Comisionado por los propios Medici, Lippi conseguirá lo que será su último y más bello trabajo, aunque su edad y estado de salud hacen pensar que suyo sería el proyecto general y alguna de las zonas bajas, siendo el resto de sus ayudantes (fra Diamantino, Matteo de Amelia y su propio hijo Filipino)
La parte baja, en enormes espacios, desarrolla escenas de la vida de la virgen, mientras que la superior nos muestra a Dios padre coronándola ante la presencia de la corte celestial.
La obra es una colosal muestra de sabiduría compositiva, tanto en la zona baja (con un perfecto equilibrio de vacíos y figuras) como en la superior, organizada en torno a un gran círculo que actúa como una gigantesca lente de aumento en torno a la cual se colocan los coros angélicos.
Destacan también sus fondos, unas veces arquitectónicos, otras pasajísticos que demuestran su control de la perspectiva y la luz diamantina que ilumina el mundo sin tragedia ninguna.
Esa luz se acompasa a las decenas de bellísimos rostros con su característico aire soñador. Todos distintos y a la vez perfectamente armónicos que nos llevan a un universo dulce, casi musical, que apela a los sentimientos más sutiles del espectador.
Una obra de profunda y delicadísima empatía que flocere, como si fueran fuegos artificiales, en el colorido de la parte superior, extraordinariamente diverso, casi un tornasol completo que se enreda en las formas sinuosas que serán típicas de Filippino Lippi.
La obra será básica en el aprendizaje de los dos grandes pintores de la escuela de Umbría : Perugino y Pinturicchio.
Pinturicchio. Spello





























