Amparo nos recomienda en su blog este magnífico ensayo para introducirse en los misterios del zen y sus métodos
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sábado, 26 de septiembre de 2015
sábado, 4 de octubre de 2014
KAWABATA. KIOTO. UNA NOVELA-TRATADO SOBRE EL JARDÍN Y LA ARTESANÍA NIPONA
¿No son abstractos todos los jardines japoneses?
Ya hemos hablado en otras ocasiones de Kawabata y de su maravilloso estilo, casi como el que cincela, con sumo cuidado, las miles de facetas de un diamante.
En esta novela el lector lo volverá a encontrar, pero también encontrará muchas otras cosas.
Se sumergirá en la melancolía como una forma estética (especialmente cara a la cultura japonesa) que celebra la vida pero no olvida nunca el pasado, valora el paso del tiempo como forma de dar dignidad a las cosas a la vez que las va destruyendo lentamente.
Por eso, nada mejor que elegir Kioto, la gran capital del imperio japonés durante más de un milenio, que ya ha cedido su trono a Tokio y se debate entre la conservación de su pasado (una y otra vez reanimado, aunque cada vez de forma más melancólica, con los festivales que hacen girar el año) y la modernidad. Una ciudad llena de nostalgias.
Nada mejor tomar la propia época en donde la tecnología y la industrialización va eliminado las formas artesanales de los protagonistas (tejedores, diseñadores de obis y kimonos) e invade las tiendas tradiciones de aparatos electrónicos que son el envés (real pero también simbólico) de toda una larga forma de entender el mundo, como el mismo hecho de introducir diseños de Klee o de Kandinsky en los tradicionales obis.
Pero si por algo recomiendo este libro es por lo que le puede aporta a un occidental de conocimiento del jardín japonés.
Durante toda la obra sus protagonistas celebrarán el mundo (y a ellos mismos; "el color de los cerezos llorones floreció en lo profundo de su corazón") a través de la contemplación de los cerezos en flor, de las plantaciones de cedros, de los jardines de alcanfores...
A través de sus páginas podrá comprender el aspecto puramente intelectual de la naturaleza convertida en jardín, pues hasta los propios cedros son eliminados de sus ramas para crear troncos rectos a la vez que convierten el bosque en una composición humana.
Una Naturaleza (y con ella el propio tiempo al que se encadena) que es manipulado hasta conseguir un producto mental (igual que la arquitectura occidental manipula el espacio en bruto para darle forma precisa).
Ante este producto lentamente conseguido (pues la prisa no entra entre el catálogo de prioridades del mundo japonés tradicional, justo lo contrario que en la actualidad) el hombre no debe mirar (actividad puramente física) sino contemplar (con todo su ser, dejándose impregnar por el mundo circundante), para reencontrarse en una flor, incluso la elegancia de una flor caída al suelo por una tormenta, aceptando así tanto la belleza como su continua evolución.
Es toda un estética de lo sutil, que desprecia los tulipanes por sus vistosos colores y se ensimisma en las flores y las hojas de dos violetas que arrojaban una sombra leve sobre el verde nuevo del musgo que cubría el tronco.
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jueves, 18 de julio de 2013
Las esculturas del Parque Juan Carlos I. Homenaje a Agustín Rodríguez Sahagún . Toshimitsu Imai
Toshimitsu Imai , fallecido en 2002, formó parte de la explosión informalista que tuvo también sus ecos en Oriente, siendo "descubierto" por Tapie.
La obra que tenemos en el Parque Juan Carlos I pertenece a su obra final y ya ha perdido la agresividad típica del estilo para retornar a la tradición de los jardines zen convenientemente renovados.
Como puede apreciarse en las imágenes los dos jardines de arena y piedras se sitúan aislados por un muro de hormigón "flotando" sobre las aguas del gran estanque.
No existe vegetación, pues son jardines minerales en donde las rocas crean (en metáfora) lo que el espectador guste ver. Su apilamiento y organización, en apariencia casual, está sumamente pensada y responde a las típicas formas asimétricas, de equilibrio inestable y correspondencias sutiles típicas de lo oriental. (El wadi sabi del que ya hablamos aquí)
A intervalos también irregulares las rocas tienen algunas partes doradas, el oro como color de la eternidad (que fue muy utilizado por autores de los años 50, como Yves Klein, con sentido espiritual).
Como es habitual en todas las esculturas del parque, éstas están pensadas en función del paisaje y necesitan de la colaboración del espectador (que ha de moverse en torno suyo) para percibir dichas relaciones.
