viernes, 20 de julio de 2018

ÁNIMA MUNDI. EL ANILLO DE MOEBIUS

Desde Arriba

Cuanto más vendamos, mejor podré mantener vuestros puestos de trabajo.

Por tanto

Cuanto mejor trabajéis, mejor salvaguardados estaréis del temido paro.


Desde abajo.

Cuanto mejor y más trabaje, más se venderá.

Por tanto

Cuanto mejor trabaje más dinero obtendrá el Geyperman de mi empresario sin que a mi me rente nada.


El anillo de Moebius

Está compuesto por dos caras que se giran constantemente, igual que el capitalismo: obrero y Geyperman, con el dinero como motor primero.


jueves, 19 de julio de 2018

ÁMIMA MUNDI. TRADICIONES EMPRESARIALES



Como cada 31 de julio, todos los trabajadores se despidieron con una reverencia del PYME y se reunieron en un bar cercano en donde realizaron las oportunas ofrendas a Manitú para que conserve la dureza de las erecciones del jefe que les amarga la existencia, no vaya a ser que en estas vacaciones se le agote su fuente de vida y espermatozoides y se ponga a pensar en nuevas e imaginativas fórmulas laborales que nos puteen aún más la vida.

miércoles, 18 de julio de 2018

ÁNIMA MUNDI. LUIS. LA PRIMERA DESPEDIDA

La primera vez que salimos juntos fueron los 12 mejores días de mi vida.


Comenzamos un 15 de agosto, la agarré la mano el 16, la abracé el 17 y la besé el misma noche; el día 24 nos fuimos de fiesta al Real.
Todo morosamente anotado en una libreta de tapas azules, tamaño cuartilla, en donde Luis llevó las cuentas sentimentales de toda una vida y que ahora nos están sirviendo para hilvanar los recuerdos de todos y darle una segunda vida a este amor ahora que Luis ya no puede terminar de escribirlo.
En el día 27 había escrito algo que después tachó tan a conciencia que nos ha sido imposible rescatarlo seguido de un todo se ha acabado

Yo estaba esperando la en las mismas piedras de siempre.
Pero vino Bea, no ella
- Hoy no va a bajar - me dijo con ojos tristes
- ¿Por?
- Está castigada.
Y ante mi silencio, añadió:
- Alguien ha ido con el cuento a su padre de que estáis saliendo. Y... Y por el momento está encerrada en casa
- No puede ser – intenté rebatir.
- Os vieron en el Real.

El mundo se le derrumbo entonces a Luis, aunque no sabía que aquello solo era el principio, el primer plato de una excursión a los infiernos.
Yo, entonces, no le conocía pero le comprendo perfectamente.
Ansiedad y depresión
En aquellos años no se utilizaban tanto estas palabras que a nosotros nos son ahora tan comunes. Le llamábamos tristeza, desamor o pura desesperación.
A Luis se le derrumbó en un solo momento todo el castillo encantado de aquel verano. Solo tenía 15 años, y por primera vez sintió que la vida no merecía la pena si ella no estaba allí.
No quiso romper a llorar delante de Bea, se lo impidió su timidez, pero luego no pudo contener las lágrimas y lloró durante una tarde entera recorriendo las mismas calles que había hecho con ella.
Lloró de rabia, de impotencia, pero también de miedo. ¿Cómo se podía seguir viviendo sin tener aquellos ojos a su lado, su mano, su cuerpo, sus labios temblorosos?
Es imposible hacerlo, escribió en su cuaderno.

