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miércoles, 26 de agosto de 2026

Sabrina bajo el frío de invierno

 Un hombro desnudo 

Como la verdad 

Paga su perfección 

A la caída de la tarde

Que resplandece solitaria 

Bajo la secreta medía luna 

De mi nostalgia.


Odysseas Elytis


                                 Luis. Soldado Desconocido


                            AQUELLAS PRADERAS AZULES. ÍNDICES


miércoles, 5 de agosto de 2026

AQUELLAS PRADERAS AZULES. Jugando al mus

DALE AL PLAY Y ENTRA EN LOS TERRITORIOS DE LA FUERZA QUE MARCARON MI VIDA

 Que nadie se asuste si no sabe jugar al mus. Casi podrá entender la toda historia pues el mus, aún más que el futbolín, no es un juego, es la vida entera y verdadera.

Realmente yo no sé por qué las empresas se siguen empeñando en hacer entrevistas de trabajo, pues con unas cuantas partidas se sabe más de una persona que el mismo sujeto.

Se descubre rápidamente a los coléricos, pero también a los cobardes, y mucho antes a los listos que a los tontos.

Y no, la suerte tiene poco que ver, casi igual que en la vida, pues hay quien gana con malas cartas y quien siempre pierde aunque lleve cuatro reyes.

Es más un saber jugar las cartas, aprender a jugar de farol, envidar cuando se debe y también aprender a pasar. Es saber jugar con tu compañero, pero también con tus contrarios.

A mí me había enseñado (como a tantas cosas más) mi padre, experto en dúplex. Me enseñó las reglas pero sobre todo a estar atento de todos los gestos y descartes para ir aprendiendo cómo pensaba mi contrincante pero sobre todo mi pareja, pues la traición más terrible y dolorosa es la que te hace quien está más cerca de ti, y como siempre decía Michel Corleone, intenta pensar como lo hace tu enemigo; si le odias pierdes tu ventaja. 

Fui aprendiendo eso y, a la vez, a esconder mi propio estilo, pues si eras imprevisible eras invisible a los ataques más graves, algo que muy pronto aprendí a poner en práctica en mi vida de tímido recalcitrante y sensible, usando mi apocamiento como una gigantesca coraza que muchos entendían como altanería hasta que Pili me dejó al descubierto con una sola frase, apenas dos días de conocerme. 

-Déjate de esos juegos conmigo, no hace falta que te escondas. No pienso hacerte ningún daño. 

Y es cierto, jamás me lo hizo. 

Ella no sabía jugar al mus, pero era demasiado inteligente, sobre todo  para sí misma. 

Yo, por el contrario, debía seguir las reglas y permitirme los órdagos con mucho cuidado, lanzándolos en ocasiones simplemente para perderlos, pues es bueno desconcertar para luego obtener beneficios, me decía mi padre a menudo. 

Lo que no me contó nunca es que a veces la estrategia falla y ganas lo que pensabas perder. Eso te termina creando una sensación de triunfo peligrosa que suele acabar en desastre tarde o temprano. 

Lo que sí aprendí, aunque tarde, es aquello de jugador de chica, perdedor de mus, y al cabo de los años comprendí que hay que aspirar a todo para conseguir algo, y no conformarse con las migajas ni con los ojalás. 

El mundo entero es tuyo; conquístalo. 

Pero eso fue algo después, cuando realmente comprendí el mensaje real que llevaba dentro el lobo estepario más allá de su mística alemana. 

Para entonces la vida había transcurrido dejando atrás a muchas personas que, pese al tiempo pasado, yo sigo echando de menos pues fueron una parte importante de mi juventud.

A Gerardo, que era tan buena persona que siempre terminaba perdiendo por no dañar a nadie, o a Mario, hecho de fuego como su Montesa de dos y medio, que destrozaba cualquier planificación posible y te obligaba a jugar como si el mañana de la próxima mano no existiera. 

El que aún seguía allí era Pablo, pero él merece otras historias completas que no caben aquí, pues fue mus, futbolín, correrías nocturnas hacia aquella urbanización de las Eloisas.

Era eso y programas de radio grabados en un simple cassette, interminables partidas de pin pong y sobre todo, un amigo verdadero que siempre mantuvo conmigo un solo secreto que terminaría por separarnos. 

