lunes, 16 de julio de 2018

ÁNIMA MUNDI. EL PRIMER BESO

Igual que el primer día de las manos, la tarde en la que abracé la cintura, no quise soltarla, y ya con la noche sobre nosotros, nos acercamos a las piedras del Fumadero e hice malabares para mantenerla junto a mi.

Apoyé mi cabeza en su muslo y pase el brazo por detrás de su cintura.
Su larguísimo pelo rubio caía a ambos lados de su camiseta azul.
Detrás suyo estaba el cielo agujereado de estrellas, y sus ojos eran verdes, lejanamente tristes, con un lunar traslúcido en el párpado izquierdo, como una pequeña lágrima.

Hasta entonces no había conseguido el valor de mirarla de frente y continuo, y ella iluminó la escena con una suave sonrisa y abandonó mi mano para llevarla a mi pelo.
Sus dedos se enredaron en él, moviéndose lentamente desde la frente hacia la nuca.
- Me encanta tu pelo. Negro y rizado. ¿Sabes que fue lo primero que me fijé de ti?
- ¿Cuando era el Soldado Desconocido?
- Sí. Tu pelo y tus ojos negros.
La conversación podría haber continuado pero la caricia de su mano se acompañó de una suave inclinación de su cabeza.
Vi sus labios finos, con una pequeña sonrisa acunada que los dejaba entreabiertos.
Y siguió así nuestra película partícular. 

Fue mi primer beso. (¿Qué hacer una vez acercado los labios?)
Sentí su aliento junto a mi rostro, su respiración agitada, y giré la cabeza como se hacía en las películas para ... Como un pajarillo sentí la punta de su lengua entrando en mi boca.
Fue un pequeño río, un mar inmenso que me recorrió mientras sobre nuestras cabezas llovían estrellas.
La abrazaba con desespero, hasta hacerla daño.
- Espera - me dijo mientras se tumbaba a mi lado.
Y yo sonámbulo.
Se puso sobre mi y sentí sus pechos sobre los míos mientras me volvía a besar.
Besar.
Besar.
Un beso sin fin que eran como cientos de palabras comprimidas: miradas, una cinta azul del pelo,las manos agarradas, el abrazo de su cintura.
Bandadas de pájaros por el pecho.
Nubes pasando y la piel eléctrica.
Su cuerpo sobre el mío y dos lenguas que se tocan, bailan despacio, se buscan y se pierden.
¿Para qué respirar siquiera?

Un beso larguísimo, sobre todo por ser el primero.
Durante todo aquel tiempo nuestros cuerpos fueron aprendiendo amoldarse. Las manos se conocieron. Hubo tiempo para todo.
A veces parecía que iba a acabarse y nuestros labios se iban separando, pero ellos querían más, y un beso pequeño en la comisura era suficiente para que todo volviera a comenzar, una y otra vez.
Cuándo al fin nos separamos ella dejó su cara muy cerca de mí. Desde entonces no he podido olvidar esa mirada, creo que es la más bella que jamás me han dedicado.
Comprendí entonces muchas novelas que había leído sin entender. Supe como uno puede verse en los ojos de una mujer y, al contrario que en los espejos, embellecerse por la calidez de sus ojos verdes
- Es todo tan bonito que me da miedo que se acabe - me dijo entonces.
Yo no supe responder a eso y solo la pude atraer hacia mí para volverla a besar.
-No, por favor, espera un poco. Quiero que me abraces muy fuerte, como si fuera la última vez.
Sus pechos se aplastaron contra los míos pero aún era tan inocente que confundí la primera excitación sexual con un malestar sin motivo.
- Eres lo mejor que me ha pasado en mi vida - me dijo mientras comenzaba a llorar muy despacio.
Su cuerpo temblaba y una lágrima cayo sobre mi cara
- Abrázame fuerte, por favor, abrázame mucho, siempre. No te olvides nunca de este día - me dijo susurrando, entre pequeños hipos.

La fiesta




viernes, 13 de julio de 2018

ÁNIMA MUNDI. ANDAR ABRAZADOS

Como decía Ciprián, siempre tan preciso en sus palabras, lo nuestro fue, como toda historia de un primer amor, un carrusel de milagros pequeños y carnales que nos dejaban sin poder respirar, agarrados al pecho como aves de colores que revoloteaban junto al corazón estremecido.

