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sábado, 26 de febrero de 2022

ÁNIMA MUNDI. EL FLANEUR EN EL PUENTE


A menudo mis paseos me llevan hacia un puente sobre la autopista de circunvalación en donde puedo pasar horas enteras observando las luces y sombras de la humanidad.
Desde mi atalaya, rodeado por el ruido y las toneladas de agentes contaminantes, veo el mundo correr como si fuera un río, siempre igual y distinto, que va a morir al mar..., muy cerca de Benidorm.
Hacia allí discurre la vida encerrada en pequeñas cápsulas, regalándome lecciones morales que nos caracterizan mejor que cualquier ensayo soporífero, y a veces encuentro rasgos de suprema cortesía, con coches que frenan para dar paso a los que se incorporan desde su derecha.
Dan ganas de llorar ver esos gestos pequeños de un conductor que saca la mano por la ventanilla para decirle a otro que se incorpore sin  problemas, y a continuación uno llora de veras cuando el que le persigue y le acosa da rienda suelta a su claxon con la misma intención del salvaje que lanza desde su cervatana dardos envenenados de odio.
Pienso entonces en Solsona la Buena y descubro que el ruido proviene de un BMV azul cobalto que a la vez que pita está luchando por intentar adelantar con los malos modos del que no sabe que ante las puertas hay que ceder el paso, pues todos no cabemos a la vez por el mismo hueco.

Veo eso y después el frenazo que provoca su maniobra. Giro entonces la cabeza para ver hacia atrás y disfruto del espectáculo de los coches de pronto atrancados que se van extendiendo como un sistema físico perfecto.
La caravana se atora. 
Como el fuelle de un acordeón, el odio de aquel que tocó el claxon e intentó una maniobra de avión de guerra luchando contra los Mig rusos ha provocado. ¡Ah!, si fuera consciente de ello... Si lo pudiera ver... 
¡Qué orgulloso se sentiría! Su ego crecería hasta los mismos valores de sus centímetros cúbicos.

(Y acaso, incluso, del tamaño extraordinario que deseó siempre para su miembro)


sábado, 18 de abril de 2020

FLANEUR. Las ciudades abandonadas

... casi por completo vacías en esta pandemia de virus y miedos, tan severos unos como otros.
Ciudades pasadas por un Photoshop que eliminara la presencia humana para convertirlas en postales postapocalípticas.
En puros escenarios turísticos ahora que esto es imposible
(pues ya todos viajamos, tan sólo, por las quimeras de las pantallas de televisión e internet)

Las palomas toman posesión del espacio cerrado de los parques, sin perros persiguiéndolas.
Y hay personas como espectros que se desplazan deprisa, mirando al suelo, y van tristes aunque el sol comience a calentar 
pues, resulta (aunque parezca imposible) que es primavera, y los árboles comienzan a echar sus hojas sin miedo alguno al contagio,
y sólo (quizás) se encuentren  algo perplejos ante la falta de ruido y el aire de repente muy limpio, mucho más transparente.
Tanto que el miedo se ve mucho mejor en los corazones humanos, igual que el hastío, y las envidias, y los hartazgos de gente conviviendo demasiado tiempo sin la misericordia de un paseo solitario.

Ocurre todo esto mientras las ciudades, autosuficientes, se sienten posibles por ellas mismas, y sólo en el instante de los cinco minutos de aplausos de las ocho de la tarde (a estas alturas, ¿en favor de quién?) se repliegan y esperan a que terminen por desaparecer los últimos acordes del Sobreviviré para volver a retomar su cetro y autosuficiencia reciente para...

¿Para qué sirve una ciudad sin gente más allá de ser el modelo (inquietante y terrible) de las plazas metafísicas de Giorgio de Chirico?


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sábado, 7 de marzo de 2020

FLANEUR. Las ciudades moribundas

En aquella época fueron mis tiempos de viajar por ciudades de las que uno no quiere acordarse de sus nombres, tan sólo un sentimiento.
Un sentimiento como el de aquellas ciudades anodinas, tan mal vividas por sus propios habitantes que hacía lustros que habían perdido cualquier rincón de esperanza, y sólo quedaba la noche sin sueños puesta sobre las calles como una alfombra sucia, sus comercios cerrados o (aún peor) a punto de ser clausurados, con sus escaparates como campos de batalla antiguos, lleno de fragmentos de lo que en un momento fue vida pero ahora se escapaba por los dedos, como si una peste extraña hubiera llegado con el crepúsculo, dejando un regueros de carteles de Se Vende y solares cada vez más ruinosos que llenaban de melancolía el contorno mientras las tejas iban rompiéndose en los tejados abandonados, igual que dientes podridos, y los gatos paseaban por donde ya no había nadie.

