Una mujer en una carroza tirada por un fénix/unicornio, en una catedral vegetal
Muchas de las obras de Remedios Varo crean más escenas que cuadros, inicios (o intermedios) de historias de las que no conocemos su final. Son un fotograma que para la vida y la deja estancada en esos sugerentes paisajes. En ambas cuestiones siempre hay algo de cuento de hadas (o de demonios) en donde todo parece tan sutil como profundamente inquietante.
Lo son sus mujeres impávidas, princesitas nada ingenuas que ya han conocido el dolor y la maldad; sus ambientes vaporosos en donde todo parece estar en una profunda (lenta pero implacable) metamorfosis en donde hay magia y un poco de pavor.




