Él era mi pareja habitual en aquellas tardes inacabables de julio, cuando aprendíamos que no siempre hay que esperar buenas cartas para atreverse a jugar. Vale con la pura decisión, como la que un día me unió a Martina pese a tenerlo todo en contra, pues era bella, políglota, inteligente y sensible. Pero yo aposté y gané la partida. Tan breve como intensa.


martes, 19 de agosto de 2025

AQUELLAS PRADERAS AZULES. CONVERSACIÓN (4) al piano

HAZ PLAY Y LEE

Si escuchas esta música que yo nunca te enseñé sabrás lo que me produce tu mirada desde la primera vez que la clavaste en mi, junto a un puesto de helados, y sabrás entonces por qué esta música sabe a verde.
Si la escuchas rodeada de penumbras tendrás la certidumbre absoluta de cómo es tu piel acariciada, de su levísimo vello rubio en los antebrazos que desaparece según asciende a los hombros, y te podrás sentir, al menos una vez, en el tacto del otro.
Eso debe ser el amor.
Ni tu piel ni mis dedos, sino la caricia. Eso es lo que cuenta esta música. Ni el piano ni el pianista sino el espacio, levisimo, casi intangible que hay entre los dos. Su dolor de plumas.
, o todavía mejor, el aire dolido que acaricia a la pluma.

Conocerás eso y qué significa, al fin, el silencio de versos que se quedaba en los labios tras cada beso que nos dábamos.
Un espacio de alientos confundidos que estaba en el mismo lugar en donde se forman las palabras, antes que ellas intenten atrapar el mundo con sus filos, destrozando lo todo.
-¿La prehistoria de todo, vagas constelaciones de polvo un instante antes de formar estrellas?
-Me parecían más bonitas las de antes.
--Cuales
- Las fugaces... Mira, pide un deseo
- Son las mismas, Luis, como nosotros mismos...
- Electrones a la deriva cuántica.
- Eso no puede ser tuyo
-Por supuesto, es Solsona. Nuestro físico de guardia.

Quizás sea eso música, que es mejor recordarla que oírla siquiera.
(Y esto no lo escuches). Nunca te lo diré, pero tu siempre eras más bella en el recuerdo; fuimos siempre más felices en la memoria. Somos el humo de un cigarrillo que es expulsado y huele a tabaco y pero también aboca, como si se hubiera transformado en otra cosa.
-¿Solsona de nuevo?
-No, Lucas. Duchamp, infraleve.
Esos espacio que existen entre las notas que no son silencio pero tampoco música, al menos la que creemos oír.
Son los mismos que nuestra gran vela, que las praderas que azulean sólo cuando nosotros nos amamos sobre ellas, contaminadas por nuestros movimientos que, siempre (no escuches) eran más dulces y largos cuando los recordaba.
- Y las estrellas más brillantes.
- También la luz de las ciudades nos va poco a poco contaminando.
- Ya no se ve toda la larga mancha de la vía láctea.
- Pero cuando aún si estaba no sabíamos que era ella.
- Es cierto.
-A veces duelen las cosas cuando se conocen.
-¿Lo dices por nosotros?
-No, nosotros nunca nos hemos conocido.
-Eso es cierto. Somos dos funciones
-¿Sabrina?
-Sí, o Dirac, da los mismo. Somos una línea ondulada que corre sobre una recta y, a intervalos, se cruza con ella.
Eso o algo parecido, siempre un poco más adelante, con muchos más vacíos que llenos, con múltiples pasados, unos juntos otros separados que flotan entre nuestros reencuentros
-¿Luis?
-Supongo.
-Pues entonces contéstame a una duda que me ha surgido. Quien es la línea recta y quien la ondulada
-No lo se. Solo sé que tu eres la ondulada. Tan azul como esta canción de piano sobre la que yo escribo esta conversación ficticia que sirva para tapar todos los huecos de tu silencio.

Luis



miércoles, 16 de julio de 2025

EN DIRECTO. Luz hecha agua.

Ahora que estamos los dos solos en medio de la noche, unidos tan sólo por las ondas, escúchame.

Haz el favor e imagina  Sentado al borde de la bahía.

Ottis era nuevo, y Vangelis en su Blade Runner, y Bowie y los falsamente alegres Pet Shop Boys, pero no Oldflied, ni el hotel California de tus orgasmos más sentidos, cuando te hablaba por dentro tuyo y casi eran palabras de dulce épica las que tú escuchabas. No lo eran ni el Barry Wait de voz suspirada, ni las baladas de Scorpions de cuando éramos heavys, ni Roxanne de the Police o ll stand by you de Pretenders, ni, por supuesto, el Let it be de los Beatles.

