Rembrandt fue un maestro de la luz, pero también de la pincelada que pasará del un detalle preciso de sus primeros años a unas formas más sueltas de la madurez, que terminarán por ser pastosas en sus últimos años
De sus veinte años, un pequeño cuadro como el Lamento de Jeremías tiene un lujo de detalles espectacular, marcando los brillos del oro y la plata con pequeños puntos de luz (a la manera que ya tenía Tintoretto) plateados y dorados que llegan al verdadero virtuosismo
Poco a poco esta técnica cederá hacia una pincelada más fluida que recuerda a Tiziano o, en el caso español, a Velázquez. El pincel toma una pintura diluida, con mucho aceite, que pasa suavemente por el lienzo
Pero su técnica seguirá evolucionando, y curiosamente, cuanto más entra en su crisis personal y profesional, más gestual se vuelve.
Los fondos aparecen llenos de grandes brochazos y cada pincelada se carga cada vez más de pintura, se espesa a través de polvo de albayalde, se utiliza la espátula, se raspa una vez semiseca.
Se crea así una superficie rugosa, casi de relieve, que un siglo después recreará Goya en sus pinturas negras o Van Gogh en su obra madura.
Para conocer más a fondo todos los aspectos técnicos, os invito a entrar en este magnífico artículo de Ana.








































