jueves, 2 de abril de 2015

PUESTA DE SOL SOBRE EL SENA EN LAVACOURT, EFECTO INVIERNO. MONET


Hace tiempo nos ocupamos del famoso Impresión, sol naciente, que dio nombre al movimiento impresionista.
Sin embargo, y desde un punto de vista más plástico que histórico, este lienzo me parece muy superior al más famoso, siendo mucho más evolucionado y complejo.

En él encontramos todas las características del grupo (pintura al aire libre, importancia de la luz, pincelada suelta, abocetado, encuadre fotográfico, postura antiliteraria...) que ya analizamos aquí.
No vamos a volver a repetir todas ellas y nos vamos a centrar en algunas características singulares de esta obra.
Como en todos los cuadros de estos amaneceres, el juego cromático entre fríos y cálidos es especialmente importante (y verdaderamente moderno), y no sólo en el sol y su reflejo, sino en los múltiples rosas que contrastan con los malvas, verdes y azules, huyendo del negro como un verdadero y férreo programa.

Por otra parte, el encuadre es muy superior a Impresión, al contener la imagen con las dos masas de juncos de los lados (mucho más potente y oscura la derecha) que rompen la simetría del sol y la barca a la vez que aporta una perspectiva mucho más larga y mayores puntos de interés entre los que puede parase la mirada.

En cuanto a las formas resalta especialmente el contrapunto abocetado de la barca y sus personajes, así como el interés que la pintura de Monet pondrá, cada vez más, en los reflejos ondulantes sobre las aguas que llegarán al apoteosis final con sus grandes series de Giberny sobre las ninfeas.


En ellas vemos una caligrafía cada vez más personal y elaborada con pinceladas en coma que, intentando reflejar una situación puramente visual, terminar por fundirse en una composición a punto ya de convertirse en abstracta (como ocurrirá en sus mencionadas Ninfeas).


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