jueves, 25 de febrero de 2016

RUBENS. SUSANA Y LOS VIEJOS


Vamos a utilizar este magnífico cuadro de Rubens del la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando para analizar alguna de las características del maestro flamenco que fue el gran pintor internacional del Barroco, un artista que se movió (a veces con misiones diplomáticas) entre las grandes cortes europeas y que por la cantidad de obras (gracias a su organizadísimo taller), su perfecta visualización de las necesidades representativas de la época, su estudio de los maestros anteriores o sus relaciones con otros artistas (Van Dyck, Velázquez), se convirtió en el verdadero paradigma del estilo.
El tema, del Antiguo testamento (el baño de Susana vigilado por los Viejos), nos muestra una situación violenta que se emparenta con las que hiciera Artemisa Genthileschi, tomada en el momento de mayor tensión, tal y como había aprendido de Bernini (Éxtasis de Santa Teresa) o Caravaggio.
El momento elegido le permite así explorar los affeti (los sentimientos), como es habitual en el mundo barroco, mucho más volcado hacia el mundo de las emociones que al de la razón. Susana (que tiene más de mitológica que de personaje religioso, a la manera que inventara Tiziano) comienza su apresurada huida tras la sorpresa mientras los viejos avanzan con furia, totalmente cegados por la lujuria.

De la misma manera, el momento permite un dinamismo poco habitual en este tema, creando una gran diagonal con el cuerpo desnudo de la mujer mientras los brazos de los viejos que saltan la balaustrada son verdaderas flechas que llevan al espectador también hacia él.
Se trata de un complejo y acertado uso de la ley de la derecha (el ojo occidental mira las cosas de la misma manera que lee, de izquierda a derecha). de esta forma entra en el cuadro por la mujer para seguir camino hacia los viejos. Esta dirección "cómoda" es intervenida por el pintor, forzándonos a volver hacia la mujer y creando así un bucle sin fin en donde la mirada se mueve sin posibilidad de salida, centrándose en ambos personajes y creando en el espectador un fuerte sentimiento de movilidad y tensión...
Si pasamos a los colores, Rubens será el gran maestro de los cálidos. Educado en la pintura veneciana (especialmente Tiziano), utiliza estos registros para potenciar el mensaje emocional, envolviendo las piernas de Susana de un fuerte rojo del manto (como hacía Caravaggio)mientras los viejos son tratados en fríos. Consigue así, de nuevo, dirigir nuestra atención hacia la protagonista a la vez que hace más angustiosa su imposible huida.
Algo muy semejante hace con la luz, con un gran foco en el lado derecho que derrama toda su fuerza sobre el cuerpo desnudo. Sin utilizar el tenebrismo de Caravaggio, sí toma de él esta luz cálida y dirigida que conduce la mirada del espectador.

Si os fijáis en los gestos, y siguiendo de nuevo a Caravaggio o a Bernini, Rubens plantea un tratamiento teatral de los mismos. Las caras, las manos o el propio lenguaje corporal está al servicio de las emociones, e incluso los subraya con otros motivos, como el brazo extendido de Susana que se multiplica a través de los múltiples pliegues del manto blanco. Como los famosos paños flotantes de Bernini, el continuo zigzag y ondulaciones de este paño dota a la imagen de mayor tensión, movimiento e instantaneidad.
Las figuras tienen una enorme deuda tanto con Tiziano (en la mujer, que aún se vuelve más voluptuosa, como era moda en la época y que deriva directamente de los cuadros mitológicos del veneciano) como con Miguel Ángel (forma serpentinata de Susana, canon hercúleo de los viejos).
Aunque la escena se produce en un primer plano, no por ello renuncia Rubens tanto a la pequeña perspectiva aérea de arriba a la izquierda (herencia veneciana) como a los elementos cortados (composición atectónica) de la fuente o colocados en escorzo (balaustrada), para conseguir un mayor espacio, como ya hacía Caravaggio.

Por último, fijaros qué delicia de texturas hay en todo el cuadro, la cálida carne de Susana confrontada con la piel rugosa de los ancianos, las distintas telas o la maravillosa cascada de agua realizada con una pincelada muy suelta. Con ellas el ojo puede realmente tocar (una forma sinestésica de representación) dando mayor verosimilitud a todo el conjunto
Como podéis ver, todos los recursos (de una forma verdaderamente retórica que una y otra vez subrayan lo mismo, como haría Bach en sus fugas) se ponen al servicio de una idea: dar una mayor expresividad y tensión a la imagen que, de esta forma, atrape al espectador de una forma emocional.
Pues nosotros los hemos ido desmenuzando poco a poco, pero el cuadro está pensado para ser simplemente contemplado, sin necesidad de pensar. 
Déjate llegar, nos dice el cuadro, que yo te enseñaré emoción tras emoción, como un martilleo insistente.
Un arte perfecto para los intereses de la nueva Iglesia de la Contrarreforma y las monarquías absolutas del siglo que buscaron una y otra vez a Rubens para darse una imagen potente, sensual y emotiva frente a sus fieles y súbditos. 

























Y ahora que sabes sus "trucos" seguro que disfrutas más de sus obras. Aquí tienes una selección



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