Te puse un auricular y me tumbé a tu lado en aquel rincón junto a los … (fresnos, yo creo que eran fresnos).  

En aquella burbuja de sombra fresca nos escondimos del calor radiante del mediodía a escuchar esa música que eran pequeños trocitos de vidrio con felicidades dentro, y tú cerraste los ojos para que yo pudiera mirarte más allá de tus pupilas atardecidas. Te fuiste haciendo un ovillo sin sueño mientras a nuestro alrededor se extendía un lago de calor que acuchillaban las chicharras, y el frío sonido del agua lamía las piedras como yo repasaba el mapa de los lugares permitidos de tu piel en un punto enrojecida que

(¿Recuerdas?

Te quemaste y durante unos días solo podía tocarte en sueños)

 Un cuento que hablaba de puras sensaciones. Sensualidad, aunque la ese al final se convirtiera en equis durante aquel día en la Pedriza: no había otra posibilidad ante tu cuerpo de milagro, el movimiento infantil de tu alta coleta sobre el aire que te rodeaba y el olor a frío del agua transparente de la poza.

Unas aguas gélidas que parecían rajar las piedras del fondo con el bamboleo de sus telarañas de luz.

Eso o la deliciosa y suave curva de tu vientre que me hacía pensar en cosas impensables por definitivas.

El olor a pinos que fue creciendo según pasaba el día y nuestra piel que se iba poco a poco agrietando de sol y viento, encendiéndose como una antorcha hasta que terminé masturbándote bajo la tierna castidad de una toalla del pato Donald, tan roja como tus deseos.

- ¿Y tú? – me dijiste.

- Lo mío va a ser demasiado cantoso. Mejor lo dejamos para mañana y te cobro doble.

Y tú enrojeciste un poco, como siempre, pues los años pasados no habían conseguido limar esos conflictos que siempre tuviste entre el sexo y las palabras, en realidad que tuvimos todos más allá de las reuniones de amigotes, pues pese a todos los años ya pasados seguíamos todavía jugando a policías y ladrones con los largos tabúes que nos habían grabado a fuego dentro.

 

Aquel día fue así, con el aroma de la resina de las jaras como una presencia casi humana y el agua verde de aquella poza solitaria como tus ojos entornados por la luz mientras nos secábamos sobre las largas losas de granito y su peculiar olor al calentarse; un infierno de bolsillo bajo el sol del mediodía. El cuarzo brillante y la piel mojada, aún entumecida, hecha un escalofrío por el juego del sol radiante y la brisa fina de la montaña, mientras el río seguía su vida de aguas deslizadas y hacía pequeños saltos y trenzados, pintando un cuadro de brillos y transparencias.

Aquel día nos bañamos juntos como nunca volveríamos a hacer, ateridos en las aguas de hielo, riendo y tiritando al mismo tiempo, y eras tan bella  cincelada en agua, hecha ondas bajo ella, con pinceladas del amarillo de tu bikini y el rojo de tus uñas, que hubiera dado un mundo por haberte conservado así para siempre y no en el pálido reflejo de las palabras,

pues siempre faltan adjetivos y ahora más que nunca,

Todas las noches son insuficientes para contar lo importante y necesario.


martes, 8 de julio de 2025

ÁNIMA MUNDI. Lucas Corralejo. Las semanas que fui Luis
























Su cuello altivo
Su piel de leche
Aquella coleta como un surtidor de oro suave 
Sus manos tenían las uñas mordidas y llevaba (el primer día) unos vaqueros desteñidos y con una pegatina en el culo, como si en su juventud hubiera bailado Divina de Radio Futura 

Sus ojos tristes, su boca carnosa .
La mirada somnolienta y lejana como un extraño sueño... 
... de manzanas maduras. 

