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jueves, 21 de mayo de 2026

La criatura del deseo. Andrea Camilieri

Tomado de wikipedia

Alma Malher era la mujer más fascinante del principio de siglo. Bellísima, cultivada, de una extraordinaria sensibilidad, había convertido su vida en la de la musa de los más célebres artistas, siendo modelo y amante a los 16 de Klint, esposa y viuda de Malher, amante de Kokoscha, esposa de Gropius...

Óscar Kokoscha era el pintor expresionista que estaba convirtiendo la Secession en un movimiento de pura vanguardia, evolucionando desde Klimt para llevarlo al expresionismo cuando la encontró.
A partir de entonces su relación fue intensa, tempestuosa, tan violenta como voluptuosa.
Óscar la retrató una y otra vez hasta crear su obra maestra, la novia del viento, todo un torbellino de emociones (negativas y positivas) como debió ser todo este periodo que terminó de forma abrupta.


























A partir de entonces comienza otra nueva relación, la del pintor con una muñeca a tamaño natural hecha de forma artesanal que pasea por Viena, lleva a la opera y, tal vez, hace vida privada con ella.






















Una verdadera fascinación, como la de un Golem, entre la magia, el recuerdo, el amor y la locura que Camiliere explora con sutileza que desdeña lo morboso e intenta comprender desde lo emocional y artístico


lunes, 22 de septiembre de 2025

Javier Reverte. Corazón de Ulises



Si uno quiere viajar a Grecia desde un punto literario, nadie debería hacerlo sin leer antes este libro de Reverte.

Acaso no encuentre demasiado arte ni un estudio sociológico del pueblo griego, pero sí paisajes y sus recuerdos. Recuerdos literarios que se suceden sin parar. Desde la Itaca para encontrar a Ulises o la Lesbos de Safo, la Troya de la Iliada, la Creta de Minos, Zeus y Afrodita, el Mileto de Tales, el Samos de Pitágoras o la Micenas de los Atreos y sus tragedias

Nos encontraremos con Zorba el griego pero también con Heródoto, Jenofonte y Tucídides, con la gloria de los grandes dramaturgos griegos, con el espíritu de Byron y el brazo semiperdido de Cervantes en Lepanto, con mil historias mitológicas y pertinentes acotaciones históricas que nos ayudarán a degustar el viaje a los viajeros letraheridos

lunes, 12 de mayo de 2025

El gabinete prohibido del palacio real de Madrid

El Rey salió, cargado con las llaves, cuyo tintineo llenaba la penumbra. Atravesó salas y pasillos, abrió con la llave más gorda la puerta más grande, y la cerró por dentro: había entrado en un dédalo de corredores zigzagueantes, interrumpidos por escaleras que subían y escaleras que bajaban. Tuvo que abrir, todavía, otras dos puertas, que también cerró después de haberlas pasado. La habitación prohibida correspondía a una torre, la del norte-este. Estaba a oscuras. Tanteando, halló una ventana y la abrió. 

La habitación carecía de muebles, pero de las paredes colgaban cuadros. Cuando sus ojos se habituaron a la luz escasa, pudo ver que en todos ellos había mujeres desnudas, solas o en compañía. Se hallaba ante las mitologías que su abuelo había coleccionado, y que sólo podían contemplarse con un permiso especial de la curia toledana, firmado de puño y letra del primado: privilegio de éste que el Gran Inquisidor le discutía, y que, como pleito de los que jamás se resuelven, se hallaba en Roma hacía lustros. Por fortuna, el otro rey, su padre, jamás había penetrado en aquel lugar, pues de lo contrario el pleito lo habría zanjado el fuego. 

– Los teólogos más sutiles, Majestad, tienen dudas de que su abuelo, el Gran Rey, se haya salvado, sólo por haber gastado en estas porquerías el dinero del pueblo. 

Las porquerías las firmaban, entre otros, Tiziano y un extraño holandés llamado El Bosco, «Hierombosc», según las cartas del abuelo a sus hijas muy amadas. El Rey recorrió con la mirada aquella acumulación de cuerpos a la intemperie y se detuvo en uno, donde una vieja celestina recogía en el regazo de su falda el oro que Zeus enviaba a la entrepierna de Dánae, la cual, sin embargo, algún oro debía de recibir en el sitio preciso, a juzgar por la cara que ponía. Dánae tenía unos muslos largos y un cuerpo dorado, semejante al de Marfisa. El Rey quedó ante él, como pasmado, durante mucho tiempo. 














