Mostrando entradas con la etiqueta 0.1.2.5 CIPRIAN. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta 0.1.2.5 CIPRIAN. Mostrar todas las entradas

sábado, 14 de junio de 2025

De rosas y sus maldades

Siete rosas más tarde te empecé a querer de veras,

con la sensación de ahogo en el pecho y escarcha en los dedos

Siete rosas después y un suspiro,

la tierna luz de tus labios,

el color sin manchas:

Tus cielos.


Fue una contabilidad de rosas y luego de cilicios,

como si fuera posible sumarlos,

y hacer las multiplicaciones de mis desvelos,

cada vez más oscuros,

más lentos.


Como si el mundo y sus rosas desapareciera

hecho pedazos,

todo lleno de plásticos,

Sin posibilidad de hogueras ni mares,

solo una geometría estricta, 

insípida, demasiado brillante,

sin olor ni pasado.


Una pura rosa artificial tu recuerdo.


Ciprián

jueves, 1 de mayo de 2025

CIPRIÁN. LOS LIBROS QUE NUNCA ESCRIBIRE. La casa del marjal

 La novela es esta casa deshabitada junto a un motor que servía para mover el agua por las acequias que la llevaban a los naranjos

Es la historia de esta casa que seguramente, si la escribiera, la contaría la propia casa en persona explicando sus más de cien años en donde ha visto pasar muchas cosas, desde los primeros naranjos con acequias casi árabes que llevaban turbantes encima, a la creación del motor que tiene a su lado para mecanizar ese agua y darle más fuerza.

Una casa en medio del marjal, un espacio extraño, inaudito, que hace millones de años fue un lago y luego una albufera y más tarde un lago salobre en donde todavía se cultiva el arroz y, mucho después, en las orillas del pueblo, estas zonas de cítricos que se engalanan con sus con sus frutos cercana a la Navidad, como si se convirtiera el campo en una especie de plantación de árboles de Navidad.

Todo eso habrá que contar, pero sobre todo habría que pensar en las personas que vivieron allí en todas sus miserias y tragedias, pues fueron estas las que más hubieron, desde niños muertos muy temprano a otros con problemas mentales; ruinosas e inundaciones y huracanes que le removieron los árboles o simple guerras como la segunda la Guerra civil española (probablemente haya recibido algún tiro al final de la misma cuando esto se convirtió en el último trocito del pastel que Franco se quería comer de una sola sentada)
Junto a esta casa hay otras que se han ido reconvirtiendo en casas de veraneo con una pequeña huerta con sus propios naranjos en donde la arquitectura se ha remozado y se ha cambiado para el placer, no para el trabajo
Algunas se han convertido casi en monumentos industriales que los guiris que van en bicicleta y a veces huelen bien visitan con cara arrobada y hacen mucha fotografías con sus móviles de última generación.

Esta, por ejemplo, podría serlo
Una bella casa en la que le han terminado por quitar el alma y la han convertido en otra cosa mucho más bella pero por supuesto pero sin ningún fantasma
En la nuestra, seguro que hay espíritus y muchísima vida depositada en el polvo de las esquinas más allá de la chimenea en donde ardería la leña de naranjo o la parrilla de fuera donde se harían paellas

Estas casas se encuentra en Orba pero no es la Orba real sino en la Orba que escribió un Chirbes pensando en otro pueblo en su libro en la orilla. Un pueblo del desencanto, de la tristeza de la vida dura, de los odios, como son gran parte de sus pueblos y como es gran parte de este paisaje levantino tan lleno de sol como de miedo.
Un miedo hecho de esclavitud del sol en canículas asombrosas y vientos desnortados que arrancan las naranjas y las lanzan por los aires; de lluvias apocalípticas durante el otoño y un invierno muy suave, con una luz de ensueño.

Por eso escribir una novela sobre esta casa y todas las cosas que trae consigo, desde los distintos ríos secos y las ramblas de piedra en donde crecen ahora las adelfas y los hibiscus.
De los caminos hechos de cemento y llenos de rajas por donde los coches se mueven para ir a las fincas cada mañana y los veraneantes pasean con su palito humano y un sombrerito puesto para no insolarse
La novela tendría que hablar sobre todo de las montañas y de todos los incendios que han contemplado hasta quedarse totalmente en sus huesos grises que son adornados por tomillos y por aliagas, del mar que se encuentra muy cercano y que algunos días ruge de tal manera que hasta los naranjos lo escuchan y tiemblan
¿Os parece poco todo lo que habría que contar desde esta casa?
y por qué nunca la tendré que escribir, pues para hacerlo tendría que escribir ineludiblemente de la historia de mi padre y de mis abuelos, y de naranjos y arrozales y huertas, de franquismos, guerras y carlistas que andaban por estas montañas.
Una historia de odios y amores, de pasiones en la primavera donde revienta el azahar en estas planicies y lo revuelve todo; de venganzas por lindes, de matrimonios ventajosos y otros que conducen a la ruina; de honores que las familias tienen que conservar aunque eso traiga la muerte pues si no desaparecerá todo el clan.
No me comprenden, no me comprenden

