Una de las primeras botellas de Coca-cola que hizo Warhol nos habla de muchas cuestiones.
En realidad es una representación (una falsedad, como sus cajas Brillo) que se aleja demasiado de lo fotográfico. A poco que nos acerquemos vemos las pinceladas largas y duras que se extienden por toda la obra, como un homenaje a su némesis, Pollock?
Y esto no es una obra aislada. Si seguimos con sus Coca-colas, ya serigrafiadas, hay una obsesión porque la imagen no sea industrial, y color y líneas no concuerdan.
Las fotos suelen ser extraídas de periódicos que luego son proyectadas a tamaño mucho mayor sobre papel fotográfico en donde el propio artista dibujará, reforzando unas líneas y olvidando otras, potenciado o eliminando claroscuros hasta conseguir despersonalizar la imagen, convertirla en un icono y tratarla como tal.
En todo este proceso se ha perdido gran parte del realismo, la imagen se ha cosificado para convertirse en más real que la realidad, con una mayor aura que le proporcionan las líneas básicas y, sobre todo, el colorido contrastado, en absoluto naturalistas.
Se ha producido el milagro de la realidad transformada y lista para ser consumida (aunque el espectador encontrará muchas espinas en donde creía que un puro objeto industrial, liso y brilllante; hay muchas sombras, miedos, manipulaciones, rugosidades...)









































