domingo, 26 de abril de 2015

HENRY MOORE. FIGURA RECLINADA


Junto con Brancusi, se le considera el gran escultor de la primera mitad del siglo XX.
Nosotros traemos hoy una de sus esculturas representativas para iniciarnos en algunos de sus secretos.
Su tema es una figura reclinada, una mujer, uno de sus temas más repetidos y que entronca en la larga serie de odaliscas (aunque despojada de su sexualidad explícita) iniciada por Delacroix o Ingres y muy utilizadas en el mundo de Matisse, autor fundamental para comprender su escultura.

En ella observamos el tratamiento de abstracción orgánica a la que Moore somete a las formas, pues bien claro que no se trata de una mujer, sino de los volúmenes de la femineidad, su curva continua entre formas cóncavas y convexas, con una clara valoración del hueco.
Vayamos por partes.
Las esculturas de Moore parten de la influencia (a menudo cruzada) de varios autores.
Las formas curvas, profundamente orgánicas, derivan de la pintura de Matisse y de las formas de Arp.

Su abstracción en formas cóncavas y convexas (tal y como sostiene  Herbert Read) le debe mucho a las famosas pinturas de bañistas de finales de los 20 y principio de los 30 de Picasso. La rotundidad de sus volúmenes que primero se aislan para luego ser engarzados son habituales en esta etapa de Picasso, fruto de una nueva reelaboración del cubismo sintético a la luz de las formas más clasicistas de los 20.

A ello se une el tercer concepto, la importancia del hueco (tan importante como las zonas llenas) en la comprensión de la escultura como un objeto que genera espacios, y no sólo en torno suyo, sino en su propio desarrollo interno (de ahí la importancia que siempre le dio Moore a sus esculturas públicas, situadas en la ciudad o el paisaje, y que precisamente en este ejemplo no es demasiado afortunada)
Esta forma de trabajar se entronca en una tradición que ya hemos ido analizando, iniciándose con Rodin para seguir en Gargallo, Julio González, y que despues de Moore seguirá siendo fundamental en la obra de Chillida u Oteiza.
Por último, no deberíamos olvidar el interés que siempre manifestó el escultor por las obras no clásicas (arte negro, de Oceanía, prehistórico como las Venus Paleolíticas...)

Con todas estas ideas Moore genera todo un mundo propio en el que (de nuevo Herbert Read) hay una búsqueda de lo numinoso, de las formas armónicas universales al modo de Brancusi (como las de la propia naturaleza, a la que pretende regresar a través de un pensamiento mágico) que pretenden hacer volver al espectador a través de la mirada pero también el juego (son esculturas para introducirse en ellas en muchas ocasiones) que permitan volver a desarrollar el sentido cenestésico y háptico perdido en la modernidad, tal y como ya analizamos aquí



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