domingo, 25 de enero de 2015

FILARETE. EL HOSPITAL MAYOR DE MILÁN


Curiosamente, aún hoy, pesan los prejuicios que se generaron en el siglo XV. Filarete es un ejemplo perfecto.
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Este escultor y arquitecto se formó en Florencia, viajó a Roma y Venecia,  y se terminó por establecer en el Milán de Francisco Sforza, aún una corte humanista periférica que no conseguiría su grandeza artística hasta su sucesor, Ludovico el Moro (para el que trabajarían Bramante, Leonardo o Luca Pacioli).

Bajo el mecenazgo del primer Sforza, Filarete trabajó como arquitecto y urbanista, reformando el Castillo Sforzesco, planteando soluciones para el inacabado cimborrio del Duomo o la catedral de Bérgamo.

Torre del Castillo Sforzesco. Milán

Sin embargo su gran obra será el Hospital Mayor de la ciudad, un verdadero avance sobre los edificios de esta tipología que tendrá enormes repercusiones, especialmente en la España de los Reyes Católicos, que la tomaron como modelo para sus hospitales de Toledo, Granada...
El edificio, de enormes dimensiones, se planteó como una forma de propaganda (como hará los Reyes Católicos) del nuevo Sforza que se muestra "inusualmente generoso" frente al pueblo llano, creando una institución sanitaria (que terminaría por llamarse la Casa Grande de los milaneses) abierta a todas las clases (e incluso a los extranjeros), incluyendo en ella novedades higiénicas.

Proyecto original de Filarete

Para ello Filarete organizó una estructura doble compuesta por dos patios laterales con un crucero interior (uno para hombres, otro para mujeres) organizados en torno a un patio central, verdadero eje de la composición (en su origen, en el centro de este patio se encontraría una iglesia de planta centralizada)

Estos patios laterales, al incluir la forma en crucero, generaban otros cuatro pequeños patios, todos ellos porticados y en cuyo centro se instalaban aljibes, salas aisladas para cadáveres, cementerios...

Interior del crucero
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Como veis, hasta aquí una obra rigurosamente renacentista tanto en intenciones como en planteamientos racionales, regularizada y basada en una estricta geometría.


Sin embargo, el resultado final (que hoy podemos volver a visitar gracias a la instalación de la universidad en ella) no se muestra tan renacentista. Dos aspectos influirán en ello.
Por una parte, la propia magnitud del proyecto (más típica de una gran monarquía que de un pequeño ducado) hizo que la construcción se alargara indefinidamente en el tiempo, consiguiendo realizar en vida tan sólo uno de los patios con crucero (el patio central ya se realizará a mediados del XVI en estilo manierista, mientras que el otro patio de crucero será todavía posterior).

 Patio central, ya en estilo manierista

Por otra, pese a las intenciones renacentista de Filarete, los distintos maestros de obras del hospital mantienen aún formas goticistas o al menos puramente lombardas (uso del ladrillo, en muchas ocasiones de forma ornamental, y la policromía).

Todo ello produce un conjunto heterogéneo en donde los gótico y lo renacentista conviven, alejado del rigor y la "estricta antigüedad" florentina.


Éste motivo, junto a una gran dosis de chauvinismo florentino, hará que Vasari (el gran tratadista del Renacimiento que estableció las ideas básicas que aún hoy manejamos) minusvalorara la importancia de Filarete y su Ospedale en su famoso libro, Vite, dejando al artista en una segunda fila que aún nosotros hoy conservamos.

Pese a ello la obra es verdaderamente magna, como también lo fue su tratado de arquitectura en la que Filarete planteó una ciudad ideal (una costumbre tan típicamente renacentista) que denominó Sforzinda
Una recopilación de formas centralizadas (círculo del foso, estrella de las murallas) que comunican el exterior a través de una serie de canales navegables (típicos ya del Milán medieval) y caminos radiales hacia un centro compuesto por una gran ágora.
Todo regido por la geometría y complejos cálculos astronómicos


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