lunes, 24 de agosto de 2015

Mujer en el baño. Lichtenstein


El arte pop, como ya vimos en el caso de Hamilton o Warhol, es toda una reacción frente el informalismo anterior
Se reacciona a la subjetividad, buscando sus modelos en el exterior del yo.
Se rompe con la abstracción deificando el objeto
Incluso se reafirma el maquinismo y la objetividad en los propios medios pictóricos.
Pero quizás no sea todo tan sencillo.

En este caso que analizamos el mundo se ve a través del filtro (totalmente edulcorado y carente de sentimientos profundos) del cómic, aislando sus figuras y agrandándola hasta convertirla en un verdadero icono.
Bajo su aparente frialdad Lichtenstein entra así en un mundo hedonista en donde no existe la tragedia, convirtiendo a la mujer (creo, espero, que irónicamente) en un objeto de consumo más, el del deseo de un erotismo un tanto distanciado.
Es el triunfo de la sociedad de consumo de los 50-60; toda una imagen de felicidad sin problemas que proporciona el capitalismo (una de las tantas maneras que se utilizaron en la guerra Fría como forma de propaganda)

Como colofón, la técnica empleada (los puntos bendei, aquellos que utilizaba la fotografía analógica para crear las imágenes) reafirma este distanciamiento del ego, del gesto que cultivara Pollock, e introduce al espectador como un mero receptor de imágenes (o, acaso, en el pop todo es irónico y contradictorio, anticipando así el espíritu posmoderno, le avisa de la propia falsedad de las imágenes por el simple procedimiento de agradarlas hasta descubrir sus trucos).

Todo parece pura fotografía que, sin embargo, está pacientemente pintada en donde el detalle se convierte, de nuevo, en pura abstracción

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