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lunes, 18 de octubre de 2021

ARTEMISA GENTILESCHI: Virgen de la leche


Se encuentra también esta pintora que es capaz de representar con tal exquisitez la relación entre madre e hijo (cuando aún era ella virgen y no había tenido la experiencia de la maternidad), una de las más delicadas y profundas de la Historia del arte.
En esta obra (pintada aún mientras residía en la casa de su padre) hay un profundo conocimiento del gran arte de su tiempo, y si el cromatismo (y ciertas exquisiteces formales) derivan directamente de su padre (Oracio), la postura de las piernas es la propia del Moisés de Miguel Ángel y las sombras posteriores derivan directamente de la lección de Caravaggio


martes, 5 de mayo de 2020

JUVARA. SANTA CRISTINA. TURÍN


Durante la creación de la plaza de San Carlos, y vinculada con la boda real del heredero con Cristina de Francia, se le encargó la reforma de la iglesia, especialmente su fachada, que se relacionaba con otra pareja (San Carlos). Ambas formaban un fondo escenográfico para la plaza y su calle central (tal vez inspirado en la piazza del Popolo de Roma) 
Para ello recurrió a un esquema romano en donde las columnas y las pilastras  creaban un gran aparato arquitectónico tras el cual se desarrollaba una forma cóncava, cerrada por un gran frontón.El gran óculo central (ovoide) relacionaría visualmente amos pisos.

Al interior se mantuvo la forma cajón con techumbre de madera que simplemente se enriqueció.
La iglesia de San Carlos (ya en el siglo XIX), remozó su fachada para emparejarse con ella, aunque sin toda la decoración escultórica


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martes, 2 de abril de 2019

GUIDO RENI. LA MATANZA DE LOS INOCENTES


Ya hemos hablado aquí de la figura de Guido Reni.
Veamos hoy una de sus obras más magníficas en donde (siguiendo la guía de Argan) nos muestra las grandezas de esta corriente clasicista inaugurada por los Carracci y llevada a su perfección por el propio Reni o su discípulo Guercino.
En un principio, el tema parecería más propio de la corriente naturalista de Caravaggio, y en el fondo algo de él existe aún en él, con Reni recién regresado a Bolonia de su estancia romana.
Según Argan la herencia realista se observa en la representación del hecho histórico como un acontecimiento sin desarrollo en el espacio y el tiempo, eliminando el paisaje en favor de unas arquitecturas que cierran la escena por la derecha, conduciéndonos de nuevo hacia la parte izquierda (que como veremos es el momento final de toda la narración)

























Por otra parte, la teoría clásica de Aristóteles sobre las emociones (en especial piedad y terror) es llevado a un límite casi extremo a través de los rostros y la gestualidad corporal.

























Sin embargo, Reni se para aquí, y reconduce la escena a través de una luz limpia y clara (puro Rafael en su momento más clásico) y una rigurosa estructura geométrica que recoge y estabiliza las actitudes de los personajes, contrapesando los movimientos para situarlos en la zona central, que se abre hacia el punto de fuga (algo que ya había realizado Rafael en la parte baja de su Transfiguración)

























En la zona superior, la descompensación de las arquitecturas de cierre (mucho más potentes la de la derecha, como ya decíamos) que nos conducen hacia la izquierda, en donde dos ángeles portan las palmas del martirio. 

Es, en palabras de Argan una edificante catarsis (...) que hace pasar de la cruda realidad del hecho a la espiritualidad (...) creando un alto sentido religioso y moral de una escena brutalmente trágica de la masacre

lunes, 5 de marzo de 2018

LAS POSTRIMERÍAS DE VALDÉS LEAL EN LA CARIDAD DE SEVILLA



Estas dos postrimerías, jeroglíficos o vanitas fueron pintadas por Valdés Leal para la iglesia de la Caridad. En ellas consiguió lo mejor de su obra (con tantas irregularidades) y dejó el ejemplo más evidente de cómo utilizar la muerte como un recurso didáctico al servicio de una idea, la de su mecenas, Juan de Mañara.

Se trata de dos grandes lienzos con formato de medio punto en la parte superior que se encuentran aún colocadas en el lugar para el que se imaginaron: los pies de la única nave de la iglesia.

En una de ellas nos parece la muerte con un espectacular ataúd bajo el brazo que se dirige hacia nosotros en todo un alarde de perspectiva mientras la mano contraria apaga una vela.






La Muerte se encuentra sobre un suelo alfombrado de todo tipo de objetos que representan las vanidades del mundo, todas aquellas riquezas y honores que los hombres intentamos atesorar y que de nada nos valdrán tras la muerte.

Su título, IN ICTU OCULI (en un abrir y cerrar de ojos) recalca la idea de la muerte que siempre nos esperará por sorpresa, en el momento más inesperado.