Crónica del rey pasmado (Gonzalo Torrente Ballester)

lunes, 5 de mayo de 2025

Clara y la penumbra. los muebles de esquina

 El adorno no era una Mesilla ni ningún otro Mueble sino un Aderezo de esquina, un pobre objeto desgraciado que trabajaba los lunes (día de descanso de las obras de arte en el Museumsquartier), uno de esos ornamentos que Decoración inventaba para distraer las habitaciones vacías, lo cual se percibía sobre todo en su inexperiencia a la hora de servir el café. Bosch demoró varios segundos en percatarse de que se trataba de un hombre joven, probablemente un chico de dieciocho o diecinueve años. El peinado era un garabato de bucles endrinos y simétricos en forma de volutas cribado de plumas plateadas. La túnica, larga y tubular, en terciopelo negro, desnudaba un escote drástico en la espalda, casi un defecto, que en su extremo inferior no alcanzaba a cubrir la mitad de unas nalgas prietas y pintadas, como todo el cuerpo, en castaño bruno.

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Clara y la penumbra (Jose Carlos Somoza)

lunes, 28 de abril de 2025

Nápoles según Erri de Luca

Nápoles es una ciudad de contrapelo, de esas que arañan la pizarra con las uñas, y el mármol, con la hoja de un cuchillo. A sus inquilinos les provoca erupciones cutáneas. Quien se apea en Nápoles lo sabe de antemano: habrá muchas cosas que le tocarán. Las ciudades que acaban en el mar se deslizan de buena gana hacia las olas a través de pasajes angostos. Acaso por defensa, para que el enemigo se adentre incómodamente en ella por embudos, estrechamientos, gargantas. 

(...)

Nunca maternal ni indulgente: no guardo recuerdo de que perdonara a los suyos ni que los suyos se perdonaran entre sí.

(...)

Provengo de la tupida humanidad de una ciudad abarrotada: ni puertas ni ventanas atrancadas salvaban del potaje sonoro de peleas, discusiones, comidas, cisternas, fiestas, lutos e insomnios ajenos. No podía uno oponerse, taparse los órganos: la densidad desbordaba, consumía el aire. El dialecto era una lengua de asfixiados: conciso,

Napátrida. Volver a Nápoles (Erri De Luca)


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lunes, 21 de abril de 2025

Emilio Lara. La venus del Espejo

 Podríamos hablar de dos libros en uno.

El primero es fantástico. Nos narra la asombrosa historia de Olimpia Maidalchini que consigue salir del convento acusando falsamente al sacerdote y lentamente va escalando peldaños en la sociedad italiana, casándose primero con un viejo rico y, ya viuda con un miembro de la familia Pamphilj.

A través de él comenzará a vivir en el palacio de la familia en la Piazza Navonna y conocerá al hermano de su marido, el oscuro religioso que terminará convirtiendo primero en Nuncio en Nápoles y Madrid, luego en cardenal y por último en papa, Inocencio X.

Su ansia de poder, su capacidad de evaluar a los enemigos y las situaciones le permiten moverse en las intrigas vaticana hasta convertirse en la papisa en la sombra, generando múltiples críticas (los famosos pasquinos) que le acusan de nepotismo, robo e incluso, amancebamiento con el Papa.

Sin embargo, Olimpia tiene también un lado luminoso, como el apoyo a instituciones de prostitutas retiradas, de huérfanas, incluso de prostitutas en ejercicio (aunque por un módico precio de mordida).

También es una gran mecenas que utilizará a Bernini y Borromini para su gran proyecto, la Piazza Navonna y sus fuentes, palacio e iglesia.

La segunda parte de la novela es la que dedica a Velázquez y su Venus del Espejo, bastante más floja.

Las ocupaciones artísticas del pintor están bien desarrolladas pero la historia de amor con la pintora Flaminia Triunfi (en la que ni siquiera aparece Antonio, el hijo de ambos) y el propio cuadro son, con mucho, lo más flojo de la obra.














En cuanto Roma, la gran protagonista de todas estas novelas está magníficamente representada, igual que el Madrid Barroco o el Nápoles de la rebelión de Massianello. Las escenas de las navidades y los carnavales son magníficas y muy ilustrativas.


