lunes, 22 de febrero de 2016

CARAVAGGIO. DAVID Y GOLIAT. El final de una vida


El tema, tan habitual en el Renacimiento como ya vimos aquí, tiene en Caravaggio una profunda renovación que se analiza tanto en clave artística como personal.
La elección del momento es típicamente barroca y busca (más que la complicidad) el horror del espectador que asiste a la escena ya no como un ser alejado de ella, sino como alguien plenamente involucrado en su violencia terrible.
Realizado en varias ocasiones (Museo de Viena, Museo del Prado y, especialmente Galería Borghese que es la obra que abre el artículo), Luis Antonio de Villena analiza la escena como una doble biografía del autor
Por un lado la del genio desesperado, incapaz de aceptarse y ser aceptado en la sociedad en la cabeza de Goliat . "Es el mal que somos, el mal que también nos habita, el desgarro visceral, la propia ira incomprendida y humillada de quien no es capaz de sostenerse de Belleza". 
Esa misma belleza que representa David, la adolescencia tan bella como turbia que una y otra vez aparece en sus cuadros (Amor Victorioso), un siempre " bien tentador".
Esta visión aún se acentúa más en el cuadro de la Borghese, pues como nos comenta Bellori (primer biógrafo del pintor), "la cabeza de Goliat, que David sostiene por sus cabellos, es un autorretrato"

En esta obra, ahora adjudicada a finales de 1609 (últimos meses en Nápoles, antes de embarcar hacia su muerte en Porto Ercole) lleva una curiosa inscripción H-AS O S, que Marini y Calvesi han interpretado como Humitas Occidit Superbian (la Humildad mata la Soberbia).
La fecha y la inscripción ha hecho hablar a muchos especialistas de una verdadera obra biográfica, casi un talismán, afirmando que era un regalo simbólico a su tradicional protector (el cardenal del Monte) que en esos momentos se encontraba en Nápoles.
Una verdadera súplica de un Caravaggio que ya tenía sobre sus espaldas dos condenas de muerte, la de Roma por su duelo que le obligó a huir de la ciudad, y la de la Orden de Malta, que también le perseguía desde una oscura y nunca aclarada detención en la isla (¿acaso un tema de homosexualidad en la orden?)

Todo un final del camino que se había ido torciendo poco a poco por la violencia descontrolada del pintor que terminaría, poco después, con su muerte (¿por fiebres, por los sicarios de la Orden de Malta que ya le habían marcado el rostro en su última estancia en Nápoles?) en las playas yermas de Porto Ercole


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