La geometría domina la arquitectura y decoración islámica. Pero, ¿tan sólo es un recurso decorativo? El tema crea numerosas polémicas entre los investigadores.
Oleg Grabar habla de formas esencialmente decorativas que crean un entorno en donde se trastocan las formas perceptivas habituales (un juego de positivo negativo que puede cambiarse en cualquier momento que provoca una sensación de inestabilidad, de fugacidad, de cambio en el espectador).
Otros como Lomba o Vilches relacionan esta geometría con la música (que en el fondo es pura matemática) y buscan sus antecedentes en las tradiciones pitagóricas recogidas en el ambiente helenístico de Damasco en tiempo de los Omeyas (siglo VII-VIII) y más tarde reelaboradas en la Casa de la Sabiduría de Bagdad.
Según estos autores la decoración geométrica generaría una especie de ritmos interiores (un tan tan continuo) al que la contempla (el que la contempla, no el que la mira apresuradamente) que transmitiría una sensación de paz y, en último extremo sería el trampolín para meditaciones superiores.
Marcais o Titus Burckhardt coincide en esta idea y la conecta con las prácticas sufíes en donde la danza rítmica (los derviches), o la salmodia (recitación) del Corán son técnicas utilizadas por los para alcanzar la iluminación (el llamado tafarruy, algo muy semejante a lo que ya hablábamos en el zen o la mística)
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