La segunda obra, FINIS GLORIAE MUNDI, nos presenta una escena aún más horripilante (Murillo decía de ellas que habría que verla con la nariz tapada, debido al hedor). Una serie de féretros abiertos nos muestran los cadáveres en descomposición (con un verismo que no nos ahorra ni los gusanos). Por sus indumentarias y ajuar descubrimos en los cuerpos que pertenecieron a obispos o reyes, pues nadie se libra de la muerte, que a todos alcanza e iguala.

Por encima de ellos la mano de Cristo (con su herida) sujeta una balanza en donde se recoge la idea tradicional del pesaje de las almas (ya presente en Egipto, como vimos) en donde se nos muestran las buenas y las malas obras.

Junto a él la cartela: NI MÁS NI MENOS.





Hasta aquí la pura descripción pero, ¿qué hay de tras de estos cuadros?



Evidentemente hay algo inapelable. Valdés Leal se inspiró (en ocasiones literalmente) en el Discurso sobre la verdad de Miguel de Mañara, el hermano mayor de la Hermandad de la Caridad. Si queréis ver las coincidencias entre texto e imágenes lo analizamos aquí.


Por otra parte, y como ya analizó tan brillantemente Santiago Sebastián, las imágenes forman parte de un conjunto más global sobre las obras de la caridad (pintadas por Murillo) y el Santo Entierro de Roldán en el retablo, la última obra de caridad, enterrar a los muertos, la genuina e inicial vocación de la hermandad.






Otra cosa distinta sería el motivo final de estos cuadros (y en general del tema de la vanitas). Frente a ello podemos encontrar varias hipótesis que planteamos brevemente.



La idea más tradicional fue planteada ya hace años por Maravall. Desde su óptica marxista la vanitas era una instrumento de control. La imagen de la muerte y sus miserias se convertirían en un mensaje visual potentísimo que cumpliría dos misiones: hacia los poderosos conduciéndoles hacia la caridad; hacia los estamentos más bajos una especie de bálsamo frente a su propia pobreza. Al demonizar el poder y las riquezas, la pobreza queda inmediatamente santificada y el pobre calmado ante las injusticias del mundo estamental (por ello, habla el autor, la constante referencia a la muerte como igualadora, una especie de justicia pospuesta y una forma de calmar el ansia de igualdad). Como hablábamos en el artículo de Miguel de Mañara, bajo esta óptica se esconde una visión de la mortificación y el sufrimiento que sirve como control de los posibles movimientos revolucionarios. Puro control ideológico.


Otros autores, como Gállego (Visión y símbolos...), insisten en el carácter simbólico que corre por debajo del realismo típicamente barroco. Un simbolismo que convierte los bodegones de Sánchez Cotán en vanitas disfrazadas y estos jeroglíficos un motivo de meditación emocional pero también racional (un amplio repertorio de posibilidades según la educación del espectador)


Checa y Morales plantean también el tema de una forma contradictoria que, sin embargo, es plenamente coincidente con lo paradójico que tiene el Barroco. Esta estética de la nada, del abandono, también es una forma de exaltación de la vida, pues la propia fugacidad de vida puede ser un acicate para la piedad religiosa pero también para el goce de lo material que tan rápidamente desaparece.


La última interpretación que conozco la planteó hacia unos años De la Flor y ya nos hicimos eco de ella al interpretar el Marte Pensativo de Velázquez. Este autor habla de un complejo de Job, de un imaginario de desastre en un Imperio en plena decadencia. Es la imagen de una historia triste (Villar), de la tribulación como un hecho cotidiano (Benjamin), una complacencia morbosa como síntoma último del desengaño ante el fin del Imperio. Una ideología anclada en el Ecliasastés que revela la crisis económica pero también social y moral del pueblo que fue el dueño del mundo y lo está perdiendo a pasos acelerados, quedando relegado durante siglos. Algo que vemos aparecer constantemente en la literatura descarnada de Quevedo



Miré los muros de la patria mía,

si un tiempo fuertes, ya desmoronados,

de la carrera de la edad cansados,
por quien caduca ya su valentía. 

Salíme al campo; vi que el sol bebía
los arroyos del yelo desatados,
y del monte quejosos los ganados,
que con sombras hurtó su luz al día.

Entré en mi casa; vi que, amancillada,
de anciana habitación era despojos;
mi báculo, más corvo y menos fuerte.
Vencida de la edad sentí mi espada,
y no hallé cosa en que poner los ojos
que no fuese recuerdo de la muerte.



























