miércoles, 6 de mayo de 2015

EL ARTE MINIMAL. UNA INTRODUCCIÓN


Dan Flavin y Sol LeWitt

En los años 60, coetáneo al arte pop y conceptual (con el que comparte algunas características como la seriación o la artificiosidad y gusto por los nuevos materiales) una serie de artistas reaccionaron contra el subjetivismo, improvisación, espontaneidad y automatismo del expresionismo abstracto (Pollock, Rothko) que se había desarrollado en los años 50.
Frente a ello, partían de la idea (compartida tanto por Mondrian como por Duchamp en sus ready made) de un arte puramente racional en donde la verdadera práctica artística se desarrolla en el mundo de las ideas (un verdadero neoplatonismo), siendo la realización concreta un puro colorario de lo anterior (en realidad, esta idea ya se encuentra sumamente desarrollada en el arte conceptual, como pudimos ver ya en Konsuht)
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Morris

Sus líneas de acción eran "la claridad, rigor conceptual, literalidad y simplicidad", creando una ABC o arte mínimo en donde los sentimientos fueran eliminados en beneficio de la máxima inmediatez perceptiva gracias a las formas geométricas, simples y unitarias, en donde el individuo se pliega a la serie, importando sobre todo las relaciones ordenadas que ponen de manifiesto un módulo que sirve para la seriación.

Donald Jund

Junto a ello, y en la misma idea de eliminar cualquier rasgo de emoción o subjetividad, estos artistas minimales apuestan por los materiales industriales e, incluso, se niegan a intervenir en el proceso manual de realización, encargando las obras incluso por teléfono (una nueva relación con el arte conceptual con el que tantas relaciones guarda este estilo, pese a encontrarse en ideas contrarias sobre la estética)

Su apuesta era sumamente radical por su falta de cualquier tipo de ilusionismo y narratividad que dejaba casi por completo desamparado al espectador que no sabía qué mirar. Era tal la sencillez que se le exigía a la mirada que el cerebro se rebelaba contra ello.

Sol LeWitt

Por otra parte, el arte minimal, por sus propia insistencia en las formas simplificadas, dejaba poco margen a la evolución del estilo, creando obras que se repetían una y otra vez con sutiles diferencias (tamaños, color...).
Frente a estos inconvenientes, el arte minimal ha tenido una importancia capital en el desarrollo del arte contemporáneo.
Por una parte, y como ya hemos señalado, muchas de sus técnicas influyeron decisivamente en prácticas coetáneas como el arte conceptual, el land art o el pop art o actuales.
Por otra su influencia se extendió al diseño industrial, arquitectura o diseños de interiores, marcando toda una época que llegó a su momento álgido en los 80 (en realidad, mucho de nuestros muebles modulares sistema Ikea siguen los patrones definidos por el arte minimal).
Donald Jund

Por último, y pese a todos sus intentos, el arte minimal no logró borrar el carácter espiritual (entendido como antónimo de lo puramente fenomenológico), y un paseo por una exposición minimal aún hoy es toda una excursión por lugares extraños, lleno de complejas sensaciones (desde las más simples, como la pura horizontalidad o verticalidad, como las que genera en su entorno - con un poderoso influjo en la concepción del espacio cenestésico -, la reaparición de la pared o el suelo como un elemento condicionado por la obra de arte que nos obliga a tomar en consideración estos elementos, habitualmente mudos e invisibles...).
Muchas de estas ideas (especialmente las cenestésicas y espaciales) serán reinterpretadas en el llamado posminimalismo como podéis en esta obra de Morris.

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