VELÁZQUEZ BÁSICO


lunes, 7 de abril de 2025

Pompeya y la distribución de agua















Las torres del agua y, especialmente, las fuentes públicas —se han conservado más de cuarenta— que había repartidas por la ciudad, para que estuvieran fácilmente al alcance de todo el mundo; se ha calculado que pocos pompeyanos debían de vivir a más de ochenta metros de una fuente. 

Tanto las torres del agua como las fuentes eran elementos de un complejo sistema de abastecimiento de agua conducida a través de tuberías por toda la ciudad desde el castellum aquae o «castillo del agua» (alimentado a su vez por un acueducto procedente de las colinas próximas), situado dentro de las murallas, al lado de la Puerta del Vesubio, innovación que vino a sustituir un sistema de suministro anterior basado en aljibes profundos y en la recogida del agua de lluvia. 

Este nuevo servicio (inmortalizado con más o menos precisión en la novela Pompeya, el bestseller de Robert Harris) ha sido datado habitualmente en la década de 20 a. C., es decir en el reinado del primer emperador, Augusto. Pero los últimos trabajos indican que los primeros pompeyanos que se beneficiaron de un suministro público de agua corriente de algún tipo, aunque luego fuera perfeccionado por Augusto, fueron los colonos de Sila, unos sesenta años antes.

(...)















Las torres del agua, alrededor de una docena, estaban fabricadas de cemento y recubiertas de piedra caliza de la comarca o de ladrillo, medían hasta seis metros de altura, y contenían en su parte superior un depósito de plomo; eran subestaciones del sistema de suministro de agua a través de tuberías de plomo que iban por debajo de las aceras hasta las fuentes públicas y las residencias particulares vecinas, cuyos propietarios debían pagar un canon por el privilegio. Algo debió de fallar en el sistema de suministro del agua poco antes de la erupción, pues es evidente por las zanjas llenas de escorias volcánicas que, en el momento de su destrucción, las aceras de varios puntos de la ciudad habían sido levantadas y las tuberías habían sido retiradas. Lo más probable es que fuera un intento inmediato de investigar y reparar los daños causados en la red de aguas por los terremotos que precedieron a la erupción final.

(...)

Aparte de ser simples puntos de distribución, las torres del agua desempeñaban también una función hidráulica más técnica, ofreciéndonos de paso un magnífico ejemplo de la competencia de la ingeniería romana. El notable desnivel existente respecto al castillo del agua, construido en el punto más elevado de la población, significaba que la presión del agua era, si acaso, demasiado fuerte, sobre todo en las zonas más bajas del sur de la ciudad. Al recoger el agua en un depósito situado en su parte superior y dejar luego que cayera, las torres permitían reducir esa presión. Contribuían además a la presencia de agua en las calles: los depósitos de cal visibles aún en el exterior de algunas torres indican que a menudo se desbordaban. Las fuentes son un elemento incluso más corriente que las torres. La mayoría seguían el mismo esquema general: un gran caño con el agua corriendo a todas horas; debajo, para recoger parte del chorro, había una pila formada por cuatro grandes planchas de piedra volcánica. Situadas habitualmente en las encrucijadas y en las confluencias de calles, algunas sobresalían del bordillo y penetraban en el carril del tráfico; por tanto, para protegerlas de los desperfectos que pudieran ocasionarles los carros y las carretas al pasar, eran colocadas junto a ellas en el suelo grandes piedras verticales, equivalente antiguo de nuestros bolardos. Nadie que dispusiera en su casa de suministro privado de agua utilizaría este servicio público, pero los menos afortunados sí lo usaban, y en gran cantidad, a juzgar por la superficie sumamente desgastada de la piedra a uno y otro lado del caño.


Pompeya (Beard_ Mary)


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lunes, 24 de marzo de 2025

Una nueva venus de tiziano


Desnuda como una de esas mujeres de Tiziano a las que un músico les mira con ojos de deseo su joya más preciada, encofrada entre las delicadas sedas de sus muslos.


Crematorio (Rafael Chirbes) 

martes, 18 de marzo de 2025

Pompeya y el Nilo



 Muchos ricos propietarios quisieron imitar las nobles casas del borde del Nilo, con su estanque y su canal, donde florecían las flores acuáticas. Las escenas del Nilo no faltan, con sus grotescos pigmeos atacando a los monstruosos hipopótamos o pescando en medio de los enormes nenúfares. 