De entre todos, el pájaro más bello y sofocante sucedió un día después de la tarde de las manos, en las piedras del fumadero.

Paseábamos por aquellas mismas calles que olían, en la tarde, a jardines recién regados, con un punto acre de los aromas de las arizónicas.

Cuando nos supimos lo suficientemente lejos del pueblo, nos tomamos de las manos, con la naturalidad de amantes consumados😂

Fue algo tan sencillo que el gesto se llenó de ternura. Ya no dolía en el pecho la otra piel; era un lugar conocido y tierno, un paisaje de brisa suave que vuelve a recorrerse viendo crecer las flores entre la hierba, mientras las nubes blancas se deslizan y el agua corre por los arroyos.

Ya podíamos hablar y mirarnos mientras nos agarramos, y los dedos se habían destensado y jugaban entre sí como conocidos antiguos.

Yo jugaba con el pulgar en su palma, como si quisiera leer las líneas de su destino, y hablábamos de todo y nada cuando su mano retrocedió hacia su espalda y llevó la mía hasta su cintura. Allí desenredo sus dedos, haciéndome posar los míos sobre la curva suave de su cintura.

Y volaron pájaros de nuevo bajo la presión de aquella carne trémula.

Su mano, tras abandonarme en ella, también me ciñó.
Nuestros cuerpos se acoplaron entonces como dos piezas que una vez se recortaran.
Lo había visto en las películas😄. Las parejas se enlazaban de esa manera y andaban por las ciudades.
Y, de repente, yo también lo hacía.
Ahora parece absurdo pero todas aquellas cosas eran pasos gigantescos que te sacaban de la niñez y te introducían el mundo de los adultos. De espectador se pasaba repentinamente a actor de una película propia. Protagonista absoluto de una historia con la actriz más bella que uno pudiera esperar.
Luces de atardecer de verano, cuerpos amarrados.
Que suene nuestra canción, por favor. Culture club. Karma Chameleon.
Otro día seguimos.

El primer beso

jueves, 12 de julio de 2018

ÁNIMA MUNDI. UNAS MANOS ENTRELAZADAS

Junto al pueblo había una gran urbanización de chalets para los veraneantes. Su calle principal hacia un ocho gigante, con numerosas calles transversales tapizadas de muros ciegos de arizónicas y yedras.

Este fue el escenario de su primer amor.

Eran tardes largas de paseos interminables en donde había más silencios que palabras.
De siete a nueve se miraban, sonreían y apenas si sabían qué hacer con toda aquella historia que les había enredado.
Pero un día los dedos se tocaron y hubo un destello eléctrico. Se separaron las manos de golpe, pero dos calles más allá ya se estaban buscando, una y otra vez, como si estuvieran imantadas.
Tardaron varias calles, tropezando con su propia torpeza, pero al final consiguieron aferrarse, primero una palma contra otra, ya cayendo el sol, entrelazando los dedos después.
Cuando lo consiguieron se sintieron ...

Realmente entonces no le pudieron poner palabras. El contacto con aquella otra piel era tan dulce que abrasaba. Algo tan extraño y maravilloso que no se atrevían a mirarse a los ojos, ni siquiera hablar podían.
Solo seguían andando con el sol a sus espaldas, viendo sus siluetas alargadas por el atardecer y amarradas con una furia desesperada de aquellas manos calientes que les hacía arder el pecho.
La felicidad debía de ser eso. Aquella palabra hasta entonces solo leída en las novelas se resumía en el tacto inesperado de esos dedos, del sudor que los envolvía.

A las nueve y veinte nos despedimos un poco antes de llegar a su su casa (mejor no acercarnos más no vaya a ser que nos vean).
- Bueno.... - qué maldita cosa se puede decir en esos momentos -. ¿Mañana volvemos a quedar a las 7 de las piedras del Fumadero?
-Claro
Y de nuevo el silencio.
- Bueno yo me tengo que ir
- Sí claro
Y por todas despedida la volví a tomar de la mano.
Nuestros dedos se enredaron por voluntad propia y nosotros solamente nos quedamos mirándolos.
Que otra cosa se podía hacer.
- Me lo he pasado muy bien
- Yo también
- Bueno... Pues hasta mañana
- Adiós - me decía sin querer soltar la mano
- Vas a llegar tarde
- Sí es verdad. Me voy ya.
- A las 7
- Si no te preocupes - dijo al fin soltando mi mano.
Luego se volvió dio dos pasos pero enseguida se dio la vuelta
- Luis - dijo tocándose la mano-. ¿Esto quiere decir que estamos saliendo verdad?
- Sí.... Si tú quieres
Y me regaló una suave sonrisa
- Hasta mañana. Sueña con los angelitos.
Y cuánto habría dado por tener la valentía de decir el ángel ya lo tengo a mi lado. En vez de eso ,simplemente:
- Lo intentaré