Al amanecer del día siguiente todavía fue peor, y solo rogó qué rápidamente se hiciera de noche para poder dormir y, aunque perseguido por las pesadillas, no seguir pensando.
La luz del sol hiere más que los fantasmas de la noche, qué bien lo sabemos los que hemos pasado por algo semejante. Sólo se quiere olvidar, que rápidamente pasen muchos años para que el corazón duela menos y quepa dentro del pecho, dándonos un pequeño descanso.
Pero nada es válido, y duele que el resto del mundo siga funcionando cuando uno está sumido en tan profunda cárcel, que amanezca, que rían los otros, que sigan hablando mientras por dentro nos sentimos vacíos y rotos.
No queremos salir de casa para no tener que contar una y otra vez nuestro dolor, pero las paredes se nos caen encima, nos devora el tiempo que no pasa y se queda clavado en el centro del alma dando vueltas y vueltas y vueltas.
No sirven ni siquiera los amigos, pues uno no encuentra consuelo posible y solo le gustaría que todo fuera un mal sueño y que a la mañana siguiente, al despertar, todo hubiera terminado. Ante eso los consejos son inútiles casi dañan más, y una garra de uñas de acero se agarra al pecho y anda por el estómago, o simplemente se llora sin ningún objeto, o todavía peor, uno siente que por dentro no hay nada más, que con ella se fue la alegría, las ganas de vivir , los planes, las ansias de verla, la angustia para pase el tiempo rápido.
Solo queda un mundo descolorido, sin aromas, sin forma siquiera, y uno pisa sin sentir el suelo, pues la palabra mañana es un cuchillo que se clava dentro.
Quién no lo haya sentido no sabe de lo que se ha librado.
Pura desesperación.
Angustias.
Un motor inmóvil
imágenes que vuelven una y otra vez a la memoria repitiéndose como una película sin sonido. Imágenes que son como brasas ardiendo.

Es una locura estando cuerdo que te hunde en la melancolía tras pasar por la rabia. Luces con filo en el vientre para luego desvanecerse todo. ¿Amor?, quién ha dicho eso; el amor no existe, es una pura y maldita venganza. ¿Cómo puede morirse uno por la falta de una sola mirada?


Segunda parte



martes, 17 de julio de 2018

ÁNIMA MUNDI. LUIS. LA FIESTA


La penúltima semana deagosto eran las fiestas del Real, con mucho las mejores de toda la zona.
El Real era un pueblo grande, lleno de veraneantes, y sus fiestas eran el final del verano, por lo que tenían un aroma a despedida que, sin embargo, siempre andábamos esperando. Puestos de comida, de tiro, coches de choque, orquesta e, incluso, fuegos artificiales el domingo por la noche.
El verano se acababa y por las noches ya empezaba a refrescar, pero esta vez no había nostalgia; eran mis primeras fiestas con pareja.
Cuántas veces había pensado en algo como aquello mientras veía a otros más mayores que yo paseando agarrados con sus parejas enmedio del gentío. Debía de ser fantástico estar así, disfrutando juntos. Así me imaginaba el futuro.
El Real está lejos para ir andando, y conseguimos que los padres de Bea nos llevaran en coche. Luego nos recogerían  a las 9 pues Sabrina no podía llegar más allá de las 9: 30 a su casa.

- Con cuidadito, ¿eh? – nos dijeron sus padres al dejarnos junto a la plaza.

- Claro – dijimos los cuatro muy serios.
Todavía era pronto y la gente estaba comenzando a salir con desgana, pero a mi me daba lo mismo. Por primera vez desde que empezamos a salir no teníamos que andarnos escondiendo en la urbanización o en las piedras del Fumadero para que su padre no se enterará de lo nuestro.

- ¿Pero tú estás segura de que no te dejaría salir conmigo? - la había preguntado en alguna ocasión.

- Demasiado segura - me contestaba siempre.

Estamos alerta todas las tardes mientras paseamos por la urbanización desierta no fuera a ser que alguien nos viera, saltandonos apresuradamente las manos cuando nos encontramos con alguien del pueblo 

- ¿Tú crees que nos ha visto? - me preguntaba ella aterrorizada.
- Espero que no.



Por eso aquella tarde fue algo tan especial. Podíamos ir juntos, agarrados de la mano, y darnos un pequeño beso en plena calle, rodeados de gente y sin preocuparnos

Ahora que lo recuerdo debíamos parecer cuatro niños jugando a ser mayores en medio de la fiesta. Compramos churros aunque a nadie nos gustaban demasiado, probamos sin éxito en la tómbola y tiramos con las escopetas trucadas hasta que conseguimos un peluches para cada una de nuestras chicas.

