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sábado, 6 de marzo de 2021

EL NO LIBRO DEL SÁBADO /.../ (3)

 No, no, antes de marchar a Barcelona para encontrarse con la verdadera literatura, aún en el Madrid casposo de los 90, deberíamos hablar de un pequeño episodio, el único de ¿amor? que protagonizó en toda su vida, al menos en la pública, al menos en la que conocemos.

Sucedió como ocurren las cosas transcendentales, por la pura casualidad de una estúpida acumulación de pequeño gestos (el último tener que atarse el cordón de los zapatos, apoyado en el saliente del escaparate de un banco que acababa de comprar el local de un videoclub). Era martes y primavera, y al levantar la cabeza, mientras bajaba el pie al suelo, se encontró con unos ojos en los que (lo supo en el mismo instante) vivir indefinidamente, acunado en el mar azul de sus pupilas.

Tan valiente sensación (siempre se ha pensado) casaría más con su etapa sevillana que con esta, bisagra, madrileña. Sin embargo, la posterior relación tuvo mucho más del futuro /.../ que de momento becquerianos de rimas cagadas por las golondrinas.

Pues todo lo que sucedió la sumió en el estupor (primero), el la melancolía (después), para terminar con la más terrible de las angustias; todo en apenas tres meses, lo que duró aquella relación tóxica que sólo tuvo de bello el azul radiante de aquellos ojos de Elena, que así se llamaba.

Quedó desde entonces incapacitado para el amor, o al menos eso es lo que él decidió pensar, que para el caso es lo mismo; y quiso imaginar que unos imaginarios cordeles se le rompieron dentro del pecho, los que sirven para amarrar como globos de helio a los sentimientos más etéreos, destrozados por las uñas de rencor que le crecieron dentro, como zarcillos venenosos.

Muchos quieren pensar que /.../ nació de aquí, al menos su profundo odio hacia todo y todos, su acuchillamiento impío del mundo que se siente podrido, incapaz de regeneración alguna, y debe ser destrozado, vuelto inválido, aunque no para construir otro sino para llegar a la nada y el nunca. 

Pura tragedia sin catarsis ni enseñanza


Ciprián


El no libro del sábado

sábado, 20 de febrero de 2021

EL NO LIBRO DEL SÁBADO /.../ (2)

 A los 26 años y sin una razón clara Alfonso abandonó Sevilla para trasladarse a Madrid.

No fue a estudiar nada de lo antes abandonado, ni tuvo (que sepamos) una oferta de trabajo interesante, pues durante unos años se ocupó en trabajos diversos, no excesivamente remunerados que incluyeron desde profesor particular de niños excesivamente mimados para poder convertirse en buenos estudiantes a corrector en un grupo editorial que tenía en su amplio catálogo numerosas revistas de decoración, plantas y jardín , y misterios paranormales. También pasó una temporada como profesor en un colegio privado sin curas, tan apegado a las entonces existentes pesetas, que los alumnos parecían los pósteres de una vaca o un cerdo troceado, con el nombre de las partes alimenticias reconvertidas en refuerzos, clases de ampliación, música, piscina, baloncesto, kárate, taller de inglés...

Durante todo este tiempo residió en una casa de vecinos muy cercana al Pirulí que formaban un ecosistema verdaderamente curioso que (cuentan) le sirvió para escribir el boceto de una historia que llegó (no sabemos por qué conducto) al mismísimo José Luis Moreno, sirviendo (acaso) como idea matriz de Aquí no hay quien viva.

Sobre él vivían una pareja con nietos que corrían sobre su cabeza mañana tarde y noche, lanzándose al suelo como bombas programadas. Enfrente , en un piso también alquilado a una pareja gay que vivía en Pontevedra, un negro senegalés regentaba a base de gritos una especie de piso patera por donde pasaba cada mes varias personas diferentes mientras él fumaba larguísimos porros en la terraza que también servía como trastero y como gimnasio improvisado en donde el subsahariano hacía pesas entre trago y trago de cervezas y larga calada al canuto, mientras gritaba con voz atiplanada.

Dos pisos más arriba había una anciana que gustaba de los gatos (en el interior de la casa) y los gallos (que vivían en la terraza y saludaban al nuevo día desde las cuatro de la mañana), y había una jovencita (aunque menos de lo que ella creía) que era pija a la que perseguía el subsahariano sin éxito, yendo a ahogar sus penas al chino que había en la esquina que funcionaba como un verdadero bar clandestino en torno a cuya puerta siempre podías encontrar a una docena de hombres bebiendo entre gritos, meando entre los coches aparcados y lanzando piropos rastreros como pedos a las mujeres que se atrevieran a pasar por esa acera, mientras cada noche caía desde el piso superior la bolsa de la basura que la anciana depositaba de esta peculiar manera.

Un puro esperpento que Alfonso padecía con absurda cerrazón, hasta que se mudó a Barcelona.


Ciprián


El no libro del sábado


sábado, 6 de febrero de 2021

El NO libro del sábado. /.../ (1)

 La primera vida de Alfonso López Maestro no parecía ser la idónea para terminar escribiendo la radical /.../

Nacido en 1969 en Córboba, pasó una infancia de patios y olor a salmorejo, trasladándose a Sevilla para estudiar Filosofía y más tarde Magisterio, sin conseguir terminar ninguna de ellas. Tras unos años de los que nada sabemos, le encontramos empleado en un prestigio bufete sevillano, con ventanas hacia el río y Triana.