El éxito de la religión isíaca favorece la multiplicación de los temas egipcios; se trata de otra naturaleza, donde los bueyes son sagrados y donde la garza lucha con la cobra (uraeus), un mundo que encanta y fascina a los pompeyanos. Convivencia de lo humano y lo divino













La vida cotidiana en Pompeya (Robert Étienne)


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lunes, 10 de marzo de 2025

CARLOS DEL AMOR. DOS MAGNÍFICOS LIBROS

 

Ambos libros participan de un mismo modelo y estilo (aunque yo prefiero, acaso por las obras tratadas) el primero.
Carlos del Amor nos hace una personal selección de cuadros de todas las etapas que nos presenta desde dos puntos de vista. 
Comienza con una pequeña narración (que basada en hechos reales y teorías contrastadas) en donde el pintor o los personajes del cuadro cuentan sus propias (mínimas) historias que permiten a los más legos acercarse al arte de una forma fácil y empática.


Tras ello se hace un pequeño análisis artístico de la obra y del pintor, entremezclando conceptos con anécdotas.

La obra tiene una exquisita sensibilidad a la hora de presentar ideas artísticas y es lo sumamente variada (desde el vasallaje a las modas actuales al gran arte o el arte para entendidos) para poderte dar una amplia panorámica que te puede servir para empezar a valorar todas las historias que hay detrás de las obras y los retratos 

lunes, 24 de febrero de 2025

Maureen Gibbon. Rojo París o la Olimpia de Manet

Una bella historia, maravillosamente escrita; una nefasta novela histórica o artística.

La historia, contada en primera persona, indaga en el mundo interior de Victorine Meurent, amante y modelo de Manet en su mayor esplendor, y musa de su famosa Olimpia.
Desde sus orígenes humildes de bruñidora de plata a encontrar su vocación como pintora, pasando por el sexo, la amistad o la pobreza.
Es curioso. La novela es una exquisitez de emociones y sentimientos que Victorine va descubriendo y dando forma en su interior, justamente lo contrario de lo que pretendía Manet, enemigo de cualquier tipo de sentimentalidad, buscando solo lo tangible o la idea pero nunca la emoción.

En cuanto a lo histórico artístico, la novela es todo un fiasco lleno de errores (era ya modelo años antes de conocer a Manet, practicaba la música y, muy probablemente, prostituta más allá de lo puramente ocasional), y apenas aporta nada a la figura o el arte de Manet, convirtiendo su famosa y escandalosa Olimpia en un puro efecto de amor

lunes, 10 de febrero de 2025

Clara y la penumbra. Un mundo de arte humano

 Allí estaban los revitalizantes, exfoliantes, hidratantes, suavizantes, bruñidores, barnices, tensadores y pulidores. Allí estaban también los hipotérmicos, hipertérmicos, protectores, flexibilizadores y anestésicos. Y las bombillas de repuesto, claro. Susan era una Lámpara diseñada por Piet Marooder. Necesitaba bombillas. 

(...)

Se sentó en el Sillón de Opphuls que quedaba libre y apoyó los codos en las manos sudorosas y los brazos rígidos del mueble. El Sillón respiraba bajo su trasero. Era una sensación curiosa, como estar sentado sobre un tonel flotando en un mar en calma. El mueble estaba desnudo y se doblaba en bisagra con la espalda apoyada en el suelo, los brazos en alto y el culo empinado. Sobre éste se colocaba una pequeña plancha forrada de piel. Eso era todo. Las piernas alzadas servían de respaldo. Se trataba de objetos fuertes, de complexión atlética, pintados en pardo, perfectamente entrenados. Los había de ambos sexos. El suyo, a juzgar por la forma y tamaño de los miembros superiores, podía ser masculino. Intentó no moverse demasiado ni hacer gestos bruscos: se había sentado varias veces en Sillones de diferente sexo y edad, pero siempre los había tratado con delicadeza y respeto. 

Una fina cubertería desnuda se movía de aquí allí. Eran Vajillas de Droessner. Tenían entre quince y dieciocho años y eran todas femeninas a primera vista, a menos que fueran transgenéricas, lo cual Bosch no descartaba. Habían sido untadas con una capa de nácar líquido de la cabeza a los pies sobre la cual Droessner había trazado una sutil filigrana de pájaros azules posados en ramas u hospedados en nidos. Había pájaros en los senos, en la espalda, en las nalgas y el abdomen. Llevaban cobertores auditivos y visuales, y por lo tanto estaban sordas y ciegas, pero aun así su trabajo era impecable. Recorrían el salón en un círculo inacabable, al estilo Escher, sosteniendo pequeñas bandejas con bebida y comida. Cada cierto número de pasos previamente calculado se detenían ante un invitado e inclinaban la bandeja. El invitado podía aceptar o no el ofrecimiento. Lo único que no podía era tocarlas: no eran adornos interactivos. «La Vajilla lujosa no se toca —pensaba Bosch—, ni siquiera aquí.»