Su mirada era de un verde muy oscuro, casi negro, que cuando se volvía hacia arriba parecía un cuadro de Guido Reni, con las mejillas arreboladas, como si su figura de diosa griega ardiera por dentro 

Os pareceré Luis, ¿verdad? Quizás en aquellas cortas semanas lo fui un poco, aunque sin música dentro, sin su capacidad para la sinestesia. 
Fue en un curso del profesorado sobre historia del Arte, y desde el primer día me quedé prendado de aquella mujer de la que nunca llegaría a saber el nombre pero que me envenenó los sueños y me alborotó el sexo. 
Yo me senté siempre lejos y esquinado para poderla mirar, y casi olvidé ¡al mismísimo Velázquez! mirando esas mejillas acaloradas que en un momento se entremezclaron con la Venus del Espejo, conmigo mismo reflejado en el espejo y la imagen desnuda y eternamente blanca sobre sábanas cuyas arrugas contaban todos los pormenores de una larga noche de amor 

Sus pechos breves bajo los amplios jerseys que fue luciendo cada día, sin repetir jamás modelo, y aquellos pantalones ceñidos que chocaban con estrépito con su rostro de virgen del Quattrocento, unas veces luminoso bajo las sonrisas pequeñas, otras oscuro y perfumado, con olor a tierra labrada. 

¡Por Dios!, parecía un adolescente con veinte años más y las primeras canas despuntando pero no lo pude evitar, y la observé como sólo hasta entonces había mirado los cuadros. Ni siquiera a Laura conseguí mirarla así ni en el mismísimo día de nuestra boda. 
Pues no era amor, eso estaba claro, era... 
Era algo asombroso, un líquido espeso que calentaba todo sin esfuerzo y, en más de un momento, comprendí a Luis como jamás lo había hecho y sentí (una pizca apenas, seguramente) todo lo que nos contó una y otra vez de Sabrina, aquellos soliloquios de su programa de madrugada entre canción y canción, cuando se desnudaba ante casi un millón de oyentes sin que apenas nadie lo supiera, y una y otra vez contara su propia historia de amor que nosotros estamos intentando recoger en esta página. 

Así me sentí, enamorado (aunque esa no sea realmente la palabra) de una imagen con la que nunca quise siquiera hablar, pues tenía miedo que su voz me rompiera los sueños aún más o, por el contrario, destrozara mis propias imaginaciones y de golpe se convirtiera en princesa desencantada, sin corona ni halo. 
Sólo quise observarla, hacerlo con tal intensidad que tuve la sensación que notaba su propio aire de respirar aunque estuviera a muchas sillas de distancia, mientras en la pantalla volvía a aparecer una y otra vez La Venus de Velázquez, aquel flemático tan parecido a mi que pensaba mucho y pintaba (escribía) muy poco, siempre controlado y racional, un punto por encima de cualquier realidad para que nada le pudiera tocar ni ¿herir? 
Por lo menos a mi sí; esa era la estrategia. 

Pero su cuello fino rompió los frenos y no pude imaginarla sino desnuda y cálida en una habitación con luz que debería saber a fresa (supongo), a menta ácida y a aquellas almendras que Luis masticaba en la imaginación de su alma mientras escuchaba ciertas canciones. 
Yo nunca pude hacerlo, o tal vez aquella vez sí, y por primera y última vez en mi vida pude darme cuenta de los olores que tenían las cosas más insospechadas, y en las noches de insomnio sentí la fragancia de su cuello mientras la besaba en sueños y el mundo de la habitación daba vueltas como un carrusel, tan deprisa que a mi me daba miedo que Laura pudiera despertar en la cama contigua y encontrarme ensopado de miedo y con los pulsos perdidos, como aquellos tiempos en donde la depresión y la ansiedad me tuvo prisionero hasta que conseguí salir de aquel colegio maldito, un segundo antes de perder la razón ante tanto dolor. 
Me daba miedo que ella me viese pero aún más que la vida al fin recobrada tras tantas sesiones de psicólogo y kilos de fármacos se volviera a ir al traste y todo se desbarrancara. 
Miedo del propio miedo durante aquellas noches que se olvidaban en el mismo momento de volver a verla en aquel curso maldito en donde a punto estuve de odiar a Velázquez. 

Pues sus manos de porcelana china, con las uñas muy cortadas.
Su pecho breve, su larga melena dorada sin necesidad de atardeceres.
Y un pequeño mohín de enfado, a veces, de pasión lenta en otras ocasiones que a mi me rompía las razones mientras la imaginación se me llenaba de música soul, aquella que Luis (decía) era puro sexo cantado, con las baterías lentamente entrando en el palpitar de tus venas, despacio, sin pausa, como una locomotora tomando aliento para llevarse todo por delante en el movimiento lúbrico de sus pistones y..., la venus del Espejo como fondo, su silueta de guitarra excesiva que te llamaba a gritos mientras el mundo se llenaba de sabores extraños, de especias picantes, de gritos y aguas desbocadas.