Yo durante cada verano pasomuchas tardes por delante de esta casa y de su fábrica de agua y pienso en estas cosas y que tal vez esto, en unas cuantas décadas, se haya secado todo por el cambio climático o desaparecido los frutos porque ya no se coman o vengan de otro sitio y solo tengamos un monocultivo de turistas plantados en las riberas de los ríos y las acequias que arreglaremos con aguas de azahares y peinaremos para que no les desprenda el viento hasta que florezcan bellos y hermosos para hacer fotos por el mundo y tomar paellas protestando porque está pegado la parte de abajo y se quema un poco.

Me gusta hacerlo cuando cae el sol y se empieza a esconder detrás de las montañas y los colores vuelven a reaparecer después del fulgor de la luz del verano que lo quema todo y lo vuelve todo plano, casi estéril; me gusta pasear por aquí y cuando me alejo lo suficiente, ver el pueblo a lo lejos entre los naranjos y la montañas y observar su torre de la iglesia que parece la de una mezquita, la que una vez probablemente estuvo aquí y quizás dentro de unos años la migración marroquí y la vuelva a reconvertir, pues la historia avanza con grandes y sorprendentes saltos que nunca terminamos de entender del todo



sábado, 29 de marzo de 2025

LOS LIBROS QUE NUNCA ESCRIBIRÉ. La sombra alargada

El que empezara de esta magnífica manera 

 Apenas si podía arrastrar ya su sombra cuando el sol comenzaba a ponerse, acaso por eso mismo, porque su sombra era larga y daliniana, como la del pasado que nos persigue en el final de los días...


 CIPRIÁN


TODOS LOS LIBROS QUE NUNCA ESCRIBIRÉ

sábado, 22 de febrero de 2025

Los libros que nunca escribiré. El milagro de primavera



No lo haré, entre otras cosas, para no destrozar con mis dedos la belleza de este milagro pequeño de día de diario que sucede en el parque de mi barrio, una sola vez al año, tras el anochecer de algún día de febrero, cuando junto a la farola huérfana de uno de sus extremos, crece a toda velocidad un árbol (en realidad aparece como si se pintara o fuera un holograma), que es un almendro cuajado de flores rosadas que empiezan a nevar el pequeño círculo de luz de la farola.

Así ocurre durante toda la noche para, una vez amanecido, empezar a diluirse en el aire frío de las primeras luces, desapareciendo por completo con los primeros rayos.



 CIPRIÁN


TODOS LOS LIBROS QUE NUNCA ESCRIBIRÉ

miércoles, 25 de diciembre de 2024

LOS LIBROS QUE NUNCA ESCRIBIRÉ. El señor de la mañana de Navidad

 Muy cerca de mi, en un parque, hay un hombre acaso de mi misma edad, aunque yo no quiera nunca reconocerlo.

Viste con elegancia un poco descuidada, con pantalones de traje beige, jersey marrón y bajo él, camisa blanca. Tiene calcetines conjuntados, zapatos marrones de corte antiguo y una chaqueta oscura y una bufanda .corta
Al principio, cuando me acercaba a un banco cercano a él, pensé que era un indigente pero como veis eso no era cierto aunque ahora que se ha levantado anda despacio, un tanto tambaleante, algo que no correspondería a su edad, si es la que realmente creo que es, la mía acaso.
Tiene el pelo gris y una barba bien recortada y cuando callan los jodíos pajarracos verdes que inundan los cedros del parque, se escucha una radio portátil que tiene en el regazo y en la que se oyen canciones nostálgica de los años 50.

Estamos bajo el anticiclón típico de navidades y tras una mañana de niebla y una noche de fuerte frío que llenó todo el parque de escarcha, ahora el sol realmente calienta y yo me he podido quitar el abrigo mientras leo y a veces le observo.
Pues hoy es la mañana de Navidad y he salido a andar y a comprar el pan para luego ir a la comida y, cuando he encontrado mi banco favorito de este parque vacío, me he sentado un ratito a leer aunque sin poder dejar de mirarle.
Quizás porque parece un poco triste y es Navidad.
Acaso no tiene nada que ver las fechas o tal vez lo tenga que ver todo y a lo mejor no haya familia o es una familia a la que no quiere ver.
No sé, a veces pienso que está viudo y la soledad le atenaza tanto que no le permite mover esas piernas tranquilamente.

