martes, 16 de febrero de 2016

EL BARROCO CLASICISTA. LA ESCUELA DE LOS CARRACCI

No contentos con imitar aquello que ven en un sólo sujeto, van recogiendo las bellezas repartidas en muchos (electio), y las juntan todas con fineza de juicio, y hacen las cosas  no como son, sino como deberían ser
Giovan B. Agucchi (Tratado de la pintura; 1615)




Frente a la opción caravaggiesca (y casi coetánea), existió otro barroco (mucho más importante en aquel momento aunque ahora nosotros lo valoremos menos), llamado barroco clacisista.



Domenichino. Última comunión de San Jerónimo

Su origen hay que buscarlo en Bolonia, cuando la familia Carracci creó la famosa Academia degli Incamminati en 1590 (antes dei Desiderosi, 1583), aunque más que una escuela en sí, se trataba de una reunión de pintores consagrados con otros más jóvenes en donde se debatía sobre la teoría artística y se enseñaba los principios del estilo clasicista, aunque sin rigideces ni imposiciones.

Carracci

Basada en el lema «CONTENTIONE PERFECTUS», buscaban una salida al manierismo (ya muy agotado y repetitivo) que, en palabras del cardenal Gabriele Paleotti, buscaba la creación de un código figurativo ortodoxo, instando a los artistas a que clarifiquen su lenguaje formal y se esfuercen en lograr una figuración sencilla e íntima de la belleza, más elocuente, que mueva el ánimo y someta la voluntad de fe por el deleite de la visión (...) que imite vivamente la verdad, de tal forma, si es posible, mantenga engañada su vista con la semejanza  (...) así como los oradores tienen por oficio deleitar, enseñar y conmover, también los pintores de imágenes sacras, que son como teólogos mudos, deben obrar lo mismo (Martínez Ripoll)



Sus tres cabezas fueron familia.Agostino, Annibale y Ludovico
El mayor de ellos, Ludovico, era el director y principal organizador de la Academia. Agostino enseñaba arquitectura, perspectiva y anatomía, y Anibale, dibujo y figura, siendo el más brillante de los tres.
Su interés por una salida del manierismo se apoyaba en el clima intelectual creado por el obispo Gabriela Paleotti, protagonista de las últimas sesiones de Trento, que publicara su Discurso en torno a las imágenes sagradas y profanas (1582)

Domenichino. Frescos del ábside de Sant´Andrea della Valle

Como puede verse se buscaba una vía típicamente contrarreformista de enseñar (conmoviendo) a través de la imagen, aunque, a diferencia de Caravaggio, sin traspasar las normas del decoro, intentando un equilibrio entre realidad y embellecimiento.

Guido Reni. San Gabriel

Para ello recurrieron a establecer entre la realidad y la pintura, el filtro de la historia, de la tradición renacentista (Martínez Ripoll), buscando una fórmula de compromiso entre el realismo e ideas heredadas del Alto Renacimiento, siendo especialmente consideradas las figuras de Rafael (y su armonía formal en las composiciones y exquisitez en los tipos), Miguel Ángel (y sus anatomías hercúleas, a menudo contorsionadas por la forma serpentinata), la delicadeza de Correggio y los venecianos (con su pincelada suelta para los fondos y su carácter colorista).
Guercino. Sibila Pérsica
Con todo ello consiguen una pintura majestuosa y dinámica sin perder claridad compositiva ni armonía, síntesis perfecta para unos clientes elitistas (nobleza especialmente) que busca decorar sin estridencias sus palacios con grandes ciclos al fresco con temas mitológicos (Palacio Farnese de Carracci, Casino Ludovisi de Guercino) o crear capillas privadas con escenas religiosas, tan intensas como bellas, alejadas del dramatismo de Caravaggio .






Guido Reni. Crucifixión. San Lorenzo in Dámaso

La llegada de los Carracci a Roma para la decoración de distintos ámbitos del Palazzo Farnese (algo bastante sencillo, pues Bolonia pertenecía a los Estados Pontificios y existín numerosos vínculos) fue el gran trampolín para el estilo que, con el apoyo de las grandes familias romanas (Aldobrandini, Farnese, Ludovisi, Borguese) o el del papa Gregorio XV y su secretario Agucchi, comenzó a expandirse sin freno gracias a los numerosos seguidores formados en la citada Academia boloñesa (Guido Reni, Albani, Domenichino, Guercino)



Estos artistas, aún manteniendo un estilo propio, tuvieron la sufiente personalidad (y calidad) para expresarse de forma personal.


Guercino. Margarita de Arezzo

La extensión del estilo hacia Roma se realizará por medio del menor de la familia, Annibale Carracci y su decoración al fresco del Palazzo Farnesse , triunfando definitivamente en manos de su principal discípulo, Domenichino, y su amplísima obra.



Lanfranco. Cúpula de Sant' Andrea della Valle

Junto a ellos destacarán las figuras de Guido Reni (acaso el más notable de toda la escuela, con un estilo muy personal), Guercino, Albani o Lanfranco (que pronto derivará hacia una pintura mucho más decorativa, cercana a Cortona e inspirada en Correggio). 

Albani
.
Santo Tomás y el misterio de la Eucaristía. El Guercino

Sus seguidores mantendrán el control de la producción pictórica en casi toda Italia, arrinconando a la vertiente caravaggiesca, continuándose en el XVIII

Carracci. San Diego de Alcalá. Iglesia de Montserrat. Roma
.
Destacan también por su tratamiento clasicista del paisaje de amplias y equilibradas perspectivas en donde se incluyen pequeñas escenas religiosas o mitológicas y motivos de ruinas clásicas (Huida a Egipto, Carracci).


Carracci. La pesca
.





 Albani


Su influencia será patente en Rubens y la pintura del gran Clasicismo francés (Poussin, Lorrena...).

2 comentarios:

  1. Me ha encantado este estudio de una de las escuelas pictóricas que más me gustan. Las figuras de Carracci, Guercino y, sobre todo, Reni, me son muy queridas. Por eso agradezco especialmente este post. Por lo demás, soy un seguidor agradecido de este blog. Enhorabuena y muchas gracias por darnos alimento espiritual.

    ResponderEliminar