Su obra, iniciada en el medio urbano, poco a poco ha ido evolucionando a formatos más comercializables, aunque sin perder su gusto por la espontaneidad, el trazo y el color del grafftti.
Su trabajo juega con el dibujo automático surrealista (y expresionistas abstractos) pero también con fuertes patrones musicales basados en el ritmo (tanto en esto como en la propia caligrafía tiene fuertes recuerdos islámicos)
Intensidad, vibración de la luz y el color; emoción y energía que se controla por un latido interior que reordena el caos. Todo esto le podría definir
































