martes, 16 de junio de 2015

GUSTAVO TORNER Y EL MONUMENTO A LA CONSTITUCIÓN. CUENCA


Junto al Grupo El Paso (Millares, Canogar, Feito o Saura) o Dau al Set (Cuixart, Tàpies, Guinovart), el Grupo de Cuenca (Zóbel, Rueda y Torner) fue uno de los grandes renovadores estéticos del panorama artístico del franquismo.
Frente a la intensidad informalista del Paso o poética de Dau al Set, tanto Torner como Rueda han sido mucho más permeables a las corrientes internacionales, jugando en su obra tanto con las técnicas informalistas como con las más puramente minimalistas.
Precisamente este monumento a la Constitución de Cuenca, hay una fuerte influencia del mundo minimal, tanto en sus materiales (acero) como en sus formas (geométricas), e incluso posminimalistas (la idea de tensión y peso).
Sin embargo, la obra de Torner renuncia por completo a la pura materialidad minimalista (su idea de presentación, eliminando cualquier tipo de narrativa o comentario acerca de la realidad) y en su obra siempre late un profundo humanismo y una necesidad de comunicación.
Esto ya se produce en su interés por titular las obras, más aún en éstas de carácter público y simbólico.

Monumento a la Constitución. Un cubo suspendido en el aire por medio de unos cables que enlazan dos grandes U inclinadas en sentidos contrarios. ¿No parece relevante la propia descripción? Fuerzas contrarias (como fueran los partidos políticos del momento) que consiguen mantener en equilibrio un cubo estricto, pulido, en perfecto equilibrio (que habría de ser nuestra actual Constitución que superara los antagonismos y partidismos anteriores, desde las Constituciones decimonónicas al puro enfrentamiento civil del 36). Un mundo casi platónico que se eleva sobre un pedestal de cemento encofrado, rugoso y escasamente estético, como nuestra historia pasada.

Por otra parte, si observamos con un poco de atención la obra nos daremos cuenta que algunos de los cables de acero verdaderamente no sustentan la caja pulida. Al contrario, parecería que con estos cables se estableciera una pirámide que cobijara la parte parte inferior. Una Constitución en equilibrio que se proyecta como la figura básica (como tan bien sabían los renacentistas) y estable por excelencia: la pirámide. Su equilibrio equilibra al resto.

Aún más. El monumento se alza en un altísimo podio, aquel de cemento del que hablábamos, alzándose así del suelo para una contemplación a distancia que gana ascensionalidad según nos acercamos, convirtiéndose en una verdadera proyección sobre el cielo, casi como un deseo, un anhelo más futuro que presente (Fue inaugurado en 1986).

Ahora, treinta años después, ¿podría haber realizado esta obra Torner? ¿El equilibrio que planteaba sigue siendo tal o puro interés estratégico entre los grandes partidos "de la casta" para seguir sobreviviendo, como diría Podemos? ¿La Caja seguiría siendo sustentada o, por el contrario, estaría raptada por lasa diversas ideologías para la defensa de sus ideas propias? ¿Sigue siendo verdad esa pirámide que estabiliza o se ha convertido, la Constitución, en un instrumento de agresión, como opinan los sectores catalanistas? ¿De verdad que sigue siendo un anhelo hacia el cielo o un entorpecimiento para el desarrollo futuro?
Lástima que Torner no pueda ya respondernos con nuevas obras a estas preguntas.

Lo único cierto es que resulta terrible encontrarse este monumento en medio de la desolación de unas ruinas que llevan décadas sin restaurarse, en medio de lo que fue la historia de Cuenca (el barrio musulmán y luego judío), ¿simple casualidad la de olvidar la historia?























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