jueves, 3 de noviembre de 2016

CLIENTES Y MECENAZGO EN EL ARTE ROMÁNICO


Claustro de Santillana del Mar

"Las aristocracias rurales habían hecho generosas donaciones: el periodo de los monasterios había encontrado en estas ofrendas sus sustento"

En esta frase de Duby encontramos los dos principales factores que generaron el arte románico: señores feudales e iglesia.

Noble ofrece una iglesia a un monje. Vezelay

En este artículo intentaremos señalar las diversas características de estas relaciones entre mundo feudal e iglesia, viendo sus causas y fines.

Lucha entre el bien y el mal. Vezelay

Como sabemos, el arte románico se enclava en el feudalismo pleno, con su típica sociedad estamental y economía autárquica que sólo a finales de la etapa comienza a romperse.
Se trata, como dice el propio Duby, de un mundo rural y fragmentado en donde se entremezclan dos ideologías, la caballeresca y la cristiana
La primera de ellas ya la analizamos aquí, y lentamente será cristianizada por medio de las Cruzadas, la órdenes militares y la cultura caballeresca provenzal.


David luchando con el león, cristianización del espírutu feudal de la lucha. Vezelay

La segunda, la iglesia, pretendía cristianizar una sociedad aún con múltiples resabios paganos
Su principal instrumento será el monacato, especialmente Cluny, que se extenderá por el territorio, reconvirtiendo los múltiples movimientos anacoretas bajo la regla de San Benito y el control de la Santa Sede.
Restos de Cluny

Para su consolidación contó con la ayuda constante de la nobleza, cuyos hijos segundones pasaban a formar parte de su control como abades o priores.
Este nobleza mecenaba a monasterios y pequeñas iglesias rurales vinculados a ellos con un doble interés: salvar sus almas con misas y enterramientos en los monasterios y controlar ideológicamente a los campesinos a través del miedo, como ya analizamos aquí

De esta manera afluían limosnas y donaciones testamentarias que en muchas ocasiones se producían en tierra (ante la falta de moneda del momento), lo que hizo de tales monasterios nuevos feudos (esta vez eclesiásticos) que, gracias a la introducción de nuevas fórmulas de cultivo y a las aportaciones de sus vasallos, pronto se convirtieron en lugares de riqueza opulenta.
Santo Domingo de Silos, uno de los mayores monasterios benedictinos hispanos

De esta manera, el monacato se desarrolló mientras cristianizaba lentamente las costumbres de los nobles (tregua de Dios) y controlaba a la población rural, evitando todo tipo de revueltas.

Especial importancia en el crecimiento de estos monasterios fue el culto a las reliquias que se desarrolló en este momento, que pronto se ocuparon de controlar y expandir, tanto en su aspecto físico como en la creación de caminos de peregrinación (Compostela o Roma, pero también muchos de carácter local) que generaban una ingente cantidad de limosnas y un nuevo poder ideológico, dominando las conciencias a través del control de lo misterioso (los amos de lo sagrado)




"Una sociedad que otorgaba tanto valor a las fórmulas y a los gestos y que temblaba ante lo invisible, tenía necesidad de ritos para acallar sus miedos y para vincularse con las fuerzas sobrenaturales: necesitaba sacramentos y, en consecuencia, sacerdotes (...)
La mayoría de los hombres se consideraba demasiado débiles o demasiado ignorantes para salvarse por si mismos. Esperaban que su salvación proviniera del sacrificio que otros  aceptaban. Este sacrificio repercutía sobre todos y beneficiaría a la sociedad entera. Los monjes eran los agentes de redención colectiva (...) Captaban el perdón divino y lo distribuía a su alrededor"



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