Como gran remate de las fiestas   montamos en los coches de choque, cada uno con sus pareja. 

En uno de los topetazos Bea perdió una zapatilla y hubo que parar toda la pista para que la pudiera volver a recoger y yo la volví a dar a Gema cinta verde del pelo que nos había servido para conocernos y que desde entonces había tenido enredada en un bolsillo como el mayor de mis trofeos.
Realmente parecía que vivíamos dentro de una película aunque lo que no sabía es que los títulos de crédito estaban a punto de llegar.



Lo que apenas pudimos fue a bailar, pues la música comenzó a las 8: 30 y a las 9 ya nos vinieron a recoger los padres de Bea.

Aún así recuerdo su cintura abrasada, su cabeza apoyada en mi hombro aunque ella fuera  un poco más alta que yo, con su aliento en mi cuello.
Cómo no recordarlo. Saber que uno se volvía mayor de repente y salía y entraba con tu chica a tu lado, riéndose con Secretario, una Chochona,mientras se encendían los primeros cigarros sin miedo (tampoco) a ser descubierto y en el aire cada vez más fresco de la primera noche se encendían las luces de los puestos y flotaba, entre el olor a churros, otro aroma aún más intenso



Era una liberad pequeña, un yo ya no soy un niño, miradnos, es mi chica. ¿Qué, no lo creeis? Yo tampoco aún me lo creo. Me sigue pareciendo imposible que alguien como ella se haya fijado en mi. Como en una novela, un cuento no infantil.
Quién me lo iba a decir unas semanas antes cuando perseguía (pero sólo en pensamientos) a Mercedes, esperando lo que nunca llegaría a ocurrir, o a Inma, pasando las horas muertas junto al campo de baloncesto de la Junta Municipal, esperando que ella me mirase (nunca lo hizo) y todos los sueños, morosamente construidos durante  el día, se derrumbaban al caer la noche, desvaneciéndose como humo. Todas las palabras que le diría, los gestos justos que las acompañarían mientras la cogiera de las manos y la besara después; fantasías al calor de una primavera que se estrellaban contra la tozuda realidad de un chico demasiado tímido.

Pero ahora estaba allí, con ella de la mano, y era tan feliz que, lógicamente, eso no era posible.





lunes, 16 de julio de 2018

ÁNIMA MUNDI. EL PRIMER BESO

Igual que el primer día de las manos, la tarde en la que abracé la cintura, no quise soltarla, y ya con la noche sobre nosotros, nos acercamos a las piedras del Fumadero e hice malabares para mantenerla junto a mi.

Apoyé mi cabeza en su muslo y pase el brazo por detrás de su cintura.

Su larguísimo pelo rubio caía a ambos lados de su camiseta azul.
Detrás suyo estaba el cielo agujereado de estrellas, y sus ojos eran verdes, lejanamente tristes, con un lunar traslúcido en el párpado izquierdo, como una pequeña lágrima.

Hasta entonces no había conseguido el valor de mirarla de frente y continuo, y ella iluminó la escena con una suave sonrisa y abandonó mi mano para llevarla a mi pelo.
Sus dedos se enredaron en él, moviéndose lentamente desde la frente hacia la nuca.
- Me encanta tu pelo. Negro y rizado. ¿Sabes que fue lo primero que me fijé de ti?
- ¿Cuando era el Soldado Desconocido?
- Sí. Tu pelo y tus ojos negros.
La conversación podría haber continuado pero la caricia de su mano se acompañó de una suave inclinación de su cabeza.
Vi sus labios finos, con una pequeña sonrisa acunada que los dejaba entreabiertos.
Y siguió así nuestra película partícular. 