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sábado, 1 de febrero de 2020

Ánima Mundi. El Flaneur. Paseando por la red

Un día me rompí un pie, resbalando en una mierda de perro, atropellado por una bicicleta o monopatín eléctrico, empujado por unos vecinos indeseables que se reúnen bajo mi casa a pegar gritos. Cualquier cosa valdría porque lo importante es que me rompí un pie y tuve que esperar 40 días para volver a salir a la calle acompañado de un bastón que desde entonces ya nunca me ha dejado
¡Pero dónde se ha visto un flaneur cojo y con el pie en alto sobre una silla!
Tuve que cambiar mis hábitos pero no mis creencias y empecé a pasear por internet para que un miércoles cualquiera descubrir una nueva forma de deleite en los comentarios que hacía la gente en los artículos de los blogs, en las conversaciones fallidas de Instagram o de Facebook
Desde entonces me he vuelto un adicto y paseo por ellos como antes lo hacía por los parques: viendo la estupidez humana, la maldad de los hombres, la ingeniera de dolor que nos habita dentro
Tras unos días de andar de sorpresa en sorpresa pronto me creé un archivo para ir guardando las perlas cultivadas que fui encontrando en estos largos caminos llenos de trolls que no es otra forma que decir que la gente es mala y más cuando no tiene cara a la vista insulta y descalifica y se ríe y se mofa y duele y hace doler se los demás con una maldad inaudita
¿Porque hay que hacer esto?
¿Quién nos ha dado permiso para faltar a los demás y decir sus defectos acaso más virtuales que reales?

Algunos, frente a los ataques, intentan defenderse de forma racional pero es peor el remedio que la enfermedad, pues el sentido común nada vale contra estos odiadores (hater) que tergiversan las palabras (como futuros políticos de éxito que querrían ser) para seguir vilipendiando.
Otros contraatacan pero también es inútil, pues lo único que conseguirán será más odio que, como la energía, ni se crea ni se destruye, sólo se lanza por el puro placer de dañar.

¿Cada dolor creado por un insulto les amplía el ego? ¿Eso es?
¿O les paga una multinacional de algún terrible país que tiene dentro de su fábrica de fake news tiene una sección para los haters?
¿Realmente esta es la verdadera sociedad que estamos creando o siempre existió y estaba reducida a las tertulias de ver y las viejas del visillo que han habitado siempre dentro de nosotros mismos?


sábado, 5 de octubre de 2019

ÁNIMA MUDI. FLANEUR. El parque


Perro, perro, perro, niño, perro, niño, perro.

Perro, columpios con muchos niños y algunos perros, mamás que los miran mientras hablan entre ellas también a los niños)

En las mesas hay adolescentes que hablan en torno unas latas de cerveza. También inmigrantes.

Palmera, dos mierdas de perro, una pequeña y otra más grande.

Para sorpresa de todos hay un joven de camiseta gris que pasea su perro con correa y no lleva cascos ni mira el móvil.

Estupefacción pasajera.
Otra palmera.
Junto a ella el carril de bicis que, según cuentan las leyendas urbanas, fue utilizado hace nueve semanas y media, aunque no hay constancia documental de ello.
Anciano. Cuidadora. Anciana. Cuidadora. Cinco perros mas y una gran bandada de cotorras verdes sobre los pinos.
Perros. Gritos de niños jugando junto a la fuente a los que persiguen dos grandes perros.
Gritos destemplados de las madres.
- Que se vayan a jugar a su espacio de columpios - les responden los dueños de perros.
- Váyase usted al recinto que hay para soltar a los perros.
- Qué poco respeto a los animales
- Como si los niños no molestaran.
Se crean entonces dos claros bandos: properros y proniños. La discusión sube de tono, sobre todo cuando pasa el chico de la camiseta gris con su perro atado.
La facción proniños se siente alentada y grita con mayor convicción, llamando incluso la atención a un hombre que pasa fumando cerca del recinto de los columpios
A esto se le unen los properros, haciendo causa común y gritándole improperios al fumador, aunque este no hace caso y pronto sale de escena.
Palmera. De pronto se nubla.
Los dos bandos vuelven a reagruparse pero en el último instante pasa un ciclista por entre los dos grupos.
- ¡Maldito! Tienes un carril y vienes a molestarnos en nuestro sitio - gritan los dos grupos a la vez aunque parezca asombroso y se acercan con odio al ciclista que pone su piel en el pedal y sale disparado, pasando azarosamente por el carril ciclista.
-¡Milagro. El primer ciclista después de nueve semanas y media! - dice entonces alguien.
Y, luego, lentamente, comienza poco a poco a atardecer.

Como siempre, R. lo ve de una manera (digamos) más abrupta