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domingo, 21 de octubre de 2018

PLAZA DEL TRABUCO (DEL CASTILLO). CUENCA


Cuenca está cuajada de estas plazas irregulares, hechas de miles de pedazos de historia

La de esta comienza en plena edad media, con los breves restos del castillo islámico que dominó Konka y ahora la parte alta de la plaza

En este lugar el viajero puede ver, simultáneamente, las dos hoces que abrazan la ciudad. Las vistas son inolvidables


Un poco más abajo se encuentra el gran palacio de la Inquisición

Tras él la fundación Antonio López de la que ya hablamos aquí, o la maciza iglesia de San Pedro que guarda dentro de sí exquisiteces mudéjares y rococós

Desde este punto se nos abren tres calles, a cual más bella: San Pedro, y las rondas del Júcar y de Julián Romero


lunes, 25 de junio de 2018

Calle Alfonso VIII. CUENCA


Está calle es la principal arteria que une casco antiguo y ciudad nueva.

Su creación se realiza a través de los siglos, adaptándose a la topografía y las sucesivas construcciones

Esto ha generado una calle sinuosa, en muchas ocasiones estrecha , que escala trabajosamente camino hacia la plaza Mayor. Su forma definitiva la género a lo largo del siglo XVIII.
El viajero podrá ver en ellas alguna de las mejores iglesias de la ciudad (San Felipe), casonas del XVII (la Casa del Corregidor y el palacio de Clemente de Aróstegui) o túneles realizados para protegerse de los bombardeos antiaéreos durante la Guerra civil.





Pero seguro que lo que le llamará más la atención serán los colores de sus casas, tradicionales en las ciudades durante la edad media y moderna, y afortunadamente recuperados
Y aún una cosa más. Busque el viajero, casi llegando a la plaza mayor, alguna calleja a su derecha. Llegará a barrio de San Martín y se encontrará esos mismos edificios de colores convertidos en gigantes rascacielos



























domingo, 19 de marzo de 2017

FUNDACIÓN ANTONIO PÉREZ. CUENCA

Mucho menos conocido que el de las Casa Colgadas, puede competir perfectamente con él tanto en obra como en entorno.



Se sitúa en la zona más alta de la ciudad, cuando las dos hoces a punto están de unirse, en el antiguo Convento de las Carmelitas diseñado por fray Alberto de la Madre de Dios y mecenado por el obispo Pacheco.

Su fachada es típica de la orden y el arquitecto (como ya pudimos ver en las Descalzas Reales), así como la pequeña plazuela que la antecede que sustituye al tradicional compás.

 En su interior, la iglesia cajón habitual aunque (estamos en Cuenca y todo tiene un soporte algo especial), el altar está verdaderamente sobrevolado sobre la Hoz del Huécar, apoyándose en una gigantesca ménsula que se agarra a la caliza para expandir el espacio.

También es fascinante su claustro al que le falta una panda y se convierte en una terraza alucinante y alucinada sobre el vacío, una de las experiencias más sublimes de la ciudad.

Las salas se encuentran distribuidas en un laberinto de pasillos y escaleras de una construcción llena de madera y cal, y sólo ir paseando entre ellas es toda una experiencia.
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En ellas se sitúan las amplísimas colecciones que llegó a tener Antonio Pérez, poeta, ensayista, agitador cultura, artista poco clasificable y amigo de toda la generación de pintores abstractos (Zóbel, Millares, Torner...) que hizo suya la ciudad como ya vimos aquí.

 La excepcional Sala Millares

De ellos hay numerosa y exquisita representación: Millares, Saura, Zóbel, así como de otros más jóvenes (Bonifacio, Equipo Crónica) y extranjeros.
De su propio fundador (responsable también de la idea museográfica y la organización de las colecciones) se encuentran sus famosos objetos encontrados.






lunes, 4 de julio de 2016

LOS RASCACIELOS CONQUENSES


El viajero disfrutará de un espectacular y fantástico escenario si desde la plaza Mayor bajo por la calle Alfonso VII observando sus casas de colores (casi  un verdadero cuadro cubista) y, en la primera bocacalle que encuentre a la izquierda, se interne hacia el barrio de San Martín.

