jueves, 22 de enero de 2015

BRAMANTE. SANTA MARÍA DE LA GRAZIE


Se trata de la obra madura de su periodo lombardo, ya plenamente cinquecentista.
La obra se realiza en una iglesia ya existentente que Ludovico Sforza decide reformar para convertirla en el panteón de la familia en el poder.
Para ello se conservan las naves (típicamente mendicantes y relacionadas con el mundo del gótico mediterráneo) para reformar por completo la cabecera.



Para ello (e igual que en Santa María presso San Sátiro o el claustro de San Ambrosio), Bramante vuelve al magisterio de Brunelleschi (en este caso a la Capilla Pazzi con sugerencias de la Sacristía de San Lorenzo), creando un gran espacio centralizado (la propia cúpula) unido a tres formas absidales (con la central precedida por un tramo recto). Con ello consigue, como plantea Bruschi, "una dilatación del espacio que supera lo propiamente centralizado"


Para la creación de éste recurre a la pilastra y el arco de medio punto como forma de esqueleto (tanto estructural como visual), que "sujetan el empuje del muro" y generan el intercolumnio necesario para crear (y demostrar al espectador) la armonía musical tan cara al mundo renacentista. 

Sin embargo, la fórmula es mucho más compleja en lo visual que el propio modelo Brunelleschiano, del que elimina su bicromía y añade la policromía que luego veremos para alcanzar la síntesis racional-emocional que separa el Cinquecento del anterior Quattrocento)


Sobre ellos se alza una cubierta compleja, de cúpula en la zona central, una vaída (puramente decorativa) en el ábside y de bóveda de horno en los ábsides laterales.

Una pluralidad de soluciones que insisten en el círculo como forma perfecta (y vinculada desde antiguo con el Panteón de Agripa, con lo funerario) y utiliza el óculo (un motivo recurrente en la arquitectura lombarda) para unificar toda la obra (en la propia cúpula, en el tramo del ábside simplemente señalados, en la decoración de los grandes arcos...)
La decoración (probablemente) no sea totalmente bramatesca y en ella debió participar Amadeo. Sin embargo, lo exquisito de sus mármoles que juegan con motivos geométricos (especialmente los círculos radiados de los arcos, la sucesión de óculos que marcan el inicio de los nervios de la cúpula o el juego en perspectiva de los casetones), da una verdadera visión romana de la arquitectura (véase de nuevo el Panteón de Agripa) y juegan a dotar a la arquitectura de una piel que, respetando los espacios, crea efectos ilusionistas a los que Bramante (piénsese en Santa María presso San Sátiro o al Belvedere del Vaticano) era tan aficionado.

Según Bruschi, una de las grandes aportaciones de la obra es el uso de la luz, difuso gracias a sus óculos en la cúpula, "que renuncia a la nitidez florentina en beneficio de unos valores que casi emulan la espacialidad vapororosa y expansiva de la Santa Sofía bizantina"

Exteriormente, los volúmenes se muestran claros y rotundos como una forma de propaganda de la dinastía Sforza, elevándose majestuosamente.
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(Por cierto, dice la leyenda que la forma de los panettonne milaneses se deben a esta cúpula, cuando Leonardo intentó recrearla en sus invenciones culinarias creando una verdadera cúpula dulce)

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