Curiosamente no tiene móvil o por lo menos no lo ha sacado y solamente escucha la radio sin cascos y muy bajito, lo suficiente para que su sonido me llegue como unas olas pequeñas, casi sin resaca.
Solo toma el sol de invierno como yo como si fuéramos dos lagartos en medio de la ciudad que esperan el verano para volver a sobrevivir, ... o es otra cosa.
A veces da un brevísimo paseo alrededor de una plantación que está rodeada por una cuerda para no estropear la simiente, y cambia de asiento aunque siempre colocado frente al sol.
Cuando anda se le ve un tanto encorvado y en la brevísima brisa que mueve las palmeras sufrientes de Madrid me llega un aroma a colonia pesada, triste como .... ¿ella?
Sé que nunca me atrevería a preguntar y dentro de diez minutos me iré para casa para preparar la comida. Por eso esta historia se quedará aquí como la de un señor sentado al sol escuchando viejas baladas de Elvis Presley rodeado de un aura de tristeza, como un viento pesado, lento, apenas ya sin fuerza que me estruja un poco el corazón en esta fiestas que a veces se vuelve tan terribles, pues sólo nos alborotan los recuerdos posados en el alma y, en sus torbellino, con los ojos llenos del polvo de ayer, nos gustaría llorar mansamente, durante un tiempo indeterminado.


domingo, 3 de noviembre de 2024

Los pájaros que vivían en los semáforos

 Una tarde de otoño, ya casi de pronta atardecida, de pronto, sin aviso previo, todos los pajaritos que viven en el fondo de los semáforos ayudando a cruzar a los ciegos, salieron de sus casas metálicas y revolotearon por encima de nuestras cabezas.

Eran pájaros sin cuerpo, sólo un gran piar de pollitos eléctricos, monótonos, como chicharras ecualizadas, que llenó el mundo de ruido. Un cielo de repente negro de tanto canto que duró sólo unos minutos, y un viento sin origen llegó hasta el parque con su calidad de huracán de bolsillo, borrándolo todo sin más remordimientos.

Luego, sin otra novedad que reseñar, anocheció rápidamente y empezó a llover hasta hacer del asfalto un dulce espejo de coches y sus luces


Ciprián

sábado, 12 de octubre de 2024

Los libros que nunca escribiré. (3) El semáforo vengativo


Medio abatido por un accidente en la calle Virgen del LLuc, antes Oráculo, el semáforo quedó a mitad de camino entre la pleitesía y la humillación.

Esta sería el comienzo de una historia que nunca escribiré, la que contaría cómo un semáforo puede volverse cruel y rencoroso, haciendo atropellar a los perros y provocando innumerables accidentes en una calle hasta entonces tranquila y anodina que terminará siendo carne de telediario sensacionalista y reporteros apostados en sus inmediaciones hablando con vecinas ociosas que darían todo lo que tienen en el monedero que agarran con ansiedad entre sus manos y su pecho por los cinco minutos de fama que alguien (no recuerdan muy bien quién) les había prometido.

Una historia incómoda, algo punk (quizás), que hablaría de un barrio de clase trabajadora envejecida que se mueve lentamente hacia el conservadurismo y la gentrificación, entre bolsas de inmigración no del todo asimiladas.


TODOS LOS LIBROS QUE NUNCA ESCRIBIRÉ


    CIPRIÁN



sábado, 28 de septiembre de 2024

sábado, 7 de septiembre de 2024

CIPRIÁN. Los libros que nunca escribiré. 10/04/16💙//2024

Contar la historia de un amor que duró mucho menos que el recuerdo pintado en una de las losas del lavadero de pueblo, allí donde se escondían a la atardecida oyendo la cadencia de la fuente y viendo pasar gatos como sombras.

Allí se besaron y ella, que era veraneante, un día acabo desnuda y fulgurante en la noche de luna, y metidos en el agua del pilón sucedió la tragedia.

Y aquí, tal vez, acabar el libro, como si fuera esta historia.


    CIPRIÁN

miércoles, 12 de julio de 2023

Ahora es más necesario que nunca. Patricia Highsmith. Carol

 En 1952 Patricia Highsmith escribió Carol, la historia de un amor entre dos mujeres neoyorquinas.