(...)

En el techo brillaba una Lámpara bisexual de Du Perrin, en las esquinas lucían más Lámparas, casi todas femeninas, así como Mesas y Aderezos. Bosch se preguntó a cuenta de quién recaerían los gastos de aquella carísima decoración. «¿Fondos de cohesión otra vez?» Jacob Stein y April Wood fueron las ausencias más notables. Por lo demás, el «gabinete de crisis» estaba intacto. El Hombre Clave, que seguía encaprichado con la Bandeja de dulces, se apresuró a resumir el tema de la reunión con una frase espectacular: —Rip van Winkle ha capturado a El Artista con un error de menos del cero, coma, cero cinco por ciento. Puntualicemos. Cero, coma, cero

(...)

Ya nada nos diferencia de nadie, Lothar. Tengo en mi casa un retrato en cerublastina de Avendano. Es exacto a mí, tan exacto como un espejo, pero el modelo que sustituye al original este año es ugandés. Está en mi despacho y lo miro todos los días. Veo en él mis facciones, mi cuerpo, mi propio aspecto, y pienso: «Dios mío, por dentro soy negro». Nunca he sido racista, Lothar, te lo aseguro, pero me parece increíble verme a mí mismo y saber que por dentro, bajo mi piel, hay un negro oculto, y que si araño una de mis mejillas con la fuerza suficiente veré aparecer al ugandés detrás, inmóvil, a ese ugandés que llevo dentro y que ya no podré expulsar aunque quiera... entre otras cosas, porque el retrato es de Avendano y cuesta un huevo, ¿sabes?


Clara y la penumbra. Jose Carlos Somoza.

lunes, 3 de febrero de 2025

La costa de Herculano (Antes y Ahora)



Herculano, al pie de la exuberante montaña y con sus ventanas mirando al mar, ofrecía un aspecto imponente y orgulloso. Embarcaciones de recreo de vivos colores, algunas con formas de criaturas marinas, se bamboleaban en las aguas someras. En las playas se veían parasoles; la gente pescaba en los rompeolas. La música y los gritos de los niños que jugaban a pelota flotaban sobre las tranquilas aguas.



 —Ésa es la finca más grande de toda la bahía —dijo Torcuato. 

Hizo un gesto con la cabeza señalando una inmensa propiedad llena de columnas que se extendía cerca de la orilla y cuyas terrazas dominaban el mar

—. Es Villa Calpurnia. Tuve el honor de llevar hasta allí al nuevo emperador cuando fue a visitar al antiguo cónsul, Pedio Casco.















Pompeya (Robert Harris)


TODOS NUESTROS POST SOBRE POMPEYA

lunes, 20 de enero de 2025

Pascal Quignard, Terraza en Roma


Quién conozca al autor sabrá que sus obras son mucho más música o poesía o artes plásticas con palabras que una pura novela.

Aún así existe una pequeña historia: la de un grabador del siglo XVII que viajará desde el norte de Europa a España y a Italia, recalando casi definitivamente en Roma, en una terraza en el Aventino y un taller en la via Giulia.

Allí hará sus grabados de sombra de paisajes y escenas eróticas que el escritor se demora en describir, pues quizás gran parte de esta falsa biografía esté contenida en estas imágenes.

Se crea así una iconografía muy personal como lo es su propia técnica, basada en la sombra, en el negro, en el trabajo sin fin sobre la plancha.

Este amigo íntimo del propio Claudio de Lorrena es, también, toda una metáfora del deseo y la apariencia. El deseo por aquella amada por la que llega a la felicidad absoluta y a la más terrible de las amarguras: el ser desfigurado por sufrir una agresión con ácido.

Se crea así una tensión constante entre el deseo sexual y la fealdad, la atracción y la repulsión, el recuerdo y la amargura que nutre su vida y arte terrible y escandaloso.

