martes, 8 de marzo de 2016

PACHECO. ALGO MÁS QUE EL SUEGRO Y MAESTRO DE VELÁZQUEZ


Pacheco no pasaría de ser un autor de segunda fila si no hubiera sido el suegro y maestro de Velázquez, aunque tal vez sea este una afirmación excesiva, pues algunos méritos más deberíamos concederle.

Su pintura se encuentra incardinada en el manierismo tardío con ciertos toques de modernidad (en especial tras su viaje a la Corte) como las entonaciones cálidas o un uso cada vez más expresivo de la luz, como pueden verse en sus últimos retratos, a mi juicio lo más interesante de su producción.

Muchos de sus críticos (Pérez Sánchez) hablan del carácter leñoso de sus personajes, como si estuvieran esculpidos en madera, con un dibujo un tanto seco que también evolucionará en sus últimos años, aunque sin poder rivalizar con los nuevos modos de Herrera el Viejo o Roelas.


Más interesante parece su faceta como encarnador (pintor de esculturas religiosas), colaborando activamente con Martínez Montañés. 
En estas escultura abandonó pronto los estofados y utilizó colores naturalistas, adaptándose perfectamente a la escultura para, sin competir con ella, conseguir una mayor expresividad y realismo, especialmente en sus encarnaciones.
Tallado por Martínez Montañés y encarnado por Pacheco

Sin embargo, lo esencial de Pacheco serán sus actividades no exclusivamente pictóricas. 
Sobrino de un canónico de la catedral supo integrarse plenamente en la élite cultural sevillana, relacionándose con poetas, humanistas, eclesiásticos y aristocráticos mecenas con los que llegó a constituir una academia informal que dominó el gusto artístico de la ciudad durante casi un tercio de siglo.

Imbuido en este grupo intelectual se interesó por la tratadística, creando uno de los primeros Manuales de Teoría pictórica hispanos: El arte de la pintura.
Su publicación fue póstuma pero su manuscrito funcionó desde muchos años antes, influyendo a muchos pintores con su teoría del decoro puramente contrarreformista, con gran importancia de los temas iconográficos (Inmaculada, Crucificado...).



Inmaculada de Zurbarán según las indicaciones iconográficas de Pacheco
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Crucificado del mismo autor que también sigue su iconografía

También estuvo trabajando durante toda su vida un interesante libro de retratos de personajes ilustres que dibujaba en busto y escribía una loa.
Libro de retratos. Francisco de Quevedo

En su taller, como ya dijimos, se educó Velázquez, que luego emparentaría con él al casarse con su hija Juana, y unos años más tarde Alonso Cano





















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