ya analizamos aquí
.

La nómina de autores se podría ampliar a Calder, Renau, Alberto, Cappa, Sert...(que podéis ver aquí), iniciándose un fecunda colaboración entre arte y política a través de los carteles que ambos bandos utilizaron como forma propagandística y a los que dedicamos este post

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