Nos restan algunos paneles de sus magníficos relieves en mármol con batallas contra los persas y otras de ofrendas votivas del emperador y los tetrarcas (toda una propaganda del poder, como es habitual)
Ofrenda votiva de Galerio
Nos restan algunos paneles de sus magníficos relieves en mármol con batallas contra los persas y otras de ofrendas votivas del emperador y los tetrarcas (toda una propaganda del poder, como es habitual)
Frente a la iglesia de Santa Eulalia se encuentra una capilla gótica con una imagen de la Santa. El lugar rememora el horno donde ésta fue quemada durante su martirio.
Esta capilla se completó en el XVIII con un pórtico para el que se utilizaron los restos del templo de Marte
En él encontramos capiteles y frisos de dicho templo
Una inscripción en la zona frontal, nos recuerda que el templo lo costeó Vetilla, mujer de Páculo
Estos relieves, por su estilo, parecen haber sido ejecutados hacia la segunda mitad del siglo II d.C.
En el siglo III, un acaudalado romano une ambas casas y crea todo un amplio y rico programa decorativo.
En algunas salas se utiliza el primer estilo de incrustaciones en donde la pintura mural simula estructuras arquitectónicas, especialmente incrustaciones de mármoles.
En otras, más emparentadas con el tercer estilo, aparecerán figuras, como la sala de los genios, jóvenes alados que portan una gran guirnalda y en la parte superior parecen putti entre roleos.
En la estancia del orante aparecen máscaras de Sileno, hipocampos, guirnaldas... que la posterior aparición de un orante cambiará de significado.
La última sala , el cortile-ninfeo se adornaría con un extraordinario mural que representa a Perséfone de regreso del Hades, acompañada por Baco y Ceres (todas divinidades muy cercanas a los ritos mistéricos que acaso siguieran los habitantes de las casas) y tiernas escenas de putti navegantes.
Pozzouli fue la entrada del gran puerto creado en tiempos de Augusto para la flota imperial que sólo entró en decadencia con la construcción del puerto de Ostia en tiempos de Claudio.
Entre los restos imperiales se encuentra este magnífico macellum, mercado, con gran patio porticado y termas.
En su parte central se encuentra un tholos con cuadro entradas en forma de cruz griega.
En esta zona se puede observar perfectamente el bradisismo consiste en un periódico descenso o ascenso del nivel del suelo por fenómenos en el nivel de magma de la cámara magmática. En las columnas se pueden observar las huellas de presencia marina en el tiempo
Esta Venus (tipo Lovatelli por los trabajos de esta historiadora de arte) con idolillo fue encontrada en un taller pompeyano. Siglo I d. C. Nápoles, Museo Archeológico Nazionale
Se trata de mármol de Paros y restos de policromía en los ropajes y cabellos (como era habitual en la época; también labios y ojos en este caso no conservados).
Su estructura y modelo responde a la inspiración de las formas praxitelianas en la cadera o el pulido del mármol que la llenan de sensualidad y elegancia que tanto valoraban las clases altas pompeyanas
Siguiendo las estructuras occidentales como centro orgánico de la ciudad
En él se encontraba el templo de Diana (que realmente era de culto imperial), el de Marte (actualmente reconstruido junto a Santa Eulalia), el pórtico (quizás perteneciente a un Augusteum o colegio de augustales, sacerdotes que se encargaban del culto al emperador Augusto) con una galería donde se encontraran las representaciones escultóricas de personajes mitológicos o figuras destacadas, como emperadores; una basílica y unas termas.
Construido por Roma a finales del siglo I a. C., sobre el río Guadiana que convierte a Emérita en un verdadero nodo que une la Vía de Plata (desde la Médulas y hasta Sevilla), el camino hacia Lisboa y el que conectaba con Toledo y Zaragoza
Se trata de dos tramos separados por un tajamar apoyado en una isla natural de fuertes fundamentos de diorita, con una longitud de 790m.
Su núcleo es de opus caementicium y se revistió de sillares almohadillados.
Sus pilas son cuadradas y tiene aguas arriba un tajamar semicircular que alcanza toda la altura del pilar, por encima del cual arrancan los arcos de medio punto.
Los tímpanos están perforados por pequeños arcos también de medio punto que actúan como aliviaderos.
Bajo los cimientos de la piazza Navonna aún se encuentran los restos del estadio de Domiciano.
