Tras la ridícula Guerra de las Naranjas contra Portugal (1801) en donde se conquistó Olivenza a los portugueses, Godoy quiso celebrar su triunfo con un retrato, recogiendo ya el título que le había concedido Carlos IV unos años antes: el Príncipe de la paz
Curiosamente para ello se hace rodear de un ejército, caballos, ayudantes miliares y la bandera capturada.
En medio de toda la escena aparece el valido en traje de gala, con espada y bastón de mando . Su disposición no parece, sin embargo, muy castrense. Recostado sobre un extraño sofá pétreo, más parecería una venus, aunque invertida, pues nunca pasó desapercibido el detalle del bastón de mando como un gran falo erecto (el valido siempre lo tuvo muy a gala este tamaño que también se refleja en su pantalón)
Como es habitual en este Goya maduro el retrato no es complaciente y podemos encontrar una crítica a su carácter bravucón, ambicioso y sin escrúpulos; no excesivamente ilustrado.
Frente a la factura de su retrato todo el resto del cuadro se encuentra intensamente abocetado, avanzando hacia los modelos que veremos cada vez más su pintura (con un rico colorido muy semejante a los frescos de San Antonio de la Florida)
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