Un monje veneciano, fray Mauro (rigurosamente histórico), escucha en su celda a todo
aquel que quiera darle informaciones del amplio mundo. Su objetivo: crear
el mejor mapa conocido hasta entonces.
Pero el plan de fray Mauro escapa de las posibilidades
humanas y, como personaje de Borges, su mapa intenta reflejar toda la
subjetividad de los seres humanos ante el espacio y la geografía, sus vínculos
emocionales y experiencias vividas.
Una bellísima
obra sobre los límites de la geografía que son también lo son de la razón humana,
impelida a aventuras que puede imaginar pero nunca concluir. Toda una amarga reflexión sobre la subjetividad de todo conocimiento .
Desde el punto de vista histórico un verdadero ensayo sobre
la ciencia y el modo de conocimiento renacentista.
En realidad es un sutil solapamiento entre los modelos de
conocimiento aristotélicos y neoplatonicos heredados de la Edad Media y refinados en el renacimiento, y la
filosofia de la sospecha Nietzsche, la posmoderna y su subjetividad e individualismo.
Una indagación sobre la verdad y las
verdades o sobre la realidad como una construcción puramente social y a la
postre de cada persona.
Precisamente por ello , ya desde su principio, la descomunal tarea está condenada al
fracaso. ¿Cómo plantear un mapa de las
experiencias y los sentimientos, de las espectativas y las visiones personales? ¿Cómo unir estas verdades en una verdad
total que en el fondo sólo es un catálogo de infinitas visiones que se
contradicen y anulan más que converger entre sí?

























