Contaba con todas las habilidades del cortesano clásico, que tanto sabía halagar y adular a sus colegas (o jefes) como apuñalarlos por la espalda.
El respeto (Richard Sennett)
Contaba con todas las habilidades del cortesano clásico, que tanto sabía halagar y adular a sus colegas (o jefes) como apuñalarlos por la espalda.
El respeto (Richard Sennett)
Sonia era cajera del supermercado y el uniforme de la cadena le sentaba muy bien a su figura de curvas perfectas, especialmente el pantalón.
Tenía el pelo castaño, la melena larga y lisa, y tenía varios piercing sugestivos, más sensuales que evidentes, con un tatuaje en tinta roja de una pequeña y serpenteante salamandra subiendo por la parte de atrás de su cuello. Era guapa, muy guapa.
Sonia. La cajera, a menudo aburrida de ofrecer una bolsa que nunca le aceptaban, pues tengo el carro fuera, atado con una cadenita, de repente se quedó sin aliento y acaso el alma le revoloteó por medio supermercado buscando un vino exquisito para su primera cena juntos.
No sabía aún su nombre y ya era consciente que, esta noche, dormirían juntos.
Pues él no era demasiado guapo, ni alto, ni joven. Un persona demasiado normal de las miles que pasan por las calles cada día y tienen una vida plana y sencilla, sin grandes esperanzas de nada.
Todo eso era cierto, pero Sonia, mirándole a los ojos, no le ofreció una bolsa sino su cuerpo entero como nunca nadie le había dado en su monotonía de hombre de mediana edad, pelo pobre y gafas sin diseño.
BORRADOR PARA OFRECER A LOS DEPARTAMENTOS DE MARKETING DE LOS PRINCIPALES SUPERMERCADOS DEL PAÍS PARA SU CAMPAÑA DE OTOÑO (pues tiene todos los anzuelos emocionales para ampliar sus clientelas masculinas)
Yo soy también madame Bovary; hay que ser sincero.
No teníamos bastante con el democrático deporte de cancelar las opiniones que no nos parecen correctas (hiriendo de gravedad nuestro ego sentimental), del presentismo que nos hace analizar el pasado sin su contexto (pues para eso ya utilizamos el nuestros y sus valores predominantes), del no separar la obra del autor y condenar al ostracismo las obras por los comportamientos personales de sus autores (recuerdo, Cervantes era ludópata y seguro que machirulo y carnívoro cuando podía; y Caravaggio un asesino)o de lo políticamente correcto.
No teníamos bastante con todos estos nuevos vicios del woke, cuando otro totalitarismo (ya conocido, creído enterrado pero resucitado a marchas forzadas a ambos lados del charco) viene a decirnos que los fondos públicos no deben financiar terribles obras cuasi pornográficas que escribía un tal Lope de Vega, obras sobre salud mental, a Virginia Woolf por hacer un personaje hombre que luego se convierte en mujer en Orlando, películas de dibujos animados por dos personajes femeninos que se besan.
Qué asco no poder ser libres para decidir lo que podemos ver y decir. Siempre nos consideran unos menores de edad
- Cuidado con Neruda, que es un genio machista, un poeta del heteropatriarcado blanco, igual que Picasso, un pollavieja revenido.
-¿Por qué dices todo eso, Solsona?
La ventaja de la censura es que puedes ser un autor que no publica nada sin que sospechen que careces de talento; al contrario.
Limónov (Emmanuel Carrere)