Bajo los cimientos de la piazza Navonna aún se encuentran los restos del estadio de Domiciano.
Construido durante los años 80 tras un incendio que asoló una parte del campo de Marte, no se trataba realmente de un circo (pues no tenía ni spina ni carceres), pues no se dedicaba a la carrera de cuadrigas sino a las carreras a pie, luchas grecorromanas (como el pancracio o el pugilato) o el pentatlón (el lanzamiento de disco y de jabalina, el salto de longitud, la carrera del estadio, la lucha).
Un estadio a la manera griega, para crear una imitación de los juegos olímpicos: el Certamen Capitolino Iovi en honor de Júpiter Óptimo Máximo en donde el emperador mismo vestía una toga purpúrea y llevaba una corona dorada con la efigie de Júpiter, Juno y Minerva.
Un lugar poco apreciado por la plebe romana que buscaba espectáculos más vibrantes, que hablaban de filohelenismo del emperador (frente al carácter más romano de su hermano Tito o su padre Vespasiano)
Su arquitectura exterior seguía las ideas de arco y columna en pisos con órdenes alternados, como el Coliseo o el teatro Marcello.
En el interior tenía unas gradas sustentadas por grandes machones de piedra y cemento entre las cuales se abrían los pasillos para las circulaciones interiores.