Descubrirá entonces los famosos rascacielos de Cuenca ¡de más de diez pisos!

Las mismas casas que veía en la calle Alfonso VII deben adaptarse al terreno en pendiente del barrio de San Martín que se desploma hacia el Júcar, y alzarse indefinidamente y con las técnicas más peculiares para sustentar sus habitaciones salientes



domingo, 12 de junio de 2016

LA PLAZA DE LA MERCED. CUENCA

Al comienzo de la calle Alfonso VIII, junto al convento de la Esclavas del Santísimo, arranca una estrecha cuesta que muchos turistas olvidan tomar, perdiéndose una de las plazas más señoriales de la ciudad.

En ella se encuentra la arquitectura futurista del Museo de Ciencias o las dos imponentes fachadas (una manierista, otra barroca) del Convento de la Merced (en donde estuvo el fraile conocido como Tirso de Molina)  y del Seminario de San Julián.

Son dos obras excelentes que al viajero "con arte" le satisfarán, especialmente en el silencio de una zona sin comercios, que se levantan sobre lo que fueron las casas principales de los Hurtado de Mendoza, una de las familias más poderosas de la ciudad.

Desde allí ya tenemos a un golpe de vista la Torre de la Mangana de la que ya hablamos aquí





martes, 7 de junio de 2016

EL MUSEO DE ARTE ABSTRACTO DE LAS CASAS COLGADAS


Pocos museos en el mundo tienen un equilibrio tan magnífico entre colecciones y edificio, entre obras expuestas y vistas conseguidas desde sus ventanas, como nuevos lienzos por los que entra la realidad a raudales.
Su historia es larga y azarosa hasta que se consiguiera abrir en junio de 1966 (cumplen ahora su cincuenta aniversario)

Las distintas casas que lo conforman se han denominado habitualmente como casas Colgadas, un modelo de edificación que, según grabados antiguos, debió desarrollarse con profusión en todas las paredes verticales de la hoz del Huécar.
Anteriores al siglo XV por los documentos encontrados (y por tanto, pertenecientes al periodo gótico), fueron propiedad de la oligarquía local (tanto concejil como más tarde de canónigos de la catedral). (Para saber más de la historia de las casas) y más tarde utilizadas como Casas Consistoriales hasta la creación el Ayuntamiento en la Plaza Mayor (siglo XVIII)
Restos góticos en el Museo

En estado de semiruina, en el siglo XX se le volvieron a colocar unas atrevidas balconadas (como las que debió tener en su origen) y, décadas después, comenzaron a ser restauradas por el Ayuntamiento sin un fin previsto.

Fue en ese momento en donde las necesidades se cruzaron.
Zóbel, ya por entonces gran coleccionista de arte moderno, buscaba sin éxito un lugar para dar brillo a su colección, y una cena con Rueda y Torner (que disponía de contactos con el Ayuntamiento de Cuenca) termina por unir un inmueble sin uso y una colección sin museo.
El lugar rápidamente fue aceptado por lo sugerente de sus interiores y vistas, iniciándose una nueva reforma (verdaderamente inspirada y moderna para los años que hablamos) en la que participaron Torner, Rueda y Zóbel.
Su verdadera genialidad fue el respeto, manteniendo la estructura intrincada de pasillos y escaleras o las salas irregulares, creando un espacio verdaderamente mágico en donde la hoz entraba por la ventana a la vez que las grandes vigas de madera se adueñaban de los espacios, con una especial atención a las texturas y colores (en muchos casos bastante orientales, tal como quiso Zóbel)
Particularmente a mi me apasiona la sala blanca que podría haber firmado perfectamente Moneo.

Sobre este espacio la colección decidió ser radicalmente moderna, evitando los antecedentes anteriores para sumergir al espectador en la plena abstracción, ya lírica (Zóbelo Farreras), ya matérica (Tapies, Millares, Feito, Rivera, Lucio Muñoz), ya gestual (Saura), ya geométrica (Rueda o Guerrero), ya escultórica (Chillida, Oteiza) creando una colección desde entonces indiscutible en el arte contemporáneo español































El museo fue, además, el origen de muchas otras cosas.