Creo es ahora precisamente el momento de recordarlo no vaya a ser que nos lo censuren de un momento a otro, pues es un libro maravilloso pero cada vez más real (sobre todo en el aspecto de los prejuicios).

Os dejo algunos bellísimos (otros muy duros) fragmentos


Therese apagó la luz. Entonces Carol le deslizó el brazo alrededor del cuello y sus cuerpos se encontraron como si todo estuviera preparado. La felicidad era como una hiedra verde que se extendía por su piel, alargando delicados zarcillos, llevando flores a través de su cuerpo. 

Therese tuvo una visión de una flor blanca, brillando como si la contemplara en la oscuridad o a través del agua. Se preguntó por qué la gente hablaría del cielo. 

- Duérmete -le dijo Carol. 

Therese deseó no dormirse. Pero cuando notó otra vez la mano de Carol en su hombro, supo que se habla dormido. Amanecía. 

Los dedos de Carol se tensaron en su pelo, Carol la besó en los labios y el placer la asaltó otra vez como si fuese una continuación de aquel momento de la noche anterior, en que Carol le había rodeado el cuello. «Te quiero», quería oír Therese otra vez, pero las palabras se borraban con el hormigueante y maravilloso placer que se expandía en oleadas desde los labios de Carol hacia su nuca, sus hombros, que le recorrían súbitamente todo el cuerpo. Sus brazos se cerraban alrededor de Carol y sólo tenía conciencia de Carol, de la mano de Carol que se deslizaba sobre sus costillas, del pelo de Carol rozándole sus pechos desnudos, y luego su cuerpo también parecio desvanecerse en ondas crecientes que saltaban más y más allá, más allá de lo que el pensamiento podía seguir.

(...)

Una vez llegaron a un pueblecito que les gustó y pasaron la noche allí, sin pijama ni cepillo de dientes, sin pasado ni futuro, y la noche se convirtió en otra de aquellas islas en medio del tiempo, suspendida en algún lugar del corazón de su memoria, absoluta e intacta.

 O quizá no era más que felicidad, pensó Therese, una felicidad completa que debía de ser bastante rara, tan rara que muy poca gente llegaba a conocerla. Pero si era sólo felicidad, entonces había traspasado los límites ordinarios y se había convertido en otra cosa, una especie de presión excesiva, de modo que el peso de una taza de café en la mano, la rapidez de un gato cruzando el jardín, el choque silencioso de dos nubes parecía casi más de lo que podía soportar. Y así como un mes atrás no había comprendido el fenómeno de su felicidad repentina, ahora no comprendía su estado, que parecía consecuencia de lo anterior.

 A menudo era más doloroso que agradable y por eso temía tener un único y grave defecto. A veces se asustaba como si estuviera andando con la espina dorsal rota. Si alguna vez sentía el Un pulso de decírselo a Carol, las palabras se disolvían antes de empezar, por miedo y por su desconfianza habitual hacia sus propias reacciones, la ansiedad de que éstas no fueran como las de los demás, y de que ni siquiera Carol pudiera comprenderlas.

(...)

(Habla el exnovio de una de ellas) Lo lamentable es que más adelante tú misma lo lamentarás, y tu disgusto estará en proporción a la cantidad de tiempo de tu vida que malgastes con ello. Es algo desarraigado e infantil, como alimentarse de flores de loto o de cualquier dulce enfermizo en vez de con el pan y la carne de la vida

(...)

Me pregunto si esos hombres miden su placer en función de que produzca hijos o no, y si lo consideran más intenso cuando es así. Después de todo, es una cuestión de placer, y qué sentido tendría discutir si da más placer un helado o un partido de fútbol, o un cuarteto de Beethoven contra la Mona Lisa. Dejo eso para los filósofos. Pero la actitud de ellos era que yo debía sufrir de una locura parcial o ceguera (en el fondo, tienen una especie de resentimiento por el hecho de que una mujer atractiva sea presumiblemente inaccesible para los hombres).

 Hubo alguien que aludió a la «estética» en su argumentación, quiero decir contra mí, naturalmente. Les pregunté si de verdad querían discutir eso, provoqué las únicas risas de todo el espectáculo. Pero el punto más importante no lo mencioné y ninguno de ellos lo pensó, y es que la relación entre dos hombres o dos mujeres puede ser absoluta y perfecta, como nunca podría serlo entre hombre y mujer, y quizá alguna gente quiere simplemente eso, como otros prefieren esa relación más cambiante en cierta que se produce entre hombres y mujeres. 

(...)

