Realizada por Benvenuto Cellini en mármol blanco de Carrara entre 1559 y 1562, posiblemente para su propia tumba.
Cuenta la leyenda (inspirada en la propia autobiografía del escultor, en muchos casos sumamente fantasiosa) que parte de una visión del autor mientras estaba preso en el Castel de Sant´Angelo.
Parecíame aqueste sol sin sus rayos ni más ni menos como un baño de oro purísimo licuado. Mientras que contemplaba yo aquesta gran cosa, vi comenzar a hinchar en medio del sol y crecer aquesta forma de dicho abultamiento, y formase de pronto un Cristo en cruz, de la misma sustancia que era el sol. Y era tanta su hermosa gracia y tan benignísimo su aspecto, cual el ingenio humano no podría imaginarse una milésima parte
La obra llega a la exquisitez absoluta en el tratamiento del mármol que toma características casi de cera, mostrando el triunfo de la maestría, uno de los rasgos del manierismo.
Der la misma manera es manierista la incongruencia entre cabeza y cuerpo, la posición forzada de las piernas o su total desnudez que ahora siempre aparece cubierta por un burdo paño de pureza.
