Por una parte, sirvió como lugar de encuentro y experiencias de toda una generación abstracta, muchos de cuyos componentes llegaron a tener taller en Cuenca (Torner, Zóbel, Millares, Saura, Sempere o Guerero, siendo un impulso artístico a una ciudad hasta entonces adormecida que se iría culminando en la apertura de nuevos museos contemporáneos (Fundación Antonio Pérez, Fundación Saura, Espacio Zóbel).

Íntimamente unido a lo anterior, fue el inicio de la restauración de un semiabandonado y decadente Casco Histórico que convertirá a la ciudad en Patrimonio de la Humanidad.

En 1980, Zóbel donó el Museo a la Fundación Juan March, a la que desde entonces pertenece

domingo, 10 de abril de 2016

CUENCA. LA RONDA DE JULIÁN ROMERO


La calle por excelencia de la ciudad, al menos desde mi punto de vista.

En su origen (junto a la Catedral) una calle más llena de encanto con sus paredones y casas apuntaladas (en alguno de sus saledizos) por extravagantes pilares de madera que nos llevará hasta la Posada de San José (un hotel lleno de encanto e historia del que pronto hablaremos)

A partir de entonces, lo que era calle se convierte en cornisa, en abismo, y su segunda parte (hasta la misma iglesia de San Pedro) el viajero se encontrará colgado de la misma hoz, con maravillosas vistas interrumpidas por pasadizos con rejas misteriosas y fuentes de rumores.

En ella vivió Torner y el viajero moderno hará bien en recorrerla (mejor en el silencio y soledad de la noche de farolas amarillas) para mirar todo y no ver nada, sólo sentirse en un pasaje parado en un tiempo incierto, misterioso, profundamente evocador...

Al final de ella podrá visitar San Pedro (magnífica iglesia que guarda un interior rococó de Aldehuela y una capilla con magnífica techumbre mudéjar) o entrar al museo encantado de Antonio Pérez en donde el arte contemporáneo, la arquitectura y el juego crean un conjunto verdaderamente impagable




domingo, 21 de junio de 2015

LA TORRE DE LA MANGANA Y EL RECINTO ISLÁMICO-JUDÍO DE CUENCA


Resulta un tanto triste la visita a esta zona de Cuenca, más aún cuando es una de las zonas de la ciudad que más historia atesora entre sus piedras.
Y es que en la zona se levantó el alcázar de la Konka islámica, residencia de los delegados de los omeyas y más tarde del reino taifa que surgió en ella.
Quien quiera hacerse una idea de la magnitud del recinto sólo hace falta que lo bordee por la zona de Alfonso VIII y vea los magníficos muros de sillería que aún se alzan en esta zona.

Castillo palaciego que debió tener su zona habitacional, y posiblemente en él se encontraran los talleres de eboraria que sustituirían a los de Medina Zahara en el siglo XI, con piezas tan fantásticas como este bote que ya analizamos.
Tras la Reconquista, y con Ios mudéjares desplazados al barrio de San Miguel, la zona fue ocupada por la comunidad judía, que tuvo junto a la torre una importante sinagoga.

Tras la expulsión de los judíos la zona fue ocupada por la nobleza (cuyos restos magníficos pueden verse en la plaza de la Merced) y la iglesia.
De toda esta historia apenas si quedan ahora puras piedras, y no es ésta una figura literaria, lamentablemente. Las excavaciones de la zona se continúan apenas sin avance año tras año, con los plásticos ya corroídos y las vallas rodeando una supuesta musealización de la zona que espera, y espera...

En medio de todo ello queda tan sólo el Monumento a la Constitución que vimos aquí y esa famosa torre de la Mangana (al-mangana, la máquina, pues tal vez ya estuviera allí en tiempos andalusíes como una posible estructura para una catapulta).

Una torre que ha sido mil veces restaurada (desde la que le daba un aspecto morisco a la actual, también una recreación que recuerda a las torres medievales italianas)

Lo único que sabemos de cierto es que en el siglo XV era el campanario de Santa María la Nueva (sobre la antigua sinagoga) y en el XVI ya estaba instalado el famoso reloj que desde entonces mide las horas quietas de la ciudad.
¿Algún día podremos saber algo más de ella gracias a esa famosa musealización de la zona?



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