En concreto el Homenaje juega a contraponer la idea de "flotación" cuando las vemos posadas sobre el agua, con la de pequeño acantilado, de accidente orográfico cuando las observamos volcadas sobre las cascadas, como pequeñas montañas (tan típicamente oriental también)
sábado, 6 de julio de 2013
HORMIGAS SIN SOMBRA. EL LIBRO DEL HAIKÚ
Como alude en su propio título, la obra se trata de una antología-paseo realizada por Maurice Coyaud.
Antología pues nos recoge cientos de haikús organizados por temas que harán la delicia a los lectores.
Paseo porque no se trata de una simple recopilación sino que el autor intenta explicarnos la esencia y características de esta poesía mínima japonesa que ya vimos aquí.
Sus temas, sus características técnicas, su historia y evolución son analizados y puesto en relación con la lírica occidental.
Pero no se espere el autor un pesado estudio filológico. La exposición es anema, llena de encanto y sumamente bien escrita, incluyéndose cuentos populares y la pluma de un escritor que (como ocurre con el haikú), pasa de lo excelso a lo más cotidiano sin ningún problema.
Realmente, es el mejor libro del haikú que he podido leer y lo recomiendo tanto a los que quieran introducirse en él como los que quieran profundizar en sus médulas
sábado, 22 de junio de 2013
Anne Bancroft. Un libro para empezar a "no comprender" el Zen
El libro que hoy me gustaría presentaros es uno de los mejores que he leído para empezar a "no comprender" (que es la verdadera manera de empezar a conocer) el Zen.
Su lectura es sumamente amena y muy esclarecedora.
Sus primeras páginas nos hablan del origen y principales ideas de esta filosofía que, nacida en China, arraiga con fuerza en Japón.
Tras ello se nos hace un rápido y ameno repaso por los principales maestros hasta la actualidad. Una narración llena de anécdotas que nos permite poco a poco ir profundizando en sus ideas que no lo son.
Tras ello (y recomiendo el comienzo de su lectura desde aquí) se hace un interesante recorrido visual (con cortos pero esclarecedores pies de fotografías) sobre las artes y expresiones artísticas que se relacionan con él (sodo, ikebana, artes marciales, haikú, pintura, jardín, meditación...) y que nos amplían y profundizan la visión, ayudándonos a comprenderlos.
miércoles, 5 de junio de 2013
ESTÉTICA ORIENTAL. WABI-SABI
Nada dura, nada está completado y nada es perfecto
Richard R. Powell
Como habla Okakura acerca de las casas de te son "Casas de la Asimetría, porque están consagradas al culto de lo Imperfecto y porque adrede se deja en ella algún detalle inconcluso para que las imaginaciones juguetonas lo rematen a su placer"
.
Esta belleza imperfecta es una de las manifestaciones más típicas de la estética wabi-sabi. La sencillez, impermanencia, modestia, lo incompleto.
Muy probablemente se encuentren originalmente emparentadas con ideas budistas que desprecian la realidad (samsara) como una simple máscara de lo inmanente (nirvana), insistiendo así en la imperfección y escasa durabilidad de la primera para que no caigamos en sus redes y la consideremos como única verdad.
Precisamente por ello se insiste con tanta intensidad en la idea de fugacidad que a su vez nos lleva a suaves sentimientos de serena melancolía, de desconsuelo y soledad que, a su vez, potencian el ansia de vivir (el carpe diem occidental) en un flujo constante en donde la felicidad se consigue en la aceptación y el cambio perpétuo más que en las categorías estables y racionales de lo occidental.
Pues al contrario de la belleza europea (absoluta, abstracta, autosuficiente por si misma), en lo oriental la belleza sólo se vislumbra en pequeños destellos que tiene que completar el propio espectador. La belleza es así algo interior y subjetivo que tanto influirá en el arte contemporáneo.
Precisamente por ello Tanazaki insistirá tanto en la penumbra como escenario perfecto para la contemplación
Esta estética de wabi-sabi la podemos encontrar tanto en los ikebanas como en la caligrafía (sodo), en la contemplación de los cerezos en flor, las lacas, los haikús ...
sábado, 25 de mayo de 2013
EL LIBRO DEL TÉ. Kakuzo Okakura
El arte emparenta con
la religión y ennoblece la humanidad; eso es lo que convierte una obra de arte
en una cosa sagrada
80 años han pasado de la publicación (póstuma) de este libro
y sigue siendo fundamental para comprender mucho del arte y estética japonesa.
Su autor, exiliado por medio mundo, busca con ella una
reivindicación de lo japonés frente a la cultura occidental tomando al té y
todos sus complejos rituales como pretexto.