Fue mi primer beso. (¿Qué hacer una vez acercado los labios?)
Sentí su aliento junto a mi rostro, su respiración agitada, y giré la cabeza como se hacía en las películas para ... Como un pajarillo sentí la punta de su lengua entrando en mi boca.
Fue un pequeño río, un mar inmenso que me recorrió mientras sobre nuestras cabezas llovían estrellas.
La abrazaba con desespero, hasta hacerla daño.
- Espera - me dijo mientras se tumbaba a mi lado.
Y yo sonámbulo.
Se puso sobre mi y sentí sus pechos sobre los míos mientras me volvía a besar.
Besar.
Besar.
Un beso sin fin que eran como cientos de palabras comprimidas: miradas, una cinta azul del pelo,las manos agarradas, el abrazo de su cintura.
Bandadas de pájaros por el pecho.
Nubes pasando y la piel eléctrica.
Su cuerpo sobre el mío y dos lenguas que se tocan, bailan despacio, se buscan y se pierden.
¿Para qué respirar siquiera?

Un beso larguísimo, sobre todo por ser el primero.
Durante todo aquel tiempo nuestros cuerpos fueron aprendiendo amoldarse. Las manos se conocieron. Hubo tiempo para todo.
A veces parecía que iba a acabarse y nuestros labios se iban separando, pero ellos querían más, y un beso pequeño en la comisura era suficiente para que todo volviera a comenzar, una y otra vez.
Cuándo al fin nos separamos ella dejó su cara muy cerca de mí. Desde entonces no he podido olvidar esa mirada, creo que es la más bella que jamás me han dedicado.
Comprendí entonces muchas novelas que había leído sin entender. Supe como uno puede verse en los ojos de una mujer y, al contrario que en los espejos, embellecerse por la calidez de sus ojos verdes
- Es todo tan bonito que me da miedo que se acabe - me dijo entonces.
Yo no supe responder a eso y solo la pude atraer hacia mí para volverla a besar.
-No, por favor, espera un poco. Quiero que me abraces muy fuerte, como si fuera la última vez.
Sus pechos se aplastaron contra los míos pero aún era tan inocente que confundí la primera excitación sexual con un malestar sin motivo.
- Eres lo mejor que me ha pasado en mi vida - me dijo mientras comenzaba a llorar muy despacio.
Su cuerpo temblaba y una lágrima cayo sobre mi cara
- Abrázame fuerte, por favor, abrázame mucho, siempre. No te olvides nunca de este día - me dijo susurrando, entre pequeños hipos.





viernes, 13 de julio de 2018

ÁNIMA MUNDI. ANDAR ABRAZADOS

Como decía Ciprián, siempre tan preciso en sus palabras, lo nuestro fue, como toda historia de un primer amor, un carrusel de milagros pequeños y carnales que nos dejaban sin poder respirar, agarrados al pecho como aves de colores que revoloteaban junto al corazón estremecido.

De entre todos, el pájaro más bello y sofocante sucedió un día después de la tarde de las manos, en las piedras del fumadero.

Paseábamos por aquellas mismas calles que olían, en la tarde, a jardines recién regados, con un punto acre de los aromas de las arizónicas.

Cuando nos supimos lo suficientemente lejos del pueblo, nos tomamos de las manos, con la naturalidad de amantes consumados😂

Fue algo tan sencillo que el gesto se llenó de ternura. Ya no dolía en el pecho la otra piel; era un lugar conocido y tierno, un paisaje de brisa suave que vuelve a recorrerse viendo crecer las flores entre la hierba, mientras las nubes blancas se deslizan y el agua corre por los arroyos.

Ya podíamos hablar y mirarnos mientras nos agarramos, y los dedos se habían destensado y jugaban entre sí como conocidos antiguos.

Yo jugaba con el pulgar en su palma, como si quisiera leer las líneas de su destino, y hablábamos de todo y nada cuando su mano retrocedió hacia su espalda y llevó la mía hasta su cintura. Allí desenredo sus dedos, haciéndome posar los míos sobre la curva suave de su cintura.

Y volaron pájaros de nuevo bajo la presión de aquella carne trémula.

Su mano, tras abandonarme en ella, también me ciñó.
Nuestros cuerpos se acoplaron entonces como dos piezas que una vez se recortaran.
Lo había visto en las películas😄. Las parejas se enlazaban de esa manera y andaban por las ciudades.
Y, de repente, yo también lo hacía.
Ahora parece absurdo pero todas aquellas cosas eran pasos gigantescos que te sacaban de la niñez y te introducían el mundo de los adultos. De espectador se pasaba repentinamente a actor de una película propia. Protagonista absoluto de una historia con la actriz más bella que uno pudiera esperar.
Luces de atardecer de verano, cuerpos amarrados.
Que suene nuestra canción, por favor. Culture club. Karma Chameleon.
Otro día seguimos.

