martes, 3 de marzo de 2015

LA PINTURA DECORATIVA BARROCA


Junto al tenebrismo de Caravaggio o el clasicismo de los Carracci, existió un tercer modelo de pintura perfectamente adecuado para el mundo barroco: la pintura ilusionista de muros y cubiertas.

Hasta la propia cúpula es mentira. San Ignacio. Padre Pozzo

Su técnica (llamada quadratura) consistía en desarrollar los conocimientos de la perspectiva lineal que se había desarrollado en el Quattrocento a lo que se añadía la técnica del escorzo y un punto de vista bajo (de sotto in sú). Los ejemplos eran múltiples, desde el refectorio de Castagno o la Trinidad de Masaccio, a las obras de Mantegna como el Cristo Muerto o la Cámara de los Esposos.
Cenáculo de Santa Apolonia. Castagno

Esta técnica se siguió perfeccionando en el Cinquecento y Manierismo (como el techo de la Sixtina realizado por Miguel Ángel, la Sala de los Gigantes del Palacio del Te de Mantua, las cúpulas de Correggio para las iglesias de Parma o la Iglesia del Patriarca, en Valencia).


 Catedral de Parma. Correggio. XVI

En el mundo barroco se llegará a la culminación del estilo, perfecto para este mundo de las apariencias del que ya hablábamos en este artículo.

 Pozzo. Casa profesa de los Jesuitas
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Su origen hay que buscarlo especialmente en Carracci y sus trabajos para el Palazzo Farnese cuyo discípulos y seguidores reelaborarán una y otra vez hasta su triunfo definitivo.

Entre los discípulos destacarán Guido Reni en el casino Ludovisi del palacio Palacio Pallavicini-Rospigliosi o Guercino, mientras Lanfranco recogerá las ideas de Correggio en Parma para las cúpulas de Sant' Andrea della Valle o la del Duomo de Nápoles.





Lanfranco. Duomo de Nápoles.

Sobre esta lección (especialmente la de Lanfranco), Cortona, retoma el colorido veneciano (a través de un joven Rubens) y ahonda en la visión de sotto in sú (de arriba a abajo) creando grandes aperturas de gloria en los fondos que genera una visión acelerada y emocional
Pietro da Cortona. Palacio Barberini. Roma.






De su ejemplo beberá tanto el padre Pozzo (que hará de la ficción arquitectónica todo un método que terminará generando un tratado) como Baciccia, que unirá a la escultura todos las posibilidades de las yeserías y los estucos, siguiendo la línea marcada por Bernini, Gherardi o Luca Giordano, que irá poniendo las futuras bases de la pintura rococó de Tiépolo





Luca Giordano. Galería Medici-Ricardi. Florencia
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El resultado final de esta técnica ya interpretado en clave rococó

Estos trampatojos (también en arquitecturas) eran un potente medio visual para exponer las ideas a los fieles, un verdadero cine en 3D de la época que arrebata los sentidos (y emociones) del fiel, que se sentía transportado a la propia visión de lo milagroso sin necesidad de explicación alguna.
La técnica necesitaba un amplio conocimiento de geometría para crear las ilusiones de profundidad y colocar a las figuras en sus arquitecturas fingidas, por lo que no nos ha de extrañar que muchos fueran también arquitectos (como Pozzo o Cortona).
Todo está pintado excepto la puerta de abajo a la derecha.
 Santa Susana. Roma

En España el estilo será introducido por Mitelli y Colonna (también decoradores y tramoyistas teatrales) que, traídos por Velázquez (ante la negativa de Cortona), decorarán espacios en el Buen Retiro y el Alcázar, siendo posteriormente sustituidos, tras su muerte, por Luca Giordano, autor sumamente prolífico.


Entre los autores hispanos destacarían Rizi o Carreño de Miranda, que realizarán la espectacular cúpula de San Antonio de los Alemanes o Claudio Coello en la Casa de la Panadería de Madrid
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En el XVIII destacarán los que realizará Palomino para la basílica de los Desamparados en Valencia, que vuelve al sistema de Lanfranco.



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