martes, 18 de febrero de 2014

MIRÓ Y SUS PINTURAS SALVAJES. Hombre y mujer sobre un montón de excrementos






 "Yo tenía una sensación subconsciente de amenaza de desastre. Algo así como el dolor en las extremidades y el sofoco y ahogo un poco antes de que caiga la lluvia. Era más una sensación corporal que una percepción intelectual. Presentía una catástrofe, que acontecería pronto, pero no sabía cuál: era la Guerra Civil española y la Segunda Guerra Mundial..."
(Miró)

Muy a menudo a Miró (al que ya empezamos a analizar aquí) lo solemos asociar con lo infantil y leve, lúdico, festivo.
Siendo cierto esto, no lo es del todo, y a lo largo de su obra podemos encontrar etapas profundamente dolorosas y expresivas.
Quizás la de mayor desarraigo sea la de sus pinturas salvajes (1933-1938)   a la que pertenece este cuadro.
La situación en Europa es terrible (ascenso de los fascismo, stalinismo, consecuencias del crac del 29), y al igual que ocurre con Dalí (Triste presagios) o Picasso (ésta es la época de sus metamorfosis que culminarán en el Guernica y su serie de Mujeres llorando), muchos artistas sufren en su obra un acusado expresionismo que empieza a despedazar los cuerpos, deformándolos como muy pronto haría primero la Guerra Civil Española y más tarde la Segunda Guerra Mundial. (El sueño de la razón produce monstruos, como diría Goya).

Mujer llorando, Picasso

Miró ya había empezado a utilizar a principios de los 30 materiales agresivos (papel de lija) y ahora retorna a una pintura en donde todo pierde su armonía anterior para convertirse en un aviso, una voz de alarma.
Llaman especialmente, además de la deformación, el uso de colores de una tremenda agresividad, sumamente ácidos (parecen un limón metido en la boca, sin apenas respirar).
Son monstruos feroces a la vez que grotescos en donde se usan los tabúes (lo escatológico del título, la desproporción y agresividad de los órganos sexuales...) para incomodar al espectador.

Esto ya no es un juego, es el dolor, presente y futuro
Punyet Miró los ha puesto en relación con los Caprichos goyescos, mientras Penrose habla de un cinismo y humor negro o Fitz-Simmons relaciona con la potencia mágica de los temas primitivos

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