domingo, 27 de marzo de 2016

LA IGLESIA DE SAN MIGUEL. MADRID (2) LA PORTADA


Si en un post anterior hablábamos de un interior borrominesco, la fachada no se encuentra a la zaga, y resulta verdaderamente singular dentro del barroco madrileño, siempre tan cercano a las formas rectilíneas.


Sólo hace falta observarla desde un costado para ver su enorme avance sobre la calle en una forma convexa plena de fuerza

Su estructura se compone de dos grandes pisos de pilastras de órdenes gigantes y amplísimo friso central coronado por un pequeño cuerpo con frontón que es flanqueado por dos pequeñas torres, ya por completo esquinadas.
Lo estrecho de las calles y la bicromía de los materiales crea un fuerte efecto ascensional que se combina con el ya citado efecto cóncavo, casi expresionista, con un muro que apenas "es contenido en su avance por los elementos clásicos"

Junto a todo esto, nuevos recuerdos de Borromini nos llegan en las ventanas elípticas, el movimiento ondulante del dintel de la puerta, las formas cóncavas de las pilastras o el interacción arquitectura-escultura en sus anticlásicos nichos

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