Y digo esto pues, pese a su título, este pequeño librito es
todo un sutil tratado de estética oriental (especialmente la derivada del zen)
que nos explica desde los modelos religiosos de origen chino y sus
consecuencias (desde el “comunismo” del confucionismo a la libertad
individualizadora del zen), la importancia de la asimetría o lo inconcluso, el
poder del gesto y la ceremonia, el profundo sensualismo de todas sus artes
derivadas, el ikebana o las artes marciales, el haikú, el poder del camino…
El lector puede conocer así a apreciar muchos de estos
matices con su lectura y descubrir el poder (estético y psicológico) de los
pequeños gestos.
jueves, 9 de mayo de 2013
sábado, 4 de mayo de 2013
TANIZAKI. ELOGIO DE LA SOMBRA
Muchos lo conocerán como uno de los más señeros narradores nipones.
Sin embargo, el libro que os quiero presentar hoy es un ensayo, breve y concentrado, que ayudará a muchos a internarse en algunas de las ideas estéticas del arte japonés (y oriental en general).
A través de su libro encontraremos referencias a la arquitectura (y sus sugerentes aleros o espacios internos), el teatro No, la belleza femenina, la técnica del lacado ( y su cualidad de sombra y profundidad), la preferencia por el jade (esos bloques de piedra extrañamente turbios que atesoran en lo más recóndito de su masa unos fulgores fugaces y perezosos, como si se hubiera coagulado en ellos un aire varias veces centenario), la propia comida...
En todos estos ejemplos el autor nos va desgranando con una exquisita sensibilidad el gusto oriental por el paso del tiempo que se graba de forma sutil sobre los objetos y el llamado wabi sabi o belleza de lo inconcluso, indefinido, inacabado, imperfecto, que la oscuridad permite aumentar, dando así pie al espectador a reconstruir lo fugaz y semipercibido, cargando de resonancias internas la visión inconclusa.
El libro, es un pequeño grito de nostalgia frente a un Japón, el más tradicional, cada vez más invadido por la técnica y la exactitud occidental, que a nuestro autor casi le parece pornográfica.
lunes, 29 de abril de 2013
ARTE ORIENTAL. IKEBANA
Todo el mundo conoce, aunque sea lejanamente, los arreglos florales japoneses llamados Ikebanas. profundicemos un poco sobre ellos.
El Ikebana surge de la fusión del budismo zen (Chan) proveniente de China y el sintoísmo del archipélago. Del primero toman la idea del do (camino; el ikebana es el Kado o camino de las flores), convirtiendo al arreglo floral como una forma de meditación, autoconocimiento y perfeccionamiento a través de las técnicas repetidas y la concentración (pues el ikebana no sólo se realiza sino que se contempla y es, en si mismo, toda una meditación sobre el paso del tiempo, la fugacidad de las cosas).
Del sintoísmo se toma el amor a la Naturaleza (el llamado Setsu-Getsu-Ka o Nieve, luna y flores) y la idea (extendida en todo lo oriental) de la necesidad de fusión entre la persona y su entorno, adaptando los intereses y objetivos personales a las estaciones y el propio espíritu de las distintas plantas.
Del sintoísmo se toma el amor a la Naturaleza (el llamado Setsu-Getsu-Ka o Nieve, luna y flores) y la idea (extendida en todo lo oriental) de la necesidad de fusión entre la persona y su entorno, adaptando los intereses y objetivos personales a las estaciones y el propio espíritu de las distintas plantas.
Probablemente su origen histórico coincida con la entrada del budismo en la zona a través de Corea en el siglo VI y la costumbre de del kuge u ofrendas de altar.
En algún momento indeterminado estos altares florales fueron pasando al interior de las casas, siendo los siglos XIV- XV (momento de creación de la arquitectura tradicional, el teatro No o los haikús) cuando se establecieron las principales reglas y escuelas del Ikebana que tomó como referente el tokomona o pequeño nicho en la habitación principal en donde comenzó a situarse.
Aunque las escuelas y técnicas del Ikebana son múltiples (y aún hoy en día siguen desarrollándose nuevas técnicas) suele presentar algunas ideas repetidas.
La primera de ellas es su minimalismo o contención. El ikebana, al contrario de los adornos florales occidentales, tiende a la concentración de medios, buscando un equilibrio entre el conjunto y lo individual (se busca una imagen global que no impida la contemplación particular y, sobre todo, las distintas relaciones entre las partes que recrean la armonía del universo)
Tradicionalmente se tiende a una estructura de triángulo escaleno (o aún mejor, la intersección de dos triángulos isósceles en contrapeso. In-you, el chino yin-yang) con tres puntos (ramas) principales: la mayor (Ten; tai) que representa al cielo, la intermedia (jin; yo) el hombre y una tercera más pequeña (chi; fuku), la tierra.
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