Así me ocurrió, creo.









jueves, 3 de julio de 2025

(DE OTROS LADOS). Aquellas Praderas azules. Así te recordaremos siempre, Luis.

COMO DIRÍA LUIS, DALE AL PLAY Y VIVE EL ASOMBROSO RITMO DE ESTA CANCIÓN



No puedo evitarlo; esta canción, desde que tú me la descubriste, me da ganas de vivir.
Tal vez sea por la batería poderosa, por su ritmo que te atrapa, por el saxo mágico o por sus subidas y paradas abruptas que tú me explicaste tantas veces.
Desde hace no sé cuanto tiempo me la encontrado en un bar o en un pub perdido y una subida de vida me ha poseído, llevándome a bailar incluso cuando ya no suelo hacerlo, enamorado de una melodía que, sin recuerdos precisos, es una parte importante de mi juventud

Y esta vez sé que es real, 
lo que estoy sintiendo.
Sé que si me pongo a ello,
sé que de verdad puedo hacerlo.

Son unos versos sencillos pero poderosos.

Tengo mi mente puesta en ti

Eso dice una y otra vez la canción del antiguo Beatle, aquella con la que demostró que podía hacer cosas verdaderas magníficas sin el poder de Lennon o la orfebrería de Mcarty.

Una melodía sencilla pero llena de ritmo, que rompe las ataduras del qué dirán mientras te lanzas a la pista para bailar sin fin, impregnándote de la música como si fuera una ducha eterna de colores.

Tengo mi mente puesta en ti

Pues juventud es, sencillamente, un tiempo en donde es necesario estar enamorado de continuo. Esa es su fuerza vital que nos hace creer en nosotros mismos, igual que el poema de Ángel González.
El deseo pero también el sentimiento de volverse completo en la mirada de otro, ¿verdad, Luis?

Tú sabes mucho de eso.
De hecho has sido nuestra guía (aunque tú nunca lo supieras) en la música y el amor, y nos enseñaste que el mundo es una montaña rusa de sentimientos que vale la pena vivir aunque exista sufrimiento. Tú lo hiciste al ritmo de estas y otras cientos de músicas que te habitaban por dentro, a pecho descubierto en todos los casos, y eras capaz de hacer las más lindas (la palabra es cursi pero creo que exacta) por un amigo o una mujer. Te daba lo mismo el esfuerzo, pues era esa tu energía.
Música y sentimientos, sonidos para soñar y soñarte, unas veces en la realidad otras en el simple anhelo de totalidad que te volvía tan digno como vulnerable, tus dos grandes virtudes que te terminarían envenenando de miedos.

Por eso, ¿por qué no contar tu vida de canción en canción? ¿No sería eso el mejor homenaje que podríamos hacerte?
La idea fue de Solsona, claro, no podía ser de otro, y durante días la estuvimos hablando hasta que nos llegó la caja con tantas cosas tuyas, y entre ellas una libreta con direcciones de correos y contraseñas.
Entre los apuntes había una que nos llamó la atención. Era la de un blog en donde (por la fechas) tú habías estado publicando en el último año, aunque dejando todos los post como borradores.
- Lo mejor será borrarlos - había dicho Lucas, pero no pudimos evitarlo y empezamos a entrar en las entradas que siempre se iniciaban con una frase (una de aquellas que tú siempre utilizabas en tus programas) y un vídeo de youtube.

Eran los cuentos y las reflexiones que habías hecho desde la adolescencia que en los últimos tiempos (suponemos) revisaste y pasaste a formato digital (con lo poco que te gustaban esas cosas al principio) y puesto una canción como dedo que señala a a la luna.

Luego le fuimos añadiendo nuestras propias historias que también eran tuyas. Pili, Lucas, yo, Laura, Lucas, Mar y Solsona, por su puesto.
Para recordarte mientras escribíamos esta terrible y maravillosa historia, sabrinaherido, como dice siempre Nuria de ti. Pues siempre fuiste un letraherido, un músicaherido, un tímidoherido, pero sobre todo un Sabrinaherido que viviste por, en contra o a través de Sabrina persona y todas tus Sabrinas imaginadas, sus recuerdos y sus fantasmas, todo un universo de realidades, intenciones, necesidades, sueños, ... de un mundo hecho poesía y música que justificó toda tu vida, Luis.

Toda la nuestra, claro.