Junto a todo ello no debemos olvidar la interpretación más simple y contrarreformista de estas vanitas; un aviso sobre la fugacidad de esta vida y la llegada (inexorable pero también imprevista) de la muerte que nos hará inservibles todo tipo de riquezas, poderes y placeres que aquí quedarán, y sólo el alma y sus buenas obras, conseguirán salvarnos

Aquí añadimos otras vanitas ya analizadas en nuestros blogs
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martes, 20 de febrero de 2018

AMOR VICTORIOSO. Las múltiples caras de Caravaggio


Pintado para Giustiani, banquero amigo del cardenal del Monte, con palacio frente a San Luis de los Franceses y gran coleccionista y mecenas del pintor, representa alguna de las múltiples caras del pintor.
Realizado cuando ya se había hecho un nombre tras su intervención en la capilla Contarelli de San Luis, Caravaggio retorna a alguno de sus temas más queridos de sus primeros años romanos.
Y es que la obra, aunque perteneciente a la Gran Maniera instaurada tras San Mateo, es un retorno a los cuadros particulares para mecenas poderosos y cultos que había sido el primer sustento de Caravaggio en Roma (Cesto de frutas, los Bacos, Jóvenes músicos...)
Su iconografía es evidente: triunfo del amor terrenal sobre las ciencias y las artes (justo el contrario que veíamos en su Cesta de frutas). Carmona lo vincula directamente con el epigrama de su amigo Milesi: Omnia vincit amor.

Esta vánitas inversa tiene una fuerte carnalidad representada en el joven alado que tiene mucho más de pecaminoso (en su pícara sonrisa, ya sabedora de la vida, frente a su cuerpo aún impúber), y a menudo ha sido tomada por los especialistas como una prueba irrefutable de la homosexualidad del pintor (aunque Carmona entiende más una sexualidad poliforme) que juega con la provocación al espectador como ya lo hacía en su Baco enfermo.
Frente a todo ello la obra demuestra cómo el bodegón puede llegar a ser una obra de arte de primera categoría, así como el gusto por lo táctil (y algo más allá) que tantos objetos como muchacho exhiben.

Habitualmente se ha hablado de una relectura de Miguel Ángel (como ya había hecho en San Luis de los Franceses), vinculando esta obra con algunos modelos miguelangelescos, como la propia Victoria de la Signoria o algunos esclavos.


miércoles, 14 de febrero de 2018

LANFRANCO. Primera Parte


San Agustín y el misterio de la Trinidad. Sant' Agostino. Roma

Como ya veíamos en Guido Reni, la escuela clasicista no siempre mostró la limpieza y armonía de los Caracci o Domenichino.
Lanfranco es una buena prueba de ello, y su pintura se nutrió de múltiples influencias que la hicieron oscilar entre lo boloñés y lo caravaggiesco, sin olvidar la influencia de Correggio en sus pinturas murales, como la que le catapultaría a la fama: la cúpula de Sant' Andrea della Valle.


























Duomo de Nápoles

Protegido del conde Orazio Scotti y formado en Parma con Agostino Carracci, se trasladó a Roma con su hermano para la gran empresa del Palazzo Farnesse
Sus obras primeras grandes obras romanas las realizará en la capilla de Bongiovanni en San Agustín y la de Santa Teresa de San José 
En ellas vemos un profundo conocimiento de la pintura tenebrista (o al menos de sus modos que une a la idealización boloñesa)





Coronación de la Virgen. Sant' Agostino. Roma

Incluso se encuentra en estas obras la perfecta prueba de sus difíciles relaciones con Domenichino y su ¿plagio? Comprobadlo por vosotros mismos
Sant Agostino. San Agustín y San Jerónimo

Domenichino. Última comunión de San Jerónimo



martes, 20 de junio de 2017

LA FACHADA DE SANTA MARÍA DEL GLIGLIO


Esta fachada es uno de los ejemplos más sobresalientes del barroco de la ciudad.
Basado en el esquema del Gesú, se enriquece en dos direcciones.
Por una parte se adosa una imponente pantalla columnaria (típica del barroco romano de la segunda mitad del XVII, como Longhi o Rainaldi, aunque con una menor proyección tridimensional) de dobles columnas, siendo jónicas las inferiores y corintias las superiores, que articulan los entablamentos, cerrándose el conjunto con un frontón curvo partido en sus laterales.

A estas formas romanas, el arquitecto (Sardi) le añade el típico juego veneciano por la decoración escultórica, tanto en figuras de bulto redondo como relieves, creando una superficie totalmente ocupada por los distintos motivos que compiten con los elementos arquitectónicos (como ya había sancionado Sansovino en sus obras) o los sustituyen, siguiendo la idea palladiana de las esculturas superiores que siguen las verticales creadas por los elementos sustentantes, abriendo así la arquitectura hacia el cielo
Todas las representaciones son una larga loa a la familia Barbaro y sus empresas comerciales que reconstruyó la fachada de la antigua iglesia medieval