viernes, 3 de abril de 2015

LOS CAMPESINOS DE MILLET


Entre los grandes protagonistas del estilo realista se encuentra Millet.
Emparentado con la Escuela de Barbizon e influido por Daumier en su construcción sintética del cuerpo humano, representa el reverso de Courbet en lo que se refiere a su biografía y carácter.
Intimista, gustaba retirarse al campo, pero no por una ideología sino por propias convicciones, enamorado como estaba del paisaje rural y de los sufridos campesinos que viven de él.

Por tanto, su pintura no es crítica en sí misma, si no es por la loa de estos humildes campesinos. Un canto a su pureza original frente a la corrupción de la urbe.
Sin embargo, los críticos parisinos del Segundo Imperio nunca le perdonarán que convirtiera en héroes a lo que se consideraba seres zafios y malolientes (igual que Daumier lo hiciera con los pasajeros del Vagón de Tercera Clase o Courbet a dos lesbianas). Según las normas de decoro imperantes en la academia, la pintura había de servir para expresar temas elevados (especialmente históricos, mitológicos o religiosos).
Curiosamente, Millet tenía como gran influencia al academicismo francés, en especial a Poussin, del que extrajo la idea de una Naturaleza solemne, llena de clasicismo.

Tampoco gustaron en su momento las maneras técnicas del pintor (que como decíamos se relacionan con Daumier), que construye sus personajes por medio de gruesos empastes que le dan una mayor monumentalidad pero le alejan de la belleza relamida de los pompiers.
Ni tampoco su gama terrosa y un tanto sucia, ni su falta de detalles. Pues en realidad, más que retratos, Millet intentaba crear verdaderos arquetipos de este mundo duro.

Sin embargo, su estela inspirará directamente a Van Gogh, tanto en lo técnico como en lo ideológico.
De la misma forma que admiró a Delacroix por su uso del color, amará a Millet por su visión pura de la vida rural, de sus míseras condiciones de vida que no les derrotaban, de la voluntad de esta raza que la convertía en verdaderos héroes, llenos de dignidad, tal y como ya aparecen en en el famoso (y muy temprano) Comedores de patatas.
De Millet también tomará sus colores pajizos que llevará hasta el extremo, así como obras concretas (el segador, la siesta) que reconvertirá a su peculiar estilo

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