El primer beso

jueves, 12 de julio de 2018

ÁNIMA MUNDI. UNAS MANOS ENTRELAZADAS

Junto al pueblo había una gran urbanización de chalets para los veraneantes. Su calle principal hacia un ocho gigante, con numerosas calles transversales tapizadas de muros ciegos de arizónicas y yedras.

Este fue el escenario de su primer amor.

Eran tardes largas de paseos interminables en donde había más silencios que palabras.
De siete a nueve se miraban, sonreían y apenas si sabían qué hacer con toda aquella historia que les había enredado.
Pero un día los dedos se tocaron y hubo un destello eléctrico. Se separaron las manos de golpe, pero dos calles más allá ya se estaban buscando, una y otra vez, como si estuvieran imantadas.
Tardaron varias calles, tropezando con su propia torpeza, pero al final consiguieron aferrarse, primero una palma contra otra, ya cayendo el sol, entrelazando los dedos después.
Cuando lo consiguieron se sintieron ...

Realmente entonces no le pudieron poner palabras. El contacto con aquella otra piel era tan dulce que abrasaba. Algo tan extraño y maravilloso que no se atrevían a mirarse a los ojos, ni siquiera hablar podían.
Solo seguían andando con el sol a sus espaldas, viendo sus siluetas alargadas por el atardecer y amarradas con una furia desesperada de aquellas manos calientes que les hacía arder el pecho.
La felicidad debía de ser eso. Aquella palabra hasta entonces solo leída en las novelas se resumía en el tacto inesperado de esos dedos, del sudor que los envolvía.

A las nueve y veinte nos despedimos un poco antes de llegar a su su casa (mejor no acercarnos más no vaya a ser que nos vean).
- Bueno.... - qué maldita cosa se puede decir en esos momentos -. ¿Mañana volvemos a quedar a las 7 de las piedras del Fumadero?
-Claro
Y de nuevo el silencio.
- Bueno yo me tengo que ir
- Sí claro
Y por todas despedida la volví a tomar de la mano.
Nuestros dedos se enredaron por voluntad propia y nosotros solamente nos quedamos mirándolos.
Que otra cosa se podía hacer.
- Me lo he pasado muy bien
- Yo también
- Bueno... Pues hasta mañana
- Adiós - me decía sin querer soltar la mano
- Vas a llegar tarde
- Sí es verdad. Me voy ya.
- A las 7
- Si no te preocupes - dijo al fin soltando mi mano.
Luego se volvió dio dos pasos pero enseguida se dio la vuelta
- Luis - dijo tocándose la mano-. ¿Esto quiere decir que estamos saliendo verdad?
- Sí.... Si tú quieres
Y me regaló una suave sonrisa
- Hasta mañana. Sueña con los angelitos.
Y cuánto habría dado por tener la valentía de decir el ángel ya lo tengo a mi lado. En vez de eso ,simplemente:
- Lo intentaré

Aquella noche, mientras intentaba dormir sin conseguirlo, Luis notaba aún, en los pulsos de su mano agarrotada, la presencia absoluta de ella como una herida en el corazón que ya nunca más sanaría.





