lunes, 13 de junio de 2016

EL PRIMER FARRERAS. SUAVIDAD DE SEDA


 
En su producción nunca encontraremos el automatismo que subyace en la obra abstracta de los ex–surrealistas, ni la violencia, ni la pasión noventayochista por la historia. El suyo es un mundo sutil, construido, en el que apenas nada sucede y en el que esa casi nada es ordenada plásticamente.




Como dice el maestro Bonet, Farreras se encuentra en las antípodas del expresionismo abstracto de un Saura o un Millares.
Por el contrario, su arte se encuentra más a gusto en el mundo lírico que cultivó Zobel o la escuela del Pacífico, que tomaron nuevos caminos en la abstracción fuera de la nausea y el expresionismo para buscar lugares de calma, cercanos al mundo zen, en donde la agresividad ha desaparecido en favor de una realidad mucho más etérea y en constante (suave) movimiento.
En este mundo sutil se mueve el autor con maestría insuperable, con sus composiciones lejanamente simétricas, aunque con un protagonismo total de la curva sin ruido, deslizante.
A esto une su principal hallazgo, la utilización del papel de seda que arruga y pega sobre el lienzo de forma consecutiva, consiguiendo un tacto aterciopelado en los ojos y, a la vez, una increíble profundidad, pues su propia transparencia permite ir penetrando sin dolor en estratos sucesivos, como múltiples realidades desveladas e insinuadas, como un viaje tranquilo al interior de uno mismo.

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