miércoles, 10 de septiembre de 2014

LOS JARDINES DEL TURIA Y BOFILL


Bofill participó activamente en el plan de los Jardines del Turia (aquí vimos el origen y desarrollo del proyecto) de Valencia.
Por una parte a él le correspondió una parte importante del plan director, mil veces retocado, que sin embargo mantuvo su idea de parcelar en segmentos independientes frente a la homogeneización que pretendían otros.
En el terreno concreto a él le correspondió el ajardinamiento de la zona delantera del Palau.

Para su creación recurrió a sus maneras más típicas, jugando con dos estilos históricos (en este aspecto, Bofill siempre ha sido un posmoderno ortodoxo que juega con la historia y sus referentes).
La zona central, más representativa, se genera en forma de ágora al modo clásico, creando dos grandes stoas simétricas y adinteladas de ordenes clásicos (aunque convenientemente simplificados para no caer en el pastiche) que acotaban visualmente el terreno, dejando en la zona central un gran estanque regular. (Acaso todo un homenaje a la Valentia romana y a la mediterraneidad de la ciudad)

La simetría y formas rectilínea se subraya con la plantación en fila de palmeras, mientras que, entre las columnas, surgen olivos como referentes a lo clásico.



Enlazado dentro de este espacio, y con un desarrollo completo hacia el oeste, el jardín cambia progresivamente de referentes, y pequeños surtidores enlazados a través de acequias nos llevan al mundo andalusí (tan vinculado a la ciudad).


Estos surtidores mantienen su plan por debajo de los puentes que atraviesa y enlazan con el tercer espacio, un gran lago de formas curvas (que nos remiten a lo natural, la memoria del propio río que apenas discurría durante gran parte del año, quedando estas pequeñas lagunas) que integra el Puente del Mar y crea un bellísimo espejo para él, otra de las historias de Valencia, la medieval y comercial.





















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