miércoles, 11 de julio de 2018

ÁNIMA MUNDI. LUIS. UNA CHAPA DE ACDC


Luis tardó un buen rato en llegar volver a la plaza.
- Pero ¿qué te ha pasado? – preguntó César que me esperaba nervioso en la plaza.
- Ya te contaré más tarde. ¿Dónde están?
- Dicen que nos esperan en las piedras del fumadero.
- ¿Por qué?
- No sé, me ha dicho Bea…
- ¿Bea?
- Su amiga.
- ¿Y cómo lo sabes?
- Uno que tiene sus contactos, chaval.
(Realmente, a Luis le habría encantado tener un poco de su arrojo y su gracia)
- Venga, te voy contando mientras vamos para allá.
Las piedras del fumadero, entonces, estaban un tanto  retiradas del pueblo.
Ahora diríamos que se trataba de un  berrocal de granito con grandes bloques, como un pequeño castillo. Si se trepaba por ellos, en su interior se descubría una pequeña hoya semicircular que se abría hacia el valle, en aquellos tiempos sin edificación alguna. Desde él, por las noches, se adivinaba hacia el sur  el resplandor difuso de las luces de Madrid.
- Está abajo –dijo Bea al verles
César se fue hacia ella y Luis se quedó solo ante el peligro.
Por un momento pensó en marcharse. Le dolía el pecho y aún andaba con el estómago revuelto, pero en su mano sudorosa llevaba agarrada la chapa de AC DC con el imperdible abierto que se le clavaba en la palma.
César y Bea ya habían desaparecido y Luis sintió sus tripas sonando.
- Mira tu que si…- se dijo.
Estaba sudando y llevaba toda la camiseta mojada por su espalda. Vaya pinta. Para una vez que… Se dio media vuelta, pero antes de dar un paso ya se había arrepentido. ¿Cuándo se iba a fijar en él una chica como esa?
La chapa se clavaba en su palma pero él la apretó aún más. No se lo perdonaría nunca. Si ahora me voy seré el imbécil más grande del mundo, y volvió a girarse y empezó a trepar por las piedras mientras sentía las piernas de goma.
Cuando llegó arriba quiso… Pero ella estaba allí, de espaldas, y el sol relumbraba en su melena rubia.
- No, no puedo ser tan tonto – se dijo, y empezó a bajar hacia ella.
- Hola – gritó.
Ella se volvió y le sonrió.
- Traigo la chapa
Se sentó junto a ella y se la ofreció como si fuera un anillo verdadero.
- Toma.
- Gracias.
- Me llamo Luis.
- Ya lo sé – le respondió con una media sonrisa -. Yo soy Sabrina.
Y quedaron en silencio, sin saber muy bien qué decirse, mirando hacia el horizonte.
- Me gusta mucho este sitio – le dijo al fin ella -. Por la noche, hacia allá, se ven las luces de Madrid.
- Ya lo sé – la respondió.
- ¿Damos un paseo por la urbanización?
- Claro.
Y sin otras palabras más, ese quince de agosto, comenzaron a verse todos los días, quedando a las siete en las piedras del Fumadero.
Luis lo apuntaría un tiempo después en una libreta azul, tamaño cuartilla, pero lo que nunca se atrevió a escribir es que, llegando a casa las tripas se le torcieron con el retortijón más grande de su vida, y tuvo que encerrarse en el baño varios minutos sintiendo que se moría de amor…. Y mierda


                                     Luis. Soldado Desconocido




martes, 10 de julio de 2018

ÁNIMA MUNDI. LUIS. EL REGALO


-  Que dice Sabrina que te la regala.
Se había acercado su amiga a ellos mientras ella quedaba unos metros atrás.
- Te regala la cinta, pero a cambio de algo.
- ¿De qué?
- Quiere algo tuyo.
- ¿El qué?
- La chapa de AC DC.
- ¿Y para qué la quiere?
- Ah, eso es cosa suya. ¿Se la das?
Yo, evidentemente, hubiera querido hacerme el duro, y en vez de eso dije:
- Ahora mismo vuelvo.
Y salí corriendo hacia la casa.
- Y tú, ¿no quieres un regalo también? – dijo César aprovechando la ocasión
- ¿Qué me ofreces?
- Tengo esta pulsera.
- ¿Y a cambio?
- Empieza por decirme tu nombre, que todavía no lo sé.
- Bea.
- Yo soy César.
- Ya lo sé – dijo precipitadamente, y ya se estaba arrepintiendo cuando César le ganó con una de esas sonrisas encantadoras de serpientes que tenía.
- Toma. ¿Puedo pedir otro deseo por la pulsera?
- Me parece que vas demasiado rápido, ¿no crees?
- Quizás – dijo César replegando velas -. Y tu amiga, ¿por qué no viene con nosotros?
- Está su padre por la plaza y no quiere problemas. No le gusta que esté con chicos.
- ¿Y a ti si te dejan?
- Si son buenos chicos… Bueno, dile a Luis…
- ¡También sabéis como se llama!
- Claro, ¿qué te crees? Tenemos nuestros contactos.
- Ya lo veo.
- Bueno, que le digas a Luis que vaya a las piedras del Fumadero. ¿Sabes dónde están?
- Claro. Nosotros también tenemos nuestros contactos.
Ambos se rieron. (¡Cuánto me hubiera gustado ser como César!)





