domingo, 28 de febrero de 2016

PIETRO DA CORTONA PINTOR


Aunque cada vez sea más reconocido como arquitecto, Pietro da Cortona siempre se sintió pintor, y su obra revolucionó la pintura barroca decorativa, abriendo una fecunda línea en donde beberán Pozzo, Gaulli, Giordano...
Su carrera se inicia gracias al mecenazgo de  Marcello Sacchetti, que le contagió su amor hacia la Antigüedad (siempre presente en su obra) y le permitió entrar en el exclusivo círculo de los Barberini.
Retrato de Marcello Sacchetti. Cortona

Sus primeras obras se encuentran mediatizadas por su mecenas, intentando reinventar el género mitológico según las novedades establecida por los Carracci y su naturalismo idealizado.

Triunfo de Baco
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Rapto de las Sabinas

Junto a esta influencia, Pietro da Cortona siempre se sintió interesado por el color sugestivo de los venecianos (que nunca conoció in situ) y del que muy probablemente tuvo noticia a través de las obras que Rubens realizó a principios de siglo XVII en la Chiesa Nuova. Gracias a él conseguirá dar una nueva vida y sensualidad a sus composiciones, apartándose de la grandilocuencia un tanto acartonada de los manieristas para crear composiciones de fuerte emocionalidad, cercana al milagro (ya fuera laico como religioso).
Rubens. Chiesa Nuova. Roma

La segunda influencia será la obra de Lanfranco (discípulo de los Carracci) y su reinterpretación de las grandes obras de Correggio (cúpula de Sant' Andrea della Valle) que avanzó la pintura ilusionista, eliminando los cuadri riportati de su maestro Carracci en el Palazzo Farnese.

Lanfranco. Cúpula de Sant' Andrea

Ambas sugestiones serán básicas para sus primeras obras, como Santa Bibiana o el techo del Palacio Barberini que le conduciría a la fama con el Triunfo de los Barberini (ya lo explicamos aquí).

Sus mecenas le permitieron desplazarse a Florencia para pintar la Sala de la Estufa del Palacio Pitti, en donde sosegaría su estilo a la vez que iba aclarando progresivamente su paleta.
Los sucesivos cambios de papado le hicieron abandonar a los Barberini (caídos en desgracia tras la muerte de Urbano VIII) y trabajar para Inocencio X (frescos en su palacio de la piazza Navonna) y más tarde Alejandro VII, de la familia Chigi.

Triunfo de Eneas. Palacio Pamphili in piazza Navonna

Durante el periodo de León X fue tentado por el propio Velázquez para trasladarse a España, negándose a ello pues ya había contratado lo que sería la gran obra de su vida: los trabajos en la Chiesa Nuova (ante ello, Velázquez contrataría a Colonna y Vitelli que renovarían el género de la pintura ilusionista en España)
En la Chiesa Nuova (en la que ya había trabajado para el techo de su sacristía anteriormente) realizó el ábside, la cúpula y el techo de la nave central.

Techo nave central Chiesa Nuova
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Ábside

En este momento su estilo ha llegado a un periodo de total madurez, y junto a los tradicionales efectos ilusionistas de la perspectiva de sotto in sú (que, sin embargo, huyen de los excesos de virtuoso del palacio Barberini), encontramos amplias aperturas de un cielo azul radiante, una paleta clara y unas composiciones mucho menos abigarradas que permiten una visión amplia y luminosa de sus efectos (en la propia cúpula vuelve a los modelos de Lanfranco con círculos concéntricos, haciendo un claro homenaje a Rubens en su corona de ángeles centrales)

Cúpula de la Chiesa Nuova

Junto a su pintura ilusionista también cultivó las grandes palas de altar, como la que realizara para San Carlo ai Catinari o la inacabada de San Ivo.
San Carlo Borromeo en procesión. San Carlo Caitinari

Tras su muerte dejó un amplio taller (Ciro Ferri) pero también influiría indirectamente en otros grandes autores posteriores como Pozzo o Luca Giordano.
Luca Giordano. Gallería Ricardi. Florencia


Un libro para saber más de él

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