Ayer se dijo, o se dejó entender, que el camino que he escogido me llevaría a hundirme en las profundidades del vicio y la degeneración humanas. Sí, me he hundido bastante desde que me apartaron de ti. Es verdad, si tuviera que seguir así y me siguieran espiando, atacando, y nunca pudiera poseer a una persona el tiempo suficiente para llegar a conocerla, eso sí sería degeneración. O vivir contra mi propia naturaleza, eso es degeneración por definición.

(...)

 El sexo se define por características físicas y debe indicarse en los pasaportes. El amor está en la cabeza, es un estado de la mente.


 CIPRIÁN

domingo, 18 de junio de 2023

ÁNIMA MUNDI. PAISAJES SONOROS. In memoriam

La noche es una bóveda llena de estrellas y comienza a caer muy pronto la helada

En los charcos crujen a pesar de las botas camperas y el frío hace una máscara sobre la cara
Por los caminos solitarios de la urbanización corre un viento de agujas de hielo.
Un manto de frío
Y al fondo una pareja con las manos entrelazadas que camina dentro de su propia primavera
Con una felicidad propia que les cubre como una manta,
Un aureola que los aísla del mundo y sus pesares.
Apenas tienen dieciséis años y nada piensan
porque lo tienen todo,
Lo necesario y lo superfluo.
Solo con mirarse ven estrellas en los ojos de otro.
Y no hace frío, no hiela.
Pues ahora que nadie puede verlos ellos se besan, fundidos,
y en el interior de sus corazones suena John Lennon como si fuera una hoguera protectora de leños,
incendiados de tal manera que muy pronto
(pss, ellos no lo saben)
todo será cenizas frías y duelo,

aunque la primavera quiera volver.




.

                                               ÁNIMA MUNDI

sábado, 10 de junio de 2023

sábado, 27 de mayo de 2023

Los libros que nunca escribiré (2). La cabeza del maniquí

El libro habría de empezar con la descripción de un hombre de mediana edad que lleva la cabeza de un maniquí (femenino) bajo el brazo, en la calle Misterios.

A partir de entonces la historia se multiplicaría en varios argumentos incompatibles entre sí, como un gato de Schrödinger en su caja cerrada, y mientras en uno la policía terminaría por detener al hombre por el asesinato del maniquí, apuntado como posible móvil una tórrida historia de celos, en el capítulo siguiente el hombre es un científico que sólo necesitaba la cabeza de este maniquí para culminar un avanzado androide que fascinaría al mundo entero por su donaire y exquisita educación, dejando sin palabras a los blade runners que quisieran perseguirlo.

 CIPRIÁN


sábado, 20 de mayo de 2023

Los libros que nunca escribiré (2). El poder de una mirada

 


El que contara toda la historia y genealogía de esa mirada tras la falsa alegría del cumpleaños feliz.
Una novela densa y poética que supiera investigar entre los filos del miedo y las esperanzas celosamente escondidas que hieren mas allá de las gafas de alegría neoliberal que son demasiado tristes para poder funcionar como máscara.
Un largo monólogo interno con más dudas que certezas, entre las tormentas sordas del alma.


domingo, 23 de abril de 2023

Los libros que nunca escribiré (1). Subrayado

 La novela de un afamado escritor que vive, tan solo, de subrayar los libros de otros y venderlos como libros exclusivos en donde el subrayado subvierte la lectura original y hasta llega a negar las intenciones originales y le permite al lector una doble lectura, a menudo sumamente paradójica.




domingo, 26 de febrero de 2023

sábado, 4 de febrero de 2023

CIPRIÁN. Amor y literaturas como fracasos

 El deseo de escribir, qué impulso más irracional, como el amor, e igualmente, como en la consumación del amor, al escribir el resultado era casi siempre una decepción, aquello que se intuía resultaba imposible de plasmar; cuando mucho, la búsqueda devenía hallazgo, un estilo que terminaba por convertirse en fórmula, saciedad, repetición, literatura convencional, complaciente consigo misma, como el amor pequeñoburgués; quizá en el fondo el único amor genuino por la literatura fuera el que mantenía el deseo de escribir sin consumarlo,


Juan Villalobos. Peluquería y letras

sábado, 28 de enero de 2023

CIPRIÁN. Las barreras del tiempo y la vejez

Pero eso siempre ocurre. Nombrar las cosas, hablar de ellas, es refundar su flujo en el tiempo, darles una vida que tarde o temprano las destruirá. Sólo una cosa se opone a ese envejecimiento: la cópula de mi sexo en tu sexo.

Agustín Fernández MalloEl libro de todos los amores 


      CIPRIÁN