¿Un idiota que ocupa el trono está libre de toda culpa sólo por ser idiota?
La insoportable levedad del ser (Milan Kundera)
Pues eso. A los malos jefes no se les puede perdonar ser idiotas o inválidos emocionales
¿Un idiota que ocupa el trono está libre de toda culpa sólo por ser idiota?
La insoportable levedad del ser (Milan Kundera)
Pues eso. A los malos jefes no se les puede perdonar ser idiotas o inválidos emocionales
Las cosas que hacía no le importaban nada y estaba encantado. De pronto comprendió la felicidad de las gentes (hasta entonces siempre se había compadecido de ellas) que desempeñaban una función a la que no se sentían obligadas por ningún «es muss sein!» interior y que podían olvidarla en cuanto dejaban su puesto de trabajo. Hasta entonces nunca había sentido aquella dulce indiferencia.
La insoportable levedad del ser (Milan Kundera)
Tú que antaño eras encantador de serpientes con tu verbo florido, hogaño apenas si llegas a ser entrenador de lombrices con tus miradas esquivas, llenas de miedos
Contaba con todas las habilidades del cortesano clásico, que tanto sabía halagar y adular a sus colegas (o jefes) como apuñalarlos por la espalda.
El respeto (Richard Sennett)
EMPRESA POSMODERNA.
Dícese de aquella sustentada por la pura apariencia de un producto que es bueno no por su calidad sino por la publicidad invertida en él.
También empleado para la que ofrece a sus clientes lo que nunca puede dar y termina complaciéndolos en todos los más risibles caprichos dada su escasa capacidad de resolver los verdaderos problemas.
En la administración pública aquella que funciona como si realmente su mando supremo quisiera trabajar de veras y enfrentarse a los problemas sin dilatarlos por decenios
PYME
Individuo arrogante que controla la vida de menos de un centenar de personas a las que paga un sueldo mísero recibiendo por ello genuflexiones y todo tipo de piropos.
O
Aquel empresario con poco dinero que crea un pequeño negocio a fuerza de horas extras, extorsión a sus trabajadores (llamar mejor implicación), etc., y que, al ser heredado por el vástago habitualmente inhábil termina por hundirlo
A los malos jefes... Si alguna vez existieron
Lo de Rubiales es algo más que puro machismo, es el Pack completo de toda una manera de entender el poder que considera a sus subordinados como cosas, instrumentos para sus fines (monetarios, sexuales, de status...)
Es la forma antigua de poder que gusta de humillar al que tiene por debajo, del compadreo (machista, homófobo, clasista...), ... Los que alguna vez lo hemos sufrido, lo conocemos bien.
Hombres que se creen que sus deseos han de cumplirse, y para eso no dudan en recurrir a lo que sea: insultos, descalificaciones, victimismo, chantajes emocionales o laborales...
Son esa raza de caciques dueños del cortijo que tan bien se adaptó al solar hispano.
Porque yo lo valgo.
Y el que esté contra mi lo esta contra la moralidad, la razón, mi propia visión de las cosas que es la única correcta.
Si a todo esto le añades una mujer (*que es inferior, por supuesto), y un grupo que le aplaude, le ríe las gracias, le jalea la tetosterona (su grupo de serviles a sueldo, que nunca deben faltar) : todo esta servido.
El que no obedece merece ser destruido, el que le apoya también es enemigo, incluso los tibios que no le dan palmadas en el hombro son sospechosos, pues en el firmamento solo existe él, el haber llegado al mando lo confirma.
Es él el elegido por los dioses y tú un simple insecto, un pigmeo, una cosa prescindible. (Por eso, y por capacidad de venganza más allá de los límites normales, la gente no intenta entrar en confrontación con ellos, y por eso, también, ganan tantas veces, maldita sea)
Los malditos putos amos, así se ven y se comportan frente al resto de pringaos o seres utilizables para sus deseos
Y al principio nosotros, simples mortales, no nos dimos cuenta, e incluso te criticamos. Pensamos, ¡qué simpleza la nuestra de seres tan pequeños!, que decías lo mismo una reunión y la del día siguiente por el simple placer de dejarnos sin el rato mínimo del recreo, por pura maldad de sentir que eras lo suficiente importante como para dirigir nuestras vidas y dejarnos sin tomar café. ¡Perdónanos, oh, dios supremo! Perdona la cortedad de nuestras miras; somos tan mínimos frente a tu augusta presencia...