Aquella noche, mientras intentaba dormir sin conseguirlo, Luis notaba aún, en los pulsos de su mano agarrotada, la presencia absoluta de ella como una herida en el corazón que ya nunca más sanaría.





miércoles, 11 de julio de 2018

ÁNIMA MUNDI. LUIS. UNA CHAPA DE ACDC


Luis tardó un buen rato en llegar volver a la plaza.
- Pero ¿qué te ha pasado? – preguntó César que me esperaba nervioso en la plaza.
- Ya te contaré más tarde. ¿Dónde están?
- Dicen que nos esperan en las piedras del fumadero.
- ¿Por qué?
- No sé, me ha dicho Bea…
- ¿Bea?
- Su amiga.
- ¿Y cómo lo sabes?
- Uno que tiene sus contactos, chaval.
(Realmente, a Luis le habría encantado tener un poco de su arrojo y su gracia)
- Venga, te voy contando mientras vamos para allá.
Las piedras del fumadero, entonces, estaban un tanto  retiradas del pueblo.
Ahora diríamos que se trataba de un  berrocal de granito con grandes bloques, como un pequeño castillo. Si se trepaba por ellos, en su interior se descubría una pequeña hoya semicircular que se abría hacia el valle, en aquellos tiempos sin edificación alguna. Desde él, por las noches, se adivinaba hacia el sur  el resplandor difuso de las luces de Madrid.
- Está abajo –dijo Bea al verles
César se fue hacia ella y Luis se quedó solo ante el peligro.
Por un momento pensó en marcharse. Le dolía el pecho y aún andaba con el estómago revuelto, pero en su mano sudorosa llevaba agarrada la chapa de AC DC con el imperdible abierto que se le clavaba en la palma.
César y Bea ya habían desaparecido y Luis sintió sus tripas sonando.
- Mira tu que si…- se dijo.
Estaba sudando y llevaba toda la camiseta mojada por su espalda. Vaya pinta. Para una vez que… Se dio media vuelta, pero antes de dar un paso ya se había arrepentido. ¿Cuándo se iba a fijar en él una chica como esa?
La chapa se clavaba en su palma pero él la apretó aún más. No se lo perdonaría nunca. Si ahora me voy seré el imbécil más grande del mundo, y volvió a girarse y empezó a trepar por las piedras mientras sentía las piernas de goma.
Cuando llegó arriba quiso… Pero ella estaba allí, de espaldas, y el sol relumbraba en su melena rubia.
- No, no puedo ser tan tonto – se dijo, y empezó a bajar hacia ella.
- Hola – gritó.
Ella se volvió y le sonrió.
- Traigo la chapa
Se sentó junto a ella y se la ofreció como si fuera un anillo verdadero.
- Toma.
- Gracias.
- Me llamo Luis.
- Ya lo sé – le respondió con una media sonrisa -. Yo soy Sabrina.
Y quedaron en silencio, sin saber muy bien qué decirse, mirando hacia el horizonte.
- Me gusta mucho este sitio – le dijo al fin ella -. Por la noche, hacia allá, se ven las luces de Madrid.
- Ya lo sé – la respondió.
- ¿Damos un paseo por la urbanización?
- Claro.
Y sin otras palabras más, ese quince de agosto, comenzaron a verse todos los días, quedando a las siete en las piedras del Fumadero.
Luis lo apuntaría un tiempo después en una libreta azul, tamaño cuartilla, pero lo que nunca se atrevió a escribir es que, llegando a casa las tripas se le torcieron con el retortijón más grande de su vida, y tuvo que encerrarse en el baño varios minutos sintiendo que se moría de amor…. Y mierda


