miércoles, 12 de junio de 2019

(DE OTROS LADOS). Aquellas praderas azules. PILI 1

¿Pero se puede saber por qué eliges esa canción?
¿A tí no te gustaba Mecano?
Pero precisamente esta no, Pili. Es un verdadero bodrio.
¿No será que habla demasiado de ti y te retrata como ninguna?
Ni siquiera corresponde al año en el que nos conocimos
Tú siempre tan purista, Luis
Con las canciones sí, por supuesto
Pues entonces, aplícate el cuento
...


Cuando le conocí era un espectro, un fantasma de sí mismo, un hombre viejo de 16 años que no sabía sonreír y miraba asustado el mundo no fuera volver a encontrársela en el rincón más insospechado de aquel pequeño pueblo de la Sierra



Todo ocurrió en el bar de Arriba, cuando una bola perdida del futbolín botó por media sala y terminó en el mismo centro de mi café con leche. 

Detrás de ella llegó corriendo él y, al llegar a mi mesa, viendo el estropicio de todo el café sobre mi blusa, se quedó parado sin saber qué hacer. 

-Perdona es que yo... La bola... Es que... 

Y no sé si por lo absurdo de la situación o por su cara de verdadero pánico, pero lo cierto es que no pude evitar echarme a reír. 



Aquella risa cantarina que sonaba cascabeles me dejo aún más avergonzado, pero era tan contagiosa que termine por reír yo también, a carcajadas, aunque tuviera el pecho hundido por el dolor.

Hacía casi un mes que no había reído y aquella chica pecosa con los ojos más azules que jamás había visto me hizo pasar la tarde entre sonrisas hasta que, ya casi anocheciendo, nos fuimos a dar un paseo y, en las mismas piedras en las que tanto había amado a Sabrina,
yo 

Él me contó la misma tarde en la que nos habíamos conocido el día por día de sus dolores,  todas sus amarguras. ;
Fue algo tan natural que no me sentí incómoda aunque en muchas ocasiones entrara en lugares demasiado personales (pues) 

aquella chica transmitía tal sosiego que era imposible no rendirse a su mirada clara que tenía un lago de paz dentro. 
A su risa cantarina, a sus manos blancas y gorditas, a su melena rubia cortada como si fuera el paje de un cuento. 
Desde el primer día en que la conocí supe que estaba destinada a ocupar el restringido círculo de Solsona o Mar, un lugar privilegiado y exclusivo en mi corazón que 

Realmente yo tampoco nunca había tenido un amigo como el que encontré en Luis, un lugar lleno de emociones y palabras (sobre todo palabras), que se derramaban con aquel que le quisiera escuchar.
Una cosa extraña.
Un chico al que le gustaba Mecano, lloraba (aunque fuese a escondidas) a los Pecos y leía un libro tras otros, como si comiera galletas de mantequilla, con el mismo ansia golosa.
- Eres realmente especial - le decía por el simple placer de verle enrojecer con la mirada clavada en el suelo y una sonrisa deliciosa.

Nunca me había dicho nadie cosas parecidas.

Nunca has dejado que te las digan, Luis; ese amigo que alguna vez una sueña tener. Atento y divertido, tímido y un poco loco a la vez que, sólo mucho tiempo después, supe que también le gustaba escribir. 

Aunque yo y mi vergüenza me impidieron enseñárselos durante mucho tiempo y, cuando lo hice... 

Yo me quedé maravillada y supe lo que el primer día ya había intuido. Había tanta sensibilidad dentro suyo que la timidez solo era una gran coraza para que nadie le hiriese.
Y

Durante meses salimos juntos, como si fuéramos una pareja, e igual que ya me había pasado con Mar, muchos pensaban otra cosa 

La de risas que nos pasamos con esto, ¿verdad, Luís? Sobre todo cuando yo les presenté a mi novio, Miguel. 

Seguro que más de uno me apellidó entonces cornudo. 

No te preocupes, Luís, que la puta sería yo, 

me decía siempre riendo, pues entre todas sus virtudes estaba esa, la convertir la vida entera en algo magnífico y positivo. 

Justo lo contrario que tú. El gran pesimista que lee sin parar a Herman Hesse. 

Y decirme las cosas a la cara, sin malicia pero con toda la franqueza.  Esa era también otra virtud de Pili.

Quien bien te quiere...

No hagas de abuela con tus refranes.

¡Habló el moderno que lee a Stendhal

Entre pullitas de ida y vuelta nos podíamos pasar horas como si jugáramos al pinpong, aunque no era un puro divertimento. No. Bien sabes que no, Luis. Era un tratamiento con el que se iban curando tus heridas
Un trabajo largo, a menudo infructuoso, que se venía abajo cuando nos cruzábamos con Sabrina con el momento más insospechado (el pueblo era tan pequeño entonces) y ambos retiraban sus miradas y empalidecían.

¿Cuánto tiempo hace falta?

Para que borres las heridas

Que te hiciste en el amor


Todo volvía entonces a empezar y podían pasar horas hasta conseguir sacarle una sonrisa que a mi me sabía (entonces) a gloria pues (¿cómo decirlo sin que parezca otra cosa?), desde el primer día en el que nos conocimos formó parte de mi, incluso ahora, cuando llevo tantos años sin verle y sólo mantengo el fino hilo de sus programas de radio los viernes de madrugada, cuando le oigo hablar y el tiempo se suspende para volver a encontrarme con él como cuando éramos adolescentes y

Tú me empezaste a enseñar algo que todavía estoy empezando a comprender

¿Cuántas veces te he dicho?
Que solo tú tienes la llave

Que abre y cierra el dolor


Tú precisamente, que tantísimos problemas tenías con aquellos padres tan terribles que te obligaron a marcharte del pueblo, y pese a todo seguías sonriendo, pues sabías que el mundo te estaba esperando

Y a ti también, Luis. Y (al final) te encontró en tu forma más perfecta, la música que nos has enseñado a amar.
Cuando empecé a escuchar tus programas aconsejada por una amiga que nunca te había conocido me quedé fascinada (cómo te ha gustado siempre esa palabra, ¿verdad? Era casi un fetiche para tí), e iba reconociendo una a una las palabras, sabiendo a qué personas concretas estaban dirigidas pues

No hay que esperar milagros porque tampoco los pedías cuando hiciste el amor; eso dice Mecano en esta canción.

Recuerdo que dijiste antes poner esta canción un viernes cualquiera. Y después, mientras entraba la música, añadiste:

Como decía una gran amiga:
Sobre todo protégete de ti mismo, pues eres el único que te puede hacer realmente daño.

Las mismas palabras que yo tantas veces le repetí en aquellos años equívocos en donde pesaba de la risa a las lágrimas por un sólo mal encuentro.
Recuerdo que entonces un escalofrío me recorrió la espalda y a partir de entonces fui grabando todos los programas hasta tener una estantería entera llena de ellos.
Mientras lo hacía me volvían los recuerdos, y añoré como una imbécil aquellos tiempos en los que le tuve a mi lado

Y tanto me ayudaste

Y tanto me ayudó a conocer los paraísos de las músicas y los libros, de las palabras que son un bálsamo cuando todo a tu alrededor se derrumba y la vida se llena de esquinas.
Igual que ocurre ahora.

Maldita sea. Mecano no nos engañó:


Que los recuerdos son mentiras

Y que inundan la razón

Cuánto te echaré de menos, AMIGO






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