Pues si realmente queréis conocernos, a él y a nosotros por tanto, tal vez encontraréis las pistas del mapa del tesoro en todas estas praderas azules  que hablan del Luis público y el otro verdadero





sábado, 12 de abril de 2025

AQUELLAS PRADERAS AZULES. Todos quisimos ser Sony Croquet




Miami Vice fue para mi algo más que una serie de policías. Fue toda una revelación
Quizás la frase pueda parecer excesiva pero fue totalmente cierta aunque sea difícilmente explicable pues, ¿quién puede explicar que sus iluminaciones de videoclip, su gusto por los montajes complejos, casi oníricos, pudieran cambiar la vida a nadie?
Pues precisamente a mi.
Con ellas y descubrí un concepto de glamour que unía la belleza con el estilo. Una belleza como forma de vida, como una justificación en medio de la podredumbre (no sólo física sino también moral) que me fascinó.
Sus trajes elegantes combinados con camisetas de colores se convirtieron para mi en un paradigma del gusto pero también en una forma de pensamiento, enseñándome caminos desconocidos: No era necesario ser como todos. Lo único imprescindible era encontrarse a sí mismo. Sólo así se podría triunfar.

Aquí estaba el quid de todo, y sólo necesitaría los siguientes 30 años para lograrlo
Hasta ese punto te puede cambiar la vida una simple serie llena de trajes de Armani y Ferraris, de héroes cansados que se mantienen en pie por pura dignidad mientras todo se derrumba a su alrededor y el amor, siempre, ya se perdió.
Eso y la vida dentro de una canción, con aquellos temas magníficos de Phil Collins o de Jan Hammer sobre los que se montaban el clímax de las historias y que yo años después repetí en la terrible película que perpetramos en la asignatura de Audiovisuales II de tercero de magisterio, pues era como si la vida (al fin) llevara preparada su propia banda sonora que hiciera de altavoz de las emociones.
Una perfección que yo siempre había perseguido durante años, vivir en una canción muchos años como si cada pedazo importante de nuestras vidas pudiera enclaustrarse en los tres minutos y medio de un tema.
¿No es eso lo que estoy pretendiendo con todas estas praderas azules?

Acaso mucho más tarde descubrí, que al menos en la música, ese sueño lo cumplió ya Spotify en su versión premium, pero a mis quince años esa serie de lanchas motoras lanzadas a toda velocidad entre los Cayos fue imprescindible para ampliar mis modelos de épica y y ratificar mi imaginario de perdedor con clase y amor perdido.
Pues incluso en los momentos más ardientes de amor con Sabrina en su tercera vez yo siempre supe que era (querría haber sido) Sony Croquet, atenazado por pasados que no pudieron nunca ser.
Amores perdidos, compañeros heridos, oportunidades que nunca pudieron ser posibles

sábado, 14 de diciembre de 2024

PAISAJES SONOROS DE LA JUVENTUD

La paranoica adicción que creaban los sintetizadores de Human League y la voz de estrellas de Eurythmis
La voz a chorros de espuma negra de Cher, de un blanco teñido de sangre de Bonie Tyler.
El festín sonoro de la ELO que te dejaba el alma embotada.
La verde armónica de karma Chameleon; su bajo de paisajes encantados.


Esos fueron los paisajes de mi juventud




sábado, 30 de noviembre de 2024

Bajo la Sombra de una gran vela . La tercera cinta

¿Duermes?

¿No, verdad? Querrías soñar sin necesidad de dormir.

Yo tengo tu solución. Venga, entra a mis Praderas más azules 

En ella permanecieron algunas canciones intocables, como el Karma Chameleon o las historias terribles bajo melodías de plata de Olfield y The Police, pero desaparecieron los Sultanes de Swing, pues ya hacía tiempo que Luis había decidido salvaguardarlos exclusivamente para sus éxtasis personales.

Tampoco volvió a aparecer el Hotel California, pues su epifanía llegó demasiado tarde para ser vuelta a incluir, y Eurythmics cambió de tema para recordar que enaquella cama reposaba un ángel que dejaba la habitación perdida de plumascuando se marchaba, y en honor a ella aparecieron también un nuevo tema de Blondie, y Feel Like A Woman de Shania Twain que Luis le tradujo para que se convirtiera en el nuevo himno de su feminismo cada vez más armado.

