martes, 15 de marzo de 2016

JOSÉ DE RIBERA. DESDE EL TENEBRISMO A LO VENECIANO Y BOLOÑÉS

En nuestro afán de clasificar, a menudo cometemos incorrecciones. Quizás sea una de las más graves la de analizar a Ribera como un pintor tenebrista que bebe en exclusiva de Caravaggio.

Martirio de San Sebastián

Evidentemente, hay mucho de cierto en esta etiqueta de tenebrista como se puede ver en la foto que abre el artículo o ésta que se expone a continuación.




Sin querer ser exhaustivos valgan algunos de los rasgos típicos del maestro: una luz fuerte, cálida y dirigida que emocionaliza la imagen a la vez que conduce la mirada, el uso de los colores cálidos con esos rojos explosivos (una nueva potenciación sentimental de la imagen), un naturalismo extremo, en especial en lo desagradable, que renuncia a la belleza idealizada...

Sin embargo, junto a este Ribera hay otro (especialmente a partir de 1635) en donde son evidente otras dos grandes corrientes que se unen a su pintura más conocida.
Por una parte, acaso lo más evidente, es el uso de un colorido desconocido para Caravaggio (y en general para gran parte de la pintura española del momento). Tras ellos está el redescubrimiento de lo veneciano (que ya era evidente en la pincelada, que nunca fue caravaggiesca, por cierto, sino mucho más suelta, o el uso de una exquisitez increíble en rostros y gestos) que llegará a su culminación en su Inmaculada de las Agustinas de Monterrey (Salamanca)

Inmaculada de las Agustinas de Monterrey
Traslatio de la Magdalena. (Obra comentada aquí)
A esos colores suntuosos que le acompañaron en su segunda vida (aunque no renunciara, de necesitarlo el tema, al tenebrismo o el realismo más radical, como ya vimos en el Patizambo), Ribera une unas composiciones que beben del clasicismo romano (Carracci, Reni…), sumamente sabias y complejas, tan alejadas de lo español (excepto, una vez más, Velázquez) como cercanas a lo italiano (véase el ejemplo que analizamos de Artemisia Gentileschi) Para darse cuenta de su maravilla sólo basta compararlas con las que ya analizamos de Zurbarán

Sagrada Familia


Fijaros en esta obra y, tras el tenebrismo inicial, veréis una de estas composiciones compleja que, bajo una simetría inicial, esconde varias diagonales que entran y salen del cuadro, creando una rica lectura espacial en la que hasta el fondo potencia la figura del mártir.


 

Para hacerse una idea clara de ambas características de este Ribera menos conocido, valga este extraordinario cuadro sobre San Genaro




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