jueves, 17 de septiembre de 2015

PRAXÍTELES. APOLO SAURÓCTONO. LA INVENCIÓN DE LA CURVA PRAXITELIANA


Dice Blanco Frejeiro que fue esta obra en donde Praxíteles inauguró la curva praxiteliana que tan larga vida ha tenido en la historia del arte.
En el fondo esta técnica es una evolución del contraposto de Policleto que desequilibra la figura (aunque como es lógico en el periodo clásico, sosteniéndose aún de forma autónoma). Con el cambio de pesos, la cedera comenzaba a desplazarse (contrabalanceando el torso) para salirse de la rigidez anterior y (Blanco Frejeiro) y dar paso a toda una serie de movimientos articulares (rodillas, codos, caderas, hombros...) que convierten el cuerpo humano en un complejo mecanismo de fuerzas físicas en equilibrio.
Policleto. Discóforo

Sobre esta base, Praxíteles irá un paso más allá y convertirá estas interacciones de movimientos en una elasticidad mucho menos ósea y mucho más muscular.

Su cuerpo se convertirá en una onda en donde el movimiento fluye ya sin ningún tipo de obstáculo ni bloqueo (aún claramente marcados en Policleto, que prefiere marcar las distintas "individualidades" de la anatomía humana).
El espectador se ve así obligado a recorrer la escultura como un fluido continuo, casi de agua, en donde apenas conseguirá conseguir un descanso.
Este movimiento crea, además, una nueva forma de entender los perfiles. Sólo hace falta girar la escultura y observarla de espaldas para, ya sin ser distraídos por los detalles, dejarnos acariciar por esa amplia S de su cuerpo

En contraposición, este continuo movimiento llega a inclinar de tal manera a la figura que ésta necesitará de un apoyo externo. Es la aparición del grupo (aunque por ahora solo de hombre y árbol) que tanto será explotado por el mundo helenístico (como el famoso Laocoonte).
Praxíteles, consciente del nuevo fenómeno, aprovecha esta novedad para cambiar la relación de la figura. Pues ésta ya no es un objeto puesto, sin censura alguna, ante la mirada del espectador (como aún sería el discóbolo), sino que crea su lugar y anécdota propia. La cabeza levemente girada del Apolo genera así UNA MIRADA hacia el lagarto que sube por el tronco. 

UNA MIRADA que crea un ámbito propio, casi como una cápsula, que la aísla frente al espectador. Dentro de la obra ya está sucediendo una historia (por muy nimia que sea, algo tan característico del autor) de la que es excluido el espectador que ya no sólo encuentra una idea sino una narración.

Por si todo esto fuera poco, la colocación del brazo (que supuestamente sostendría una flecha que apuntaría al lagarto, recordando así, y no solamente en la postura, al famoso ángel del Éxtasis de Santa Teresa de Bernini), crea una forma cóncava (potenciada aún más por la posición del brazo contrario) que genera a su vez un espacio propio para la escultura. 

Este espacio tampoco es desaprovechado por el autor y, si miramos la escultura de lado, veremos como se ha perdido el plano único del momento clásico para crear un plano inclinado con ella. Se anuncian así las conquistas del espacio verdaderamente tridimencional de Lisipo (aquí ya lo tratamos en su obra de referencia, el Apoxiomenos)

Como puede verse Praxíteles, sin apenas darnos cuenta, revoluciona la escultura clásica a la vez que le añade sus "firmas de estilo" que ya analizamos con más extensión aquí, como la anatomía andrógina generada por el especial tratamiento de la musculatura (mucho más blanda que la de Policleto), su canon más esbelto o los gestos suavemente melancólicos



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