lunes, 17 de febrero de 2014

DOS RETRATOS ECUESTRES DE GIAMBOLONIA PARA LOS MEDICI


Como ya hicieran Ucello y Castagno para la Signoria, Donatello con su Gatamelata o Verrochio con su Colleoni, el Renacimiento había restaurado la modalidad de retrato ecuestre como signo de poder.

Su origen se encontraba en el Marco Aurelio romano que ya analizamos, aunque durante toda la Edad Media nunca había llegado a desaparecer por completo, como las esculturas de los Scaligiere en Verona o Federico deFlogliano de Simone Martini.

Asociado con la idea de trono portátil, de símbolo de guerra, los Medicis del XVI los utilizaron con una forma pública de exaltación de su poder.
Giambolonia (que trabajó junto a su discípulo Pietro Tacca, encargado de finalizar las obras tras la muerte del maestro) suavizó los excesos de su manierismo (basta compararlo con su famoso Rapto de las sabinas) por su función didáctica, creando modelos elegantes y sofisticados desde el Gattamelata de Donatello.

De pose magnánima, con la vara de poder en la mano y el caballo andando en un suave avance, las cabezas se giran y miran con dignidad al horizonte, creando juegos de contraposto entre jinete y caballo, contraponiendo la idealización de los rostros con el realismo que lucen sus caballos

Ambos fundidos en bronce (Fernando I y Cosme I) por Tacca, y con elaborados pedestales, fueron los modelos en los que se inspirara el Felipe III de Madrid (también realizado en colaboración), siendo el Felipe IV (íntegro de Tacca) todo un salto al vacío que nos conducirá al barroco pleno, ya mucho más cercano al futuro Constantino de Bernini.

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