Pero
ya lo hemos entendido, aunque, claro, nos ha costado. Hemos necesitado mucho
tiempo, muchas noches sin dormir, para comprender, primero, que Tú lo hacías
por nuestro bien. Como Pedagogo Insigne Nunca Suficientemente Ponderado hacías
esto para explicarnos un gran concepto, imbricándolo de tal manera en nuestra
vida que no lo olvidáramos jamás. Tú querías que supiéramos, que de veras
entendiéramos las famosas parábolas de Einstein, y nos demostrabas, nos hacías
vivir con ausencia de cafeína, la idea tan abstracta del tiempo detenido, pues
verdaderamente tu Colegio hace ya tiempo que se convirtió en un verdadero
agujero negro que absorbe todo lo que se encuentra en su entorno, sobre todo si
tiene forma, color y sabor a euro. ¡Gracias, Bienaventurado director; tu cada
vez acuciante falta de pelo no es más que, ahora lo sabemos, un exceso de
materia gris que impide el libre funcionamiento de los funículos pilosos!
Eso fue lo que entendimos, aunque no lo era todo, claro; no podía serlo, y aún necesitamos mucho más tiempo para vislumbrar la verdad verdadera que ocultaban tus actos tiernos. Al principio incluso de saberlo ni siquiera nos atrevimos a creerlo. Era tan grande y nosotros tan indefensos... Pero la evidencia terminó por imponerse, y la verdad siempre al fin aflora aunque sea tan enorme como ésta. ¡Oh, de veras que se nos acaban las palabras para hacerte loas, Gran Maestro Que A Veces Juegas (Lo Intentas) Al Baloncesto!
Tú
no hacías sólo esto para demostrar por fin empíricamente a Einstein. No tan
sólo. Lo hacías para que nosotros supiéramos de tu verdadera esencia, aunque de
una forma tan tímida, de tal elegante manera, que nosotros tardamos tanto en
vislumbrarlo. Acaso es que no nos quisieras asustar, o tal vez es que es esa la
manera tierna que tienen los propios de su especie de mostrarse a la mortalidad
abyecta de sus trabajadores. En realidad da lo mismo, pues lo importante eres
Tú, sin circunstancia, pues todas ya las has superado. Tú, verdadero Dios del
Tiempo que juegas con él a tu antojo, y lo detienes, lo aceleras o lo repites,
igual que un CD avanzado un poco bajito pero de grandes prestaciones. Eres el
dios temporero, la divinidad de los minutos, la triada capitolina que convierte
el ocio en trabajo, el café en palabras y los sentimientos en odios...
¡Oh, verdaderamente eres el
Granjero Supremo que apacienta los rebaños que nosotros, siempre tan
ignorantes, llamamos horas! Esas que a tu lado, oyendo tus palabras, se
convierten inmediatamente en meses, se dilatan en años y lustros escuchando tus
planificaciones siempre fracasadas por la vil práctica, pues no estaban a su
altura, eran demasiado buenas tus ideas para tenerlas que confrontar con el
mundo real, siempre tan caótico y confuso. El Dios de tiempo pasado y el
venidero, el que sabe lo que sucederá aunque luego suceda otra cosa, pues ya se
sabe que el mundo, los trabajadores, los puros seres humanos llenos de tantas
maldades como la de no querer arrodillarse a tu paso, son putrefactos y
asquerosos, puros residuos ante el manantial sin freno de tu inteligencia que
lo puede todo... Hasta hacer que el tiempo se pare y se encapsule para luego
poderlo liberar, una y otra vez, para deleite de nuestros oídos.
¿Gracias!, te decimos con
lágrimas en los ojos, como si en verdad peláramos una cebolla una capa tras
otra para encontrar finalmente que en la mano sólo se nos han quedado cáscaras
sin importancia.
Te queremos tanto que a
veces nos da miedo nuestros propios sentimientos.
Un beso muy fuerte,
precioso.
Nunca se tiene realmente el poder hasta que
se comienza a mentir.
Lucas Skaywalker
A los malos jefes... Si alguna vez existieron