                        LECTURAS PARA VIAJAR A ROMA


                                  ÍNDICES DE NARRATIVA

lunes, 16 de diciembre de 2024

Jorge Tomás García. Iconografías del arte antiguo. Grecia y Roma















Estas iconografías clásicas que podéis encontrar aquí forman parte de un interesante manual que se lee con placer y resulta interesante.

Entre sus puntos menos interesantes es el repaso excesivamente rápido de la escultura tanto griega como romana (y la escasísima presencia de lo arquitectónico), aunque esto se palia con creces con todos los apartados dedicados a la pintura cerámica griega y a las artes suntuarias tanto en el helenismo como en el imperio romano.

En en estos apartados es donde el manual se vuelve casi imprescindible, con sugerencia sumamente interesantes y conexiones entre los distintos campos.



lunes, 2 de diciembre de 2024

Arte hiperdramático (1)

 Lo bello no es más que el comienzo de lo terrible. RILKE

 La adolescente está desnuda sobre un podio. El vientre liso y la elipse oscura del ombligo quedan a la altura de nuestra mirada. Mantiene el rostro ladeado, los ojos bajos, una mano frente al pubis, la otra en la cadera, las rodillas juntas y algo flexionadas. Está pintada de siena natural y ocre. Sombras en siena tostado realzan los pechos y perfilan las ingles y la rajita. No deberíamos decir «rajita» porque hablamos de una obra de arte, pero al verla no se nos ocurre otra cosa. Es una hendidura nimia y vertical, sin rastro de vello. Damos la vuelta al podio y contemplamos la figura de espaldas. Las atezadas nalgas reflejan grumos de luz. Si nos alejamos, su anatomía nos parece más inocente. Pequeñas flores blancas le tapizan el pelo. Hay más flores a sus pies —un charco de leche—. Incluso a esta distancia seguimos percibiendo el olor tan peculiar que desprende, como a bosque perfumado de lluvia. 

Junto al cordón de seguridad, un atril con el título en tres idiomas: Desfloración.


Clara y la penumbra(c.2) (Jose Carlos Somoza)

lunes, 25 de noviembre de 2024

La decoración de los palacios romanos. Beard_ Mary

 Plinio —un erudito y autor de una obra enciclopédica al que hoy se conoce como Plinio el Viejo para distinguirlo de su sobrino— afirma que la famosa escultura de Laocoonte, el sacerdote troyano estrangulado por serpientes, había estado antiguamente en el palacio del emperador Tito. 

Señala también que Tiberio sentía devoción por una pintura del artista griego Parrasio del siglo IV a. e. c. que conservaba en su cubiculum; en ella se representaba a un autocastrado sacerdote de la Gran Madre (como los que vivían junto a su casa en el Palatino). No podemos saber cómo era ni cómo la había adquirido, pues, como la mayoría de las pinturas, hace tiempo que se perdió. Estaba valorada en seis millones de sestercios en dinero romano, una cantidad que superaba de lejos la riqueza total de muchos senadores. La pasión, o la avaricia, que sentía Tiberio por las grandes obras de arte acabó volviéndose en su contra. Tenía tal debilidad por una antigua estatua griega (fechada en el siglo IV a. e. c.) que se erguía delante de un conjunto de baños públicos en Roma que la hizo trasladar a su residencia particular y puso otra en el emplazamiento original. Sin embargo, tras una protesta masiva en el teatro, donde el público empezó a gritar «Devuélvenos la escultura», se vio obligado a restituirla. A pequeña escala, este episodio equivale al «Problema de la Casa Dorada»: ¿hasta qué punto podía, o debería, el emperador reclamar como propiedad privada el arte público de la ciudad? Quizás para defenderse de este tipo de acusaciones, otros emperadores llevaban algunas joyas del palacio, así como el oro y la plata, a templos públicos y convertían el traslado en un espectáculo. La historia cuenta que Alejandro Severo se había deshecho de tantas piezas valiosas de vajilla que, para una cena numerosa, tuvo que pedirlas prestadas a sus amigos. 

(...)