Realmente nunca han quedado bien explicadas sus posible funciones en tal empresa. Algunos han sugerido una vaga (pero tal vez cierta) ocupación en relaciones sociales, tan importante en una sociedad como la hispalense, que le permitió relacionarse en numerosos círculos de poder y prestigio local.

Fue entonces cuando comenzó a publicar sus primeros escritos, llenos de encanto, sonoridad y olor primaveral tan distintos a /.../. Participó también en bandos y pregones, creando poemas de circunstancias que fueron ampliamente celebrados desde distintos sectores de la ciudad, en especial los más conservadores, que  se sintieron rápida y felizmente reflejados en ellos.

Descripción de lugares de magia decimonónica, diálogos floridos y ocurrentes que algo tenían (aunque muy escondido) de los Álvarez Quintero, tramas inútilmente complejas que rompían todos sus nudos apenas diez líneas antes de terminar el relato, el testigo de lo musulmán como simple motivo decorativo o la publicación en revistas locales fueron las claves que se repiten en todos estos textos, por lo demás breves, sin ninguna novela de aliento (pese haberla anunciado en numerosas ocasiones).

Así hasta que se mudara a Madrid.


Ciprián


El no libro del sábado

sábado, 30 de enero de 2021

El NO libro del SÁBADO. Arenas doradas, pálidas aguas.

 Es la historia de una pasión otoñal (cuando la vemos desde el punto de vista de él). La historia de una explosión primaveral (cuando es ella quien habla y nos refiere los estallidos de su juventud bajo sus brazos terrosos).

Muchas veces se ha dicho que esta historia es (simplemente) la redacción de una oscura fantasía de su autor que (abonando esta tesis) nunca ha querido salir del escondite de su pseudónimo: Abel Primero, algo tan absurdo que (por consiguiente) tiene que tener una segunda explicación que muchos han intentado dar (el primer asesinado de la historia, por amor?, acaso la más conocida).

Fuera de esto sólo nos queda la historia de un subido espíritu erótico que nunca cae en la pornografía, pues se trata de algo más sensual (su larga cabellera, su cuerpo desnudo y ondulante buceando junto a los acantilados de Les Rotes...) que sexual, que más se sugiere que se cuenta, manteniendo así una tensión sexual a la postre inaguantable, como la de un interminable noviazgo antiguo que busca las sombras amigas de los parques.

Una intensa agonía que terminará en (cuidado, spoilers) un apabullante orgasmo de ella que le correrá como un relámpago por todo el cuerpo. Imposible poder describirlo, pues es necesario haber sufrido todas las páginas anteriores llenas de caricias sin pausa (pero tampoco conclusión), impaciente, sin posibilidad de tregua en sus vísceras alteradas, para sentir la plenitud del gozo que (muchos lectores lo han asegurando, comenzando así a crear su oscuro prestigio) es verdaderamente corporal en la última página, emborronándolo todo, ya sea hombre o mujer, incapaz de aguantar por más tiempo la presión de todas las aguas embalsadas que correrán piernas bajo, desde el vientre y hasta el sexo.


Junto a todo esto la historia es un larga observación de los dos amantes que se van conociendo poco a poco, encontrando cada uno de los rincones del otro, coleccionando sonrisas o miradas perdidas, el suave tacto de un vientre dorado, de un sexo infinito o la palabra de sonido exacto, mientras atardecía en aquella casa situada sobre las mismas dunas de una playa valenciana o alicantina. Su largo y liso pelo negro, brillante. La barba de él llena de canas, relumbrando al atardecer.

Un amor.


Ciprián


El no libro del sábado

sábado, 16 de enero de 2021

El no libro del sábado. Solsona la Buena. La llanura seminal

 La llanura seminal, una larga novela (525 páginas) sobre la vida de unos hombres en medio de la llanura infinita, a menudo atroz, que tanto podría ser la Pampa como una de las dos Castillas.

Creada por medio de múltiples diálogos internos que se suceden (primero) y (después, con mayor intensidad según se avanza hacia el final) se terminan por enredar como cerezas tristes, en palabras del propio autor.
De él apenas si se conoce el nombre, Avelino Fernández, y una decenas de opiniones sobre distintos temas entre sacadas de dos entrevistas (El País, octubre 2012; la voz de Galicia, noviembre 2013) que nunca incluyeron fotos.
Lo demás son simples comentarios sobre esta, su segunda obra, muchos de ellos más voluntariosos que verdaderamente valiosos.
Se insiste en ellas (de forma reiterada) en el paisaje como forma de sentimiento, a menudo atroz (de nuevo), casi siempre negativo, con un clima riguroso que pasa del hielo al fuego sin apenas transición para que las almas se puedan adaptarse al cambio.
Lo que olvidan, sin embargo, que, cuando más se profundiza en la obra, más se tiene la sensación de las causas-efectos son las contrarias a las más lógicas, y la tristeza precede a la lluvia, y un florecer en el pecho a la primavera, días después.
Por eso quizás no sea tan terrible (ni desdichado) la opinión de Vázquez, José Luis López, que ha planteado en algunas revistas (siempre minoritarias) que en La llanura infinita sólo existe ella. Es la propia llanura el único personaje que habla sobre sí misma, añadiendo voces propias para que parezca una multitud que se contradice y le permite pasar de la lírica a la épica sin otras molestias que el cambio de estilo de letra.

Leanla si pueden; les estremecerá el alma.