Por su parte, él siguió acercándose a los sonidos negros  y se atrevió a compartir con ella su devoción cada vez más creciente por Queen  en la versión más romántica de Love of my life, incluyendo tras ella los novísimos acontecimientos de su biografía con el Pistolero de los Pistones o el Berlín de Top Gun, aunque también se colara una advertencia sobre su futuro con el Hombre de Piano cantado por Ana Belén, pero ellos no quisieron hacerla caso, y prefirieron dejarse llevar por  Uptown Girls de Billy Joel, pues aquella batería siempre le daba ganas de vivir, igual que la de Harrison, y en algún momento indeterminado Luis se había dado cuenta que era la misma sensación que tenía los minutos previos a que ella viniera, con el corazón desbocado como un quinceañero.

Tras ella añadió Let it be porque sí, igual que Instans karma de Lennon que seguía teniendo el aroma de las chimeneas en medio del frío de las navidades que pasaron juntos, y lo cerró todo con

 


Manic Monday de the Bangles que se terminó por convertir en la canción privada de aquel verano en el que estuvieron más cerca que nunca de la felicidad absoluta.


-Es algo maravilloso esta canción, Sabrina - le dijo una noche cualquiera a la sombra de aquella gran vela -. Aunque la letra diga otra cosa..., hay tanta ternura en esa voz que me muero por dentro cada vez que la escucho. Me deshago como un azucarillo, cariño. (Me deshago como un terminar junto a tu cuerpo desnudo y caliente; le hubiera gustado también decirla) 



domingo, 24 de noviembre de 2024

Si lo pudiera leer Luis, explotaría

 Top Gun. Esa puñetera película fue lo que echó a perder a mi generación, según David. El año 1986 fue increíble para el cine. Visto desde la distancia, pocos años pueden contar con semejante lista de estrenos. Para todos los gustos. Clásicos, superéxitos, películas de las que aún hoy se habla. Y todo en un solo año. Pero mi generación no se volvió ni antibelicista por Platoon ni mística por La misión. Lo único que quisimos todos fue ser como Maverick en Top Gun. Queríamos ser perfectos, triunfadores, llevar una maravillosa cazadora de cuero y unas Ray-Ban que nos sentaran de maravilla y pilotar cazas como quien monta en bici y cabalgar sobre una Kawasaki y llevar a una chica de caerse de espaldas detrás agarrada a nuestra cintura y que a tu espléndida sonrisa la acompañase siempre de fondo una banda sonora épica. 

Como aquella horrorosa canción. Take my breath away. De pronto, todos queríamos cortar la respiración. Pero la vida no es así. La vida, como la película, necesita un reparto de papeles. Algunos están destinados a ser solo Iceman, el chuleta paródico, el quiero y no puedo, la caricatura del héroe al que al final no le queda más remedio que rendirse ante la grandeza de este. Un patético y minoritario grupo. La gran mayoría, entre ellos yo, estamos destinados a ser Goose. El buen chico, el amigo simpático, el tipo con mujer mona e hijo mono, leal al héroe, de vida previsible y aburrida, un ser colateral, el secundario graciosete, un personaje que solo sirve para dar la réplica y morir cuando le venga bien a la historia legendaria de Maverick. Pero no, claro, veías la película y antes de salir del cine ya habías decidido que ni hablar de eso. Top Gun nos hizo rechazar ese destino natural. Ahora todos queríamos ser Maverick. Y eso no significa que quisiéramos convertirnos en pilotos de cazas. Me refiero más a un concepto. Así llamaba David a esa hambre insaciable de éxito exhibicionista. El concepto Maverick. Ser un triunfador.


Los viajeros de la Vía Láctea (Fernando Benzo)


LAURA

sábado, 26 de octubre de 2024

AQUELLAS PRADERAS AZULES ¡¡¡Maria!!!!


ESCUCHA SI PUEDES, PORQUE TODO FUE DEMASIADO VERDADERO

 

1999, SALIÓ LA CANCIÓN
1999, ME CASÉ
1999, antes quise despedirme de ella
...
y al siguiente viernes la puse en el programa

