La Piscina Stella, ahora cerrada desde hace años, fue una arquitectura de vanguardia. Un magnífico ejemplo del racionalismo con ecos Decó construida en los 40 por Fermín Moscoso del Prado y remodelada en los 50 por Gutiérrez Soto.
Su estructura blanca, de líneas muy claras y formas sin ángulos crean una arquitectura bella, muy audaz para la época, llena de glamour decó (relacionado con una imagen marinera relacionadas con los Club Naúticos) pero también de movimiento, de modernidad.
En realidad esta era la idea, casi profética, que la generó: crear un lugar moderno, limpio y feliz en medio del desastre de la postguerra española. Un lugar para el ocio de una clase pudiente, glamurosa, cercana de la Avenida de América, su conexión con la base (entonces exclusivamente americana) y los estudios cinematográficos de la CEA.
A partir de entonces el Stella dejó de ser solo una piscina para convertirse en uno de los primeros clubes sociales de ocio integral de España, una auténtica rareza en la época y todo un símbolo de modernidad. Además de una de las piscinas más elegantes de la ciudad, los socios del club podían disfrutar de una peluquería, pistas de frontón y bolera, salón de baile, bar, restaurante, bingo y zonas ajardinadas.
Fue todo un centro de la riqueza y el glamour nacional con visitantes como los duques de Windsor, músicos como Xavier Cugat o Antonio Machín, Alfredo Di Stéfano o Ava Gardner, que creaban un ambiente hedonista, mucho más abierto a la mentalidad dominante (desde el bikini a los primeros topless de su solarium).



















