                                     Luis. Soldado Desconocido




martes, 10 de julio de 2018

ÁNIMA MUNDI. LUIS. EL REGALO


-  Que dice Sabrina que te la regala.
Se había acercado su amiga a ellos mientras ella quedaba unos metros atrás.
- Te regala la cinta, pero a cambio de algo.
- ¿De qué?
- Quiere algo tuyo.
- ¿El qué?
- La chapa de AC DC.
- ¿Y para qué la quiere?
- Ah, eso es cosa suya. ¿Se la das?
Yo, evidentemente, hubiera querido hacerme el duro, y en vez de eso dije:
- Ahora mismo vuelvo.
Y salí corriendo hacia la casa.
- Y tú, ¿no quieres un regalo también? – dijo César aprovechando la ocasión
- ¿Qué me ofreces?
- Tengo esta pulsera.
- ¿Y a cambio?
- Empieza por decirme tu nombre, que todavía no lo sé.
- Bea.
- Yo soy César.
- Ya lo sé – dijo precipitadamente, y ya se estaba arrepintiendo cuando César le ganó con una de esas sonrisas encantadoras de serpientes que tenía.
- Toma. ¿Puedo pedir otro deseo por la pulsera?
- Me parece que vas demasiado rápido, ¿no crees?
- Quizás – dijo César replegando velas -. Y tu amiga, ¿por qué no viene con nosotros?
- Está su padre por la plaza y no quiere problemas. No le gusta que esté con chicos.
- ¿Y a ti si te dejan?
- Si son buenos chicos… Bueno, dile a Luis…
- ¡También sabéis como se llama!
- Claro, ¿qué te crees? Tenemos nuestros contactos.
- Ya lo veo.
- Bueno, que le digas a Luis que vaya a las piedras del Fumadero. ¿Sabes dónde están?
- Claro. Nosotros también tenemos nuestros contactos.
Ambos se rieron. (¡Cuánto me hubiera gustado ser como César!)





lunes, 9 de julio de 2018

ÁNIMA MUNDI. LUIS. LOS COMIENZOS DE UN AMOR

Nos criamos en el mismo barrio y a los 12 ya éramos amigos


A los 14 nos volvimos heavys de chupa vaquera de chapas de ACDC, de Iron Maiden y de Scorpión, y muchos sábados íbamos a los bajos de Aurrerá con los pantalones ceñidos y unas botas camperas que era nuestro máximo trofeo de los regalos de Reyes
Fue por aquel tiempo cuando sus padres compraron un piso en la sierra y Luis comenzó alternar los fines de semana en Madrid con los de aquel pueblecito en donde la conocería.

Sus largos cabellos rubios, sus profundos ojos verdes, aquel cuerpo de ensueño le parecían imposibles para un muchacho tan tímido como él. Pero a veces ocurren milagros que marcan una vida entera, y fue ella la que se encaprichó de él y, sin otro motivo que sus trece años comenzó a perseguirlo, acompañada de su amiga Bea.
El Soldado Desconocido, le llamaba ella en las semanas de aquel verano que ocupó en perseguirlo, casi como un juego, luchando contra su timidez enfermiza, haciéndose una y otra vez la encontradiza, 

Luis iba con su amigo César, siempre más guapo que él, con aquellos ojos de un azul rabioso.
Cesar era más alto, más simpático, jugaba mejor al fútbol, pero contra todo pronóstico, la amiga menos despampanante terminaría con él mientras Luis ganaba el premio gordo de la lotería y, un quince de agosto, comenzaron a salir.

Entre medias ocurrieron muchas pequeñas cosas que, para aquellos dos adolescentes, fueron el guión más excitante de su vida. 
Hubo una cinta de pelo azul, una especie de cordón trenzado que, cuando ya habían atravesado las primeras barreras y se saludaban al encontrarse por la plaza, se le ¿cayó? a su dueña y Luis recogió sin querérselo devolver pese a sus ruegos.
- Yo lo he encontrado en el suelo.
- Pero es mío, dámelo - dijo ella intentándoselo arrebatar
Por primera vez notó el tacto de sus manos en aquella blanda batalla sin bajas (al menos por el momento) que les tuvo entretenidos toda la tarde de tonterías, usando el litigio del cordón para cuando la conversación languidecía.