Ella se mueve como
si no le importase.
Suave como la seda.
Fría como el aire.
Te da ganas de llorar.
Ella no sabe tu nombre y tu
corazón late como un tren.
Te hace desear morir.
¿No deseas tenerla?
¿Quieres hacerla tuya?
María...
Tienes que verla.
Estás loco
y perdiste la cabeza.
Latina...
Ave María...
Un millón de candelabros.
Esto ya lo he visto.
En mis mejores amigos
y el niño de al lado.
Tonto de amor
y lleno de fuego.
No vendrá de la lluvia.
Ella es como océanos
que van por el drenaje.
Azul como el hielo
y el deseo.
No deseas tenerla?
¿No quieres llevarla a su casa?
María...
Tienes que verla.
Estás loco
y perdiste la cabeza.
Latina
Ave María.
Un millón de candelabros.
¿No quieres doblegarla?
¿No quieres llevarla a su casa?
Ella se mueve como
si no le importase.
Caminando en aire importado.
Te hace desear morir.
María...
Tienes que verla.
Estás loco
y perdiste la cabeza.
Latina.
Ave María.
Un millón de candelabros.

viernes, 30 de agosto de 2024

Aquellas praderas azules. Una gota de sudor se desliza por tu vientre desnudo. Bangles en un cuarto

Una gota de sudor se desliza por tu vientre desnudo, muy despacio, al ritmo de tu respiración que, tras el terremoto, se ha ido acompasando.

Sonríes. Sonríes suave y despacio. Una sonrisa leve y duradera, la que sucede cuando has subido a las cumbres para arrojarte en el vacío y perderte en el vértigo de las aguas más profundas de tu cuerpo, las que viven con suave oscuridad hasta que yo vengo con huracanes y tormentas.

En la habitación solo hay una gran vela encendida que ilumina tu sudor, una lágrima esquiva que baja por la piel de tu vientre y moja el vello casi invisible de tu piel.
Hay una geografía ondulada de colinas que se te suceden allí tumbada, en el resplandor azulado de esa gran vela y la música de de las Bangles como una cortina que nos separa del mundo.
Yo te observo apoyando mi cabeza en el brazo doblado, te aprendo como el alumno más aplicado.

Has cerrado los ojos y solo tú sonrisa de paz te ilumina la cara, muy levemente.
Piensas en algo, ¿cuáles son las imágenes que pasan como nubes blancas por el cielo de tu frente?
Yo no quiero preguntar, romper el hechizo, y solo te toco con mi mirada, sin hacer fuerza alguna que alborote el aire que respiras,
lo haces muy despacio, casi como si estuvieras dormida pero sin estarlo.
Es un lugar intermedio, pálido. Tus manos reposan, una casi sin tocar tu sexo, la otra sobre mi pierna, y solo un dedo se mueve lentamente, escribiéndome en alfabetos perdidos la poesía de tus rincones.
Escribes muy despacio, igual que se resbala la gota de sudor de tu vientre, temblorosa, un instante traslucida hasta que resbala por la pendiente, pasa bajo tu mano y se cuela en el musgo dorado de tu sexo.

Cómo podría adorarte más que ahora que todo esto sucede en la habitación diminuta en la que buscamos hoteles en California, vimos estrellas reventadas en nuestro jardín e, incluso, conocí tus hielos.
Es la felicidad, una sensación que cortinas movidas por el viento cuando la tarde cae y el calor pierde su dolorosa presencia.
Un sonido de mar, como las caracolas de tu cuerpo.
De húmeda paz, de lento prodigio que hace semanas que se produce.
¿Me regalas un milagro? Uno más
Y entonces abres los ojos y el faro verde de tu mirada me ilumina por dentro y me da miedo.

Porque cada vez pienso en ti en adjetivos, y no sé si eso es bueno pero es cierto.
No sé si es que te estoy convirtiendo en lienzo que yo pinto con palabras que no son realmente tú sino mis propios sentimientos.
No sé si ya eres tú o simplemente mi sueño reflejado en tu cuerpo.
Si te has convertido en cosa o pensamiento que yo recreo.

Me duele este miedo de quererte hasta hacerte desaparecer.
De amarte como un objeto tan bello como delicado que puede romperse y en torno suyo tienen un halo de prodigio que casi no es humano.
¿Me comprendes?

Creo que no, pues nunca me atreveré a decirte todo esto; tengo un pavor ciego a conocerte. Acaso porque realmente no seas mi princesa de cuento, por no estar a la altura. No quiero saber que no te amo como deseas, como mereces; comprender que yo nunca seré el campeón único de tus sueños y deseos, y por eso sólo te observo, te aprendo para cuando no estés.
No es posible que realmente me puedas querer siendo yo algo tan pequeño.
Las probabilidad está por completo equivocada, pues me hizo ganar el primer premio varias veces consecutivas.
Y acaso no lo merezco.
No mereces que te convierta en una pura imaginaria