Pintadas en el techo de palacio, había constelaciones que reproducían los astros bajo los que había nacido Septimio Severo. Por su parte, Alejandro Severo tenía unos aviarios reales que albergaban —según una estimación excesiva y poco fiable— 20.000 palomas, además de patos, gallinas, perdices y otras especies de aves. Comparado con esto, la mascota de Augusto resulta mucho más modesta: tenía una cabra que daba una leche dulce y deliciosa y que supuestamente iba con su dueño a todas partes. Debemos recordar también la colección de baratijas, recuerdos, trofeos y maravillas procedentes de todo el imperio que terminaban en el palacio y lo convertían en el equivalente de un monumental «gabinete de curiosidades». Parte de todo eso era botín de guerra. Tras la destrucción de la ciudad y del Templo de Jerusalén por parte de las fuerzas romanas durante el reinado del futuro emperador Tito en el año 70 e. c., su padre, Vespasiano, hizo depositar todos los tesoros en su nuevo templo de la «Pax» (el término «Pacificación» transmite mejor el sentido que la habitual traducción de «Paz»). Tan solo se excluyeron «la Ley», los rollos de la Torá (probablemente) y los cortinajes de púrpura del Templo de Jerusalén, que se colocaron en el palacio. Sin duda, también terminaron allí algunas de las obras maestras del arte griego que habían llegado a Roma siglos antes como botín de conquista. Otras «curiosidades», en cambio, eran prodigios de la naturaleza, tanto reales como falsificados. Los propios emperadores coleccionaron activamente estas maravillas, mientras que sus súbditos donaban un buen número de ejemplares raros, sin duda con la esperanza de una generosa recompensa.


Emperador de Roma (Beard_ Mary)

lunes, 18 de noviembre de 2024

Andreas Gursky y Canogar . Los paisajes posthumanos













En una de sus fotografías digitales, Andreas Gursky representa una hilera de estantes de supermercado por medio de una perspectiva renacentista que ofrece una imagen del espacio de consumo como ilimitado, sucesivo, infernal. 

En ese mismo ámbito, la obra de Daniel Canogar, y en particular su serie Otras Geologías, ofrece imágenes proliferantes de basureros tecnológicos en que algunos cuerpos desnudos aparecen como restos de carne, como trazas posthumanas en medio del trash y del data trash. Desde esta perspectiva el paisaje mediático, como motivo pictórico y como tema cultural, queda definido como un tema de la historia del arte –o, quizá mejor, de su posthistoria–. 

 Afterpop (Eloy Fernández)


lunes, 4 de noviembre de 2024

Somoza. Clara y la penumbra


Es un hecho. El arte hiperdramático se ha impuesto. Han desaparecido los cuadros y ahora se contratan a modelos muy jóvenes que se convierten en cuadros en sí mismo que son preparadas, afeitadas, imprimadas y posteriormente pintadas por grandes artistas que crean conceptos con sus cuerpos y sus expresiones.

Estas modelos deben permanecer durante ocho o diez horas estáticas en la posición indicada por el artista como hibernando para ser observadas por el público que saben que son personas reales. Luego una ducha de múltiples químicos para ir quitando los distintos sólidos y al hotel encerradas casi como una joya mientras dure la exposición o su venta que tiene una manutención mensual extraordinaria.
Evidentemente hay otros que tienen menos suerte y en vez de lienzos se convierte simplemente en muebles humanos.

La novela es una análisis, en terrenos límites, sobre lo que puede significar el arte, el autor (un Hitchcock cualquiera el pintor debe manipular física y emocionalmente a su lienzo, tensarle en argot, para reconvertirlo en una sensación) y la modelo que ahora ya no se copia y se ha convertido en lienzo, imprimadas como él, convertida en una mercancía mucho más valiosa que la vida humana.
La intimidad, la sexualidad, la alimentación, las parejas, el consentimiento, ... Todo se pierde en aras del arte supremo, pues se suprime la persona.

Una novela negra muy adictiva, además de todo lo anterior.

Lucas Corralejo


                               ÍNDICES DE NARRATIVA


lunes, 21 de octubre de 2024

Warhol. Una revolución vanguardista Light, una versión para niños


















La apuesta funcionó y Warhol instaló una revolución vanguardista Light, una versión para niños, ausente de ideas y de consumo fácil, convirtiendo la contracultura en cultura de masas. No había que pretender transformar el mundo dinamitando lo existente como había procedido la vanguardia histórica. En su opinión, había que comprender el mundo y amarlo, disfrutar lo que era: un espacio dominado por el consumo, la publicidad y los medios de comunicación de masas. El arte debía adaptarse a la realidad y dirigirse a las masas que por definición incultas y anodinas.

 El silencioso lenguaje de las artes. CONCEPCIÓN PORRAS GIL