Esa noche Luis durmió agarrado a ella sin saber la prisión en la que estaba entrando. Sólo sentía el corazón desbocado y un peso enorme en la boca del estómago, pues era la primera vez que se encontraba tan cerca de una chica.
- Es que le gustas – le decía César una y otra vez, mientras peloteaban con el balón,
Luis lo negaba, aunque su alma saltaba de golpe al oírlo.
- Déjate de tonterías, César. ¿Cómo se va a fijar en mi una chica tan guapa?
- Eso digo yo – le contestaba César riendo, ganándose un buen pelotazo -. Pero es como te digo, hazme caso.
- ¿Y no será su amiga la que te persiga a ti?
- Eso espero, porque cada vez me gusta más. ¿Has visto qué pelo tiene? ¡Qué vas a darte cuenta, si desde que las conocemos estás alelado!

Entre estas conversaciones pasaban las horas dándoles toques al balón, estratégicamente colocados en el rincón de la plaza por donde ellas pasaban todas las tardes a eso de las siete.

Así fue como comenzó su Verano Azul particular, en un pueblo sin mar, bañados por un sol inclemente. 




viernes, 6 de julio de 2018

ÁNIMA MUNDI. LOS PERSONAJES. LUIS, CONOCIDO COMO EL SOLDADO DESCONOCIDO

Conocido como El Soldado Desconocido, Luis siempre fue un romántico, con fuertes periodos de euforia seguidos y otro de grandes oscuridades

Incluso ahora a sus 50 años, pese a toda la vida vivida, seguía este carrusel emocional 

Y es que a él le hubiera gustado ser Solsona el malo, y otras veces Solsona la buena. Hubiera gustado escribir como García Márquez o ser alguna vez en la vida un cuadro de Tàpies 

Y tal vez en algún momento fue alguna de ellas cosas, aunque momentáneamente, pues su carácter sin fijeza que le impedía perseverar en las cosas lo suficiente para triunfar definitivamente en ellas 
Lo único que realmente le duró toda la vida fue el recuerdo de aquel amor adolescente que vivió con una intensidad tan devastadora que solo Neruda en sus Veinte poemas de amor y una canción desesperada supo captar 
Con él (con el amor, con los versos que devoró mientras ese sucedía) conoció las primeras delicias del sexo y los terribles infiernos del abandono en un carrusel de emociones encontradas qué muy probablemente marcaría su carácter de péndulo 
Entre praderas escondidas y el único pub de aquel pueblo sin mar navegó en sus ojos acuáticos como un naúfrago por mas de tres años con numerosos vacíos, pues ya se sabe que los hombres condenados a cien años de soledad no tienen una segunda oportunidad sobre la tierra

jueves, 5 de julio de 2018

ÁNIMA MUNDI. IMPLIQUEITOR


No sufra más; por fin ha llegado la solución definitiva. En los más sofisticados talleres de China, verdaderos y aplicados obreros en turnos de 12 horas han hecho al fin realidad sus sueños: Impliqueitor.
         De sencillo manejo, este magnífico invento verá con sus sensores digitales lo que a usted le está vedado. Sus sofisticados circuitos impresos hechos en oscuros sótanos atestados de bellos niños registrarán, analizarán y le harán el informe definitivo sobre el nivel de implicación de sus empleados.
         Ya no le serán necesarios esos antiestéticos agujeros en las paredes de los despachos, los siempre sospechosos micrófonos ocultos en los floreros de flores de plástico del Todo a Cien, las sutiles maniobras de aproximación andando de puntillas a los corrillos junto a la cafetera... ¡Se acabó todo! Impliqueitor le ahorrará todos estos engorrosos trabajos del buen dueño.
         Por sólo 600 euros (que podrá justificar en gastos de formación del personal), este ingenio asiático le permitirá una equilibrada política de personal y la satisfacción de unos sueños sólo plagados de verdades, sin sombra de sospecha alguna.

         Llámenos cuanto antes.

Lucas Corrralejo



miércoles, 4 de julio de 2018

Moraira


Es un pequeño paraíso tan cerca del atiborrado Calpe

Un aparcamiento fácil un castillo borbonico contra los piratas, calizas que entran en el mar y hacen lapiaces o una diminuta Albufera que se ha salvado de la expansión urbanistica. 

 
Algunos lugares para comer, casas no demasiado altas y sobre todo tranquilidad fuera de la temporada muy alta de verano en esta pedanía de Teulada con vistas hacia un peñón de Ifach casi irreconocible desde ese lugar y un campo Mediterráneo trabajado con esmero