lunes, 9 de julio de 2018

ÁNIMA MUNDI. LUIS. LOS COMIENZOS DE UN AMOR

Nos criamos en el mismo barrio y a los 12 ya éramos amigos


A los 14 nos volvimos heavys de chupa vaquera de chapas de ACDC, de Iron Maiden y de Scorpión, y muchos sábados íbamos a los bajos de Aurrerá con los pantalones ceñidos y unas botas camperas que era nuestro máximo trofeo de los regalos de Reyes
Fue por aquel tiempo cuando sus padres compraron un piso en la sierra y Luis comenzó alternar los fines de semana en Madrid con los de aquel pueblecito en donde la conocería.

Sus largos cabellos rubios, sus profundos ojos verdes, aquel cuerpo de ensueño le parecían imposibles para un muchacho tan tímido como él. Pero a veces ocurren milagros que marcan una vida entera, y fue ella la que se encaprichó de él y, sin otro motivo que sus trece años comenzó a perseguirlo, acompañada de su amiga Bea.
El Soldado Desconocido, le llamaba ella en las semanas de aquel verano que ocupó en perseguirlo, casi como un juego, luchando contra su timidez enfermiza, haciéndose una y otra vez la encontradiza, 

Luis iba con su amigo César, siempre más guapo que él, con aquellos ojos de un azul rabioso.
Cesar era más alto, más simpático, jugaba mejor al fútbol, pero contra todo pronóstico, la amiga menos despampanante terminaría con él mientras Luis ganaba el premio gordo de la lotería y, un quince de agosto, comenzaron a salir.

Entre medias ocurrieron muchas pequeñas cosas que, para aquellos dos adolescentes, fueron el guión más excitante de su vida. 
Hubo una cinta de pelo azul, una especie de cordón trenzado que, cuando ya habían atravesado las primeras barreras y se saludaban al encontrarse por la plaza, se le ¿cayó? a su dueña y Luis recogió sin querérselo devolver pese a sus ruegos.
- Yo lo he encontrado en el suelo.
- Pero es mío, dámelo - dijo ella intentándoselo arrebatar
Por primera vez notó el tacto de sus manos en aquella blanda batalla sin bajas (al menos por el momento) que les tuvo entretenidos toda la tarde de tonterías, usando el litigio del cordón para cuando la conversación languidecía.

Esa noche Luis durmió agarrado a ella sin saber la prisión en la que estaba entrando. Sólo sentía el corazón desbocado y un peso enorme en la boca del estómago, pues era la primera vez que se encontraba tan cerca de una chica.
- Es que le gustas – le decía César una y otra vez, mientras peloteaban con el balón,
Luis lo negaba, aunque su alma saltaba de golpe al oírlo.
- Déjate de tonterías, César. ¿Cómo se va a fijar en mi una chica tan guapa?
- Eso digo yo – le contestaba César riendo, ganándose un buen pelotazo -. Pero es como te digo, hazme caso.
- ¿Y no será su amiga la que te persiga a ti?
- Eso espero, porque cada vez me gusta más. ¿Has visto qué pelo tiene? ¡Qué vas a darte cuenta, si desde que las conocemos estás alelado!

Entre estas conversaciones pasaban las horas dándoles toques al balón, estratégicamente colocados en el rincón de la plaza por donde ellas pasaban todas las tardes a eso de las siete.

Así fue como comenzó su Verano Azul particular, en un pueblo sin mar, bañados por un sol inclemente.