Construido durante los años 80 tras un incendio que asoló una parte del campo de Marte, no se trataba realmente de un circo (pues no tenía ni spina ni carceres), pues no se dedicaba a la carrera de cuadrigas sino a las carreras a pie, luchas grecorromanas (como el pancracio o el pugilato) o el pentatlón (el lanzamiento de disco y de jabalina, el salto de longitud, la carrera del estadio, la lucha).
Un estadio a la manera griega, para crear una imitación de los juegos olímpicos: el Certamen Capitolino Iovi en honor de Júpiter Óptimo Máximo en donde el emperador mismo vestía una toga purpúrea y llevaba una corona dorada con la efigie de Júpiter, Juno y Minerva.
Un lugar poco apreciado por la plebe romana que buscaba espectáculos más vibrantes, que hablaban de filohelenismo del emperador (frente al carácter más romano de su hermano Tito o su padre Vespasiano)
Su arquitectura exterior seguía las ideas de arco y columna en pisos con órdenes alternados, como el Coliseo o el teatro Marcello.
En el interior tenía unas gradas sustentadas por grandes machones de piedra y cemento entre las cuales se abrían los pasillos para las circulaciones interiores.
Las torres del agua y, especialmente, las fuentes públicas —se han conservado más de cuarenta— que había repartidas por la ciudad, para que estuvieran fácilmente al alcance de todo el mundo; se ha calculado que pocos pompeyanos debían de vivir a más de ochenta metros de una fuente.
Tanto las torres del agua como las fuentes eran elementos de un complejo sistema de abastecimiento de agua conducida a través de tuberías por toda la ciudad desde el castellum aquae o «castillo del agua» (alimentado a su vez por un acueducto procedente de las colinas próximas), situado dentro de las murallas, al lado de la Puerta del Vesubio, innovación que vino a sustituir un sistema de suministro anterior basado en aljibes profundos y en la recogida del agua de lluvia.
Este nuevo servicio (inmortalizado con más o menos precisión en la novela Pompeya, el bestseller de Robert Harris) ha sido datado habitualmente en la década de 20 a. C., es decir en el reinado del primer emperador, Augusto. Pero los últimos trabajos indican que los primeros pompeyanos que se beneficiaron de un suministro público de agua corriente de algún tipo, aunque luego fuera perfeccionado por Augusto, fueron los colonos de Sila, unos sesenta años antes.
(...)
Las torres del agua, alrededor de una docena, estaban fabricadas de cemento y recubiertas de piedra caliza de la comarca o de ladrillo, medían hasta seis metros de altura, y contenían en su parte superior un depósito de plomo; eran subestaciones del sistema de suministro de agua a través de tuberías de plomo que iban por debajo de las aceras hasta las fuentes públicas y las residencias particulares vecinas, cuyos propietarios debían pagar un canon por el privilegio. Algo debió de fallar en el sistema de suministro del agua poco antes de la erupción, pues es evidente por las zanjas llenas de escorias volcánicas que, en el momento de su destrucción, las aceras de varios puntos de la ciudad habían sido levantadas y las tuberías habían sido retiradas. Lo más probable es que fuera un intento inmediato de investigar y reparar los daños causados en la red de aguas por los terremotos que precedieron a la erupción final.
(...)
Aparte de ser simples puntos de distribución, las torres del agua desempeñaban también una función hidráulica más técnica, ofreciéndonos de paso un magnífico ejemplo de la competencia de la ingeniería romana. El notable desnivel existente respecto al castillo del agua, construido en el punto más elevado de la población, significaba que la presión del agua era, si acaso, demasiado fuerte, sobre todo en las zonas más bajas del sur de la ciudad. Al recoger el agua en un depósito situado en su parte superior y dejar luego que cayera, las torres permitían reducir esa presión. Contribuían además a la presencia de agua en las calles: los depósitos de cal visibles aún en el exterior de algunas torres indican que a menudo se desbordaban. Las fuentes son un elemento incluso más corriente que las torres. La mayoría seguían el mismo esquema general: un gran caño con el agua corriendo a todas horas; debajo, para recoger parte del chorro, había una pila formada por cuatro grandes planchas de piedra volcánica. Situadas habitualmente en las encrucijadas y en las confluencias de calles, algunas sobresalían del bordillo y penetraban en el carril del tráfico; por tanto, para protegerlas de los desperfectos que pudieran ocasionarles los carros y las carretas al pasar, eran colocadas junto a ellas en el suelo grandes piedras verticales, equivalente antiguo de nuestros bolardos. Nadie que dispusiera en su casa de suministro privado de agua utilizaría este servicio público, pero los menos afortunados sí lo usaban, y en gran cantidad, a juzgar por la superficie sumamente desgastada de la piedra a uno y otro lado del caño.