lunes, 25 de mayo de 2015

LA TORRE VELASCA. MILÁN


A mediados de los 50, una serie de arquitectos italianos reaccionan ante el mundo puramente racionalista del Estilo Internacional que encabezara Gropius, el primer Le Corbusier o Mies van der Rohe. Sin renunciar a él (ni tampoco abscribirse a las ideas del movimiento organicista que encabezara Wrigth), buscan rescatar una serie de aspectos de que el racionalismo había olvidado, entre ellos, la importancia de la forma significante o la vinculación con lo histórico.
Pretendían resucitar antiguos estilos (como el modernismo italiano, llamado liberty), y de ahí vendrá su nombre: neoliberty, iniciando una corriente de revisitación de la historia que culminará en la posmodernidad de Venturi, Bofill o Moneo.

En esta obra que vemos, realizada Ernesto Nathan Rogers y de Enrico Peressutti (miembros del grupo de arquitectos B B P R)  entre 1956 y 1958, la curiosa culminación del edificio (además de aportar mayor espacio utilizable), nos recuerda las torres medievales, y especialmente la que realizara Filarete para el Castillo Sforzesco.

Gracias a esta ampliación en altura, la torre puede salvaguardar una parte de la plaza que lo rodea, insertándose en el espacio en un lugar propio y no como una simple fachada, como es habitual en numerosos rascacielos.

Por otra parte resulta interesante como los arquitectos buscan salirse de la típica caja de cartón de vanos repetidos, puramente modular (tal y como inauguró Mies) para crear sorpresas visuales gracias a la estructura de hormigón, rompiendo el orden de los vanos que, en la parte superior, no se encuentran "donde deberían estar"


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