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martes, 6 de junio de 2017

Shirin Bika Agha Mausoleum. Samarcanda



Parece imposible elegir entre los dieciseis mausoleos que componen Shan i Sinda, la ciudad de los Muertos de Samarcanda de la que ya hablábamos aquí.
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 Sin embargo, este me pareció especialmente delicado y os invito a ver alguno de sus detalles.

Su fachada en iwan es tan magnífica como el resto, con mayólicas de azul cobalto y sus decenas de "mandalas" florales que invitan a la meditación o, simplemente, a la alegría de ver su magnífica policromía, tan exuberante.


En el interior, sin embargo, se suaviza el color y todo se vuelve de una delicadeza extrema. Un verdadero sueño de azul y oro.

En sus paredes se van alternando paisajes de clara influencia china que nos hablan de esta ruta de la seda y sus mil influencias recíprocas.

 Son paisajes serenos, suaves en su tierno manierismo califráfico que se compensa por el uso de un color suave, casi desvaído, con el que nos hablan del paraiso islámico entendido como un maravilloso jardín



Un poco más arriba se encuentran sus celosías y juegos de luces.
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Pero la gran guinda del pastel es la cúpula, pintada al fresco como gran parte de toda la decoración interior y su representación de los siete cielos que se derraman desde la divinidad central hacia el mundo terrenal, con exquisita "lágrimas" de azules atauriques que se agrandan según descienden.

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domingo, 28 de mayo de 2017

Shah-i-Zinda. La Ciudad de los Muertos. Samarcanda



Pocas cosas he podido ver de arte islámico que logren, siquiera, aproximarse a la Alhambra, y sólo esta necrópolis casi puede ponerse en pie de igualdad con ella.
Hoy simplemente nos vamos a ocupar de sus orígenes y plan general para dedicarle posteriormente posteriores post de sus distintos rincones.

Ya su nombre es fascinante.
Shah-i-Zinda, el muerto  (el rey) que vive.
Una leyenda afirma que que el propio primo de Mahoma (Kusam Ibn Abbas) llegó a Samarcanda en el siglo VII y, aún no islamizada, fue decapitado mientras oraba. Milagrosamente, recogió su cabeza entre las manos y se internó, guiado por el profeta Khizrt, en un pozo de esta ladera para seguir viviendo para siempre en sus profundidades. (La zona siempre había sido un lugar sagrado con manantiales de agua)
En su honor se construyó una mezquita mausoleo cuya última gran reforma se realizó en el siglo XVI.




Diversas dependencias del complejo de Ibn Abbas
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En torno suyo comenzó a formarse (en torno al siglo XIV), la primera necrópolis, de la que nos quedan algunas estelas, pues el gran florecimiento artístico del lugar tendrá lugar en tiempo de Tarmelán (Timur, con la reactivación de la citada leyenda, con evidente trasfondo político que justificara la nueva dinastía), creándose los 16 mausoleos de su familia y principales colaboradores.
 Estos se colocan en torno a una estrecha y empinada calle que comienza en el iwan construido por Ulug Bek y termina en el morabito.
 La estructura de los mausoleos responde (en la mayoría de los casos) a gran iwan de entrada que conduce a una planta cuadrada que se cubre con cúpula de doble casco como las que ya analizmos en el Mausoleo de Gur i Mir.






La maravillosa decoración la analizaremos en un próximo post
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domingo, 23 de abril de 2017

LA MADRASA DE MIR I ARAB. BUJARA


Parece difícil quedarse con una sola madrasa de las decenas que pudimos ver en Uzbekistán, pero yo elijo ésta de Bujara, que me fascinó desde el primer momento, incluso por delante de las que constituyen el Registán de Samarcanda.

Acaso fue su primer encuentro, bajo la noche helada de diciembre, cuando la descubrí iluminada en una plaza en ¡donde sólo estábamos nosotros!

Esta madrasa fue la única que mantuvo sus funciones educativas (ser escuela coránica de niños hasta los 16 años) durante el periodo soviético y aún perdura hoy su quehacer, sorprendente en un Uzbekistán tan brutalmente desacralizado.

Plano de la Madrasa de Ulug Bek en Samarcanda en la que se inspira esta madrasa de Bujara

Por ello es imposible visitar a fondo su interior, que sólo puede verse tras una verja de entrada, aunque su plan repite otras ya conocidas, como las de Ulug Bek de Bujara y Samarcada, con patio con cuatro iwanes (recogido del modelo canónico de mezquita de la dinastía).



 En torno a ellos se sitúan las celdas de los estudiantes y los espacios comunes.






Dos aspectos del zaguán de entrada

Mir-i-Arab, que significa “Príncipe de los árabes”, y fue mecenada en el siglo XVI por Abdullah Yamani, que viajó de su Yemen natal para establecerse en una de las ciudades más santas del Islam, Bujara, convirtiéndose en consejero espiritual del Khan  Ubaydullah. 


Ocupa uno de los lados de la plaza, enfrentándose a la gran mezquita, una de las características más típicas del arte timurida, la creación de arquitecturas en espejo (cejas le llaman), que culminarán en el Registán de Samarcanda.

En la parte derecha se observa la parte trasera del iwan de la mezquita que haría de espejo a su fachada

Su estructura está generada en torno a un gran iwan (pishtaq), con lados simétricos en dos pisos recorridos por iwanes más pequeños. 

 Sobre ellos, y de nuevo simétricas, dos cúpulas bulbosas de un purísimo color celeste terminan por crear una composición poderosa pero llena de armonía.


La decoración es simplemente sublime y cambia constantemente según las horas del día, siendo especialmente bella al atardecer, en donde sus azulejos y ladrillos vidriados se incendian y tornasolan sus colores, convirtiendo en oro lo que antes era azu y verde








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