jueves, 11 de mayo de 2017

EL PRIMER SICILIA. AÑOS 80


José María Sicilia es, y con honores, uno de nuestros mejores artistas vivos, tan sólo a la altura de Barceló.
Igual que él su pintura comienza a conocerse durante la década de los ochenta, íntimamente relacionada con el neoexpresionismo que surge en Alemania (Jóvenes Salvajes).
Igual que ellos recupera la figuración, aunque con premisas pictóricas o, lo que es lo mismo, tan sólo parece que la recupera a los ojos del observador poco atento, pues en el fondo sigue practicando una fuerte abstracción expresionista.
Valga este ejemplo que conserva el Museo Municipal de Arte Contemporáneo de Madrid en donde queremos ver la puerta de Alcalá, aunque sólo lo hacemos por puros hábitos perceptivos.
El pintor (como hace tan habitualmente Barceló) nos propone que veamos este icono urbano a la vez que nos habla de la falsedad de nuestra mirada.

Con un acento típicamente posmoderno, sólo hará falta que nos acerquemos para ver la pintura en bruto (como decíamos, a la manera del último Picasso), por lo demás impura (llena de tierras y otros elementos entre los pigmentos), y disfrutar del trazo expresivo, de la pura felicidad del color extendido por el lienzo.
Unos tonos claros que terminarán por ser su verdadera firma